miércoles, 28 de septiembre de 2016

Democracia entre Estados

Hay casos en los que es difícil sustraerse a la impresión de que la democracia (gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, y bajo el imperio de la ley) se aplica "hacia abajo", pero no "hacia arriba". Quiero decir que a medida que subimos por la escala del poder, los supuestos ideales democráticos se van desdibujando, desaparece el principio "una persona, un voto" y entran en tromba los trucos sucios, las trampas, las mentiras y los "amagar y no dar", amén de operaciones distractivas para evitar que el voto funcione de forma igualitaria. Libertad, tal vez; igualdad, poquita; fraternidad, para nada: competencia del todo vale.
No creo estar exagerando. Basta leer esta crónica de The Guardian para ver hasta qué punto la elección del secretario general de Naciones Unidas tiene algo que ver con la democracia esa de los "valores occidentales". Votan gobiernos y, supongo, que algunos de ellos ya han sido "tocados" por la mano del Altísimo y representan no a sus electores (que ni se enteran de qué va el asunto) sino a sus aliados naturales, sean quienes sean.
Seguro que no hay un solo twit al respecto ni que el asunto se convierta viral en las redes. Hay cosas mucho más importantes que discutir, como la boda de no-sé-quién con no-sé-quién, el fichaje de no-sé-qué-más por no-sé-cuál y las peleas de patio de vecinas (llegando a tirarse de los pelos) entre "compañeros de partido" que más bien habría que llamar "enemigos de partido". Además, es un asunto complejo que no permite ser resumido en 140 caracteres que sí permiten banalidades, insolencias, "paridas" y "gracietas" de las que, después, los otros medios se hacen eco, sobre todo con los "trending topics", aunque para banalidades, insolencias, "paridas" y "gracietas", este comentario del ministro de asuntos exteriores británico intentando reconstuir puentes diplomáticos con Turquía. Merecería un twit.
Hay una situación extrema: cuando un gobierno decide democratizar a otro, cosa muy propia de países "occidentales" con democracias de dudosa calidad, pero que se sienten llamados por Dios para que instauren democracias donde les interese. No van a instaurar la democracia en Arabia Saudita (gobierno de una familia bajo principios teocráticos), pero sí lo intentaron en Libia, aunque ahora dicen (y me parece verosímil, aunque no he leído el correo en cuestión) que
[L]os correos electrónicos de Hillary Clinton, posteriormente revelados, demuestran cuál fue el verdadero objetivo de la guerra contra Libia: impedir el proyecto de creación de organismos financieros autónomos de la Unión Africana y de una moneda africana alternativa al dólar y al franco CFA, que Kadhafi pensaba concretar gracias a los multimillonarios fondos soberanos de Libia.
Imperio de la ley, se llama. 

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