sábado, 13 de agosto de 2016

Riesgo de fascismo

Hace diez años publiqué un librito sobre la democracia en los Estados Unidos. Incluía un capítulo sobre el riesgo de fascismo que aquejaba al país y puede verse aquí. Con la que está cayendo, lógico que me plantee hasta qué punto aquello tenía sentido, sobre todo viendo las perspectivas políticas de esta Europa democrática, culta, limpia, libre y feliz. Vuelvo, para ello, a la lista de indicadores que, mucho antes, publicó Umberto Eco y al que me referí hace un par de días. Reproduzco su lista con su numeración y añado a las  cursivas que tomo de su texto mis propios comentarios. 
1. Culto a la tradición. No parece que esté muy difundido, pero las exaltaciones de "nuestra identidad" y "nuestros valores" frente a la amenaza de inmigrantes y refugiados tiene que sonar a dicho culto. En ambos lados del Atlántico.
2. Rechazo del "modernismo" que se concreta en un relativo irracionalismo. El recurso a los sentimientos por encima del raciocinio entraría en este capítulo, sobre todo en su variante nacionalista reducida por sus adeptos a eso, a un sentimiento. El "Brexit" ha podido ser un caso de este punto: sentimientos que se han visto enfrentados a las consecuencias objetivas de seguirlos sin mayor reflexión.
3. Acción por la acción. No encuentro ejemplos.
4. Rechazo del desacuerdo, es decir, de someter las propias proposiciones a la crítica analítica o a la cultura científica que es, precisamente, eso: desacuerdo, ya que sus verdades son provisionales. El fascismo no lo contempla: todos estamos de acuerdo y debemos estarlo.
5. Miedo a la diferencia. Relacionado con el punto 1 y el 4, se rechaza al que tiene otra religión, otras costumbres, otra "tradición". Xenofobia sería una palabra más apropiada y son evidentes los movimientos y partidos xenófobos a ambos lados del Atlántico.
6. Recurso a la clase media frustrada. Es todavía más evidente. La frustración genera agresividad y el fascismo proporciona objetos sobre los que descargarla. Tiene que ver con el aumento de la desigualdad y con el miedo de esa clase media a caer en la pobreza.
7. Obsesión con las conspiraciones. A ser posible, internacionales, pero las domésticas también sirven. Sobre todo para despistar la atención cuando se es criticado por ejemplo por corruptelas, por pequeñas que sean. Complots, conjuras, campañas orquestadas forman parte de la retórica de casi todos los partidos. Trump comienza a pensar que hay una conspiración para quitarle la victoria electoral , por lo menos en Pensilvania.
8. Desasosiego con la riqueza y fuerza de sus enemigos. No es el caso de Trump ni tampoco se me ocurren otros ejemplos. A lo más, puede producir desasosiego su riqueza y la de Clinton, aunque solo de esta conozcamos su declaración de renta. De todas formas, algunos discursos sobre el "imperio" van en esa dirección.
9. Ya que la vida es guerra permanente, el pacifismo es visto como una forma de rendirse ante el enemigo. Muy frecuente. Por ejemplo, intentar entender el problema yihadista es visto como una forma de legitimarlo. Nada de componendas, negociaciones, resolución de conflictos: guerra.
10. "Elitismo popular", es decir, "somos los mejores" y podemos despreciar al débil, dada nuestra evidente fortaleza. Epidemia en los Estados Unidos, pero tentación subrepticia para muchos europeos.
11. Se educa para ser héroe. No lo tengo claro. Ni siquiera sé si se educa.
12. Machismo, es decir, desdén hacia las mujeres y rechazo de hábitos no convencionales como la castidad o la homosexualidad. Otra epidemia.
13. Populismo selectivo que considera al Pueblo como una entidad monolítica que expresa la Voluntad Común que es el que tiene derechos (colectivos), no los individuos. Algunos nacionalismos van en esta dirección, pero no suelen aplicar el corolario fascista, a saber, el rechazo a los gobiernos parlamentarios "podridos". ¿O sí?
14. Neolengua orwelliana. Nuevas palabras y expresiones para justificar las propias acciones. O prohibición de otras.
Hago explícito lo implícito: se ha hablado del posible rasgo fascista o neofascista de Trump, pero insisto en lo que parece estar en el ambiente europeo. No acaba de ser manifiesto, pero sí parece latente, por debajo de retóricas de derechas e izquierdas (no se olvide, y Eco lo recuerda, el origen izquierdista de los fascistas italianos clásicos, los de Mussolini, y la educación fascista que tuvieron los que después serían líderes de la izquierda italiana). Tiempos interesantes.

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