lunes, 5 de septiembre de 2016

Autocrítica de la izquierda

La fuente no es muy sospechosa. Se trata de Marta Harnecker, que fue discípula de Althuser, y de trayectoria izquierdista partiendo de la Acción Católica. El párrafo que me ha impresionado es este:
“La gente ve que nuestra vida no tiene coherencia con nuestro discurso. Estamos difundiendo un proyecto democrático y somos autoritarios, un proyecto solidario y somos egoístas. La gente ve palabras iguales, actos iguales, clientelismo, carrerismo -o sea, peleas por los puestos- tanto en la izquierda como en la derecha y aumenta su escepticismo y eso le conviene a la derecha. Además, existe un gran escepticismo por la política y los políticos porque, primero, la derecha se ha apropiado de nuestro lenguaje desde hace varios años. Hoy es mucho peor: escuché a Macri cuando se presentó como candidato y era hasta potable. Y por nuestro lado, cuando nos critican o atacan, nos defendemos señalando el imperialismo, que existe por supuesto, pero además de eso tenemos nuestras fallas y no las mencionamos”.
Y me ha impresionado porque puede aplicarse a muchos contextos no solo latinoamericanos.
Primero, desfase, en los políticos, entre lo que se dice y lo que se hace como si los ciudadanos fuesen o sordos o ciegos o ambas cosas a la vez. 
Segundo, descrédito de la política (escepticismo dice ella). Es epidemia a la que ya me he referido aquí en otras ocasiones. Gobernantes que reciben suspensos en el examen a los que se les somete en las encuestas (estoy intentando recordar alguno que dé resultados positivos pero no consigo pensar en uno solo, Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Rusia... Y vaya usted a saber qué sucede en las dictaduras)
Tercero, ahora todos son progresistas en el lenguaje. Incluso socialdemócratas. El caso español es paradigmático.
Y cuarto, la tendencia a encontrar chivos expiatorios para minimizar o incluso ocultar los propios errores. El caso del "imperio" en Venezuela es casi extremo. No hay autocrítica que valga: la culpa la tienen otros.
Lo peor, en mi opinión, no es solo el carácter epidémico de estos comportamientos, es decir, que se encuentren en muchos países a la vez, sino el carácter trans-ideológico ya que esta autocrítica desde una izquierda incluye elementos que se pueden aplicar sin ningún tipo de tergiversación a las derechas realmente existentes.

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