lunes, 29 de agosto de 2016

La guerra llega a casa

Me preguntan si, como se dice en algún libro al que volveré en un par de semanas, la violencia está disminuyendo en el mundo, cosa constatable si se toman los datos con suficiente perspectiva temporal. Hemos hablado por teléfono al respecto el periodista y yo. Mi punto es que las series temporales se han roto. Si tomamos las definiciones habituales de "guerra" y "muertes causadas por la guerra", es posible que el descenso sea constatable. Ya no lo es tanto si lo que cuantificamos son ataques terroristas y muertos causados por tales ataques. Ahí es innegable que, en lo que va de siglo, la cosa ha empeorado. Como digo, volveré con los datos en un par de semanas. Tiempo al tiempo.
Hay, de todos modos, un asunto que me da que pensar y es que los actos violentos "clásicos" han sido sustituidos por otros, no necesariamente letales. Pienso, por ejemplo, en el bloqueo del Parlamento Catalán que se produjo en 2011. No son casos aislados y es cierto que a dicho descontento, frustración y agresividad se le han dado posteriormente nuevos cauces para expresarse de forma no-violenta. Electoralmente, por ejemplo (la alcaldesa de Barcelona es un ejemplo) y se han encontrado medios distractivos como el independentismo en el que "todos somos una nación" y no hay enfrentamientos dentro de una entidad tan fraternal como es la nación en la que "Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús", es decir, sois uno en la nación (Gálatas 3:20-29).
El truco nacionalista no es el más preocupante a pesar del riesgo violento que siempre ha tenido el choque entre nacionalismos, ambos convencidos de ser los "verdaderos". El más preocupante, en mi opinión, es el de la "guerra" civil actual dentro de los Estados Unidos. No se le puede llamar "guerra" en sentido estricto, aunque ya se habla del "enemigo", pero los "grupos de odio" han entrado en una dinámica de acción-reacción (tú matas a un negro, yo mato a un policía que mata a un negro que matan a un policía) que no encaja con la "lucha de clases" ni con la palabra "guerra" (y menos de "clases" en el sentido clásico de la palabra). Algo está cambiando y habría que prestar la atención que merece a estos movimientos por la justicia social (palabrita que, por cierto, encuentro después de los muchos años que me separan de mi adolescencia). Esta guera es, sí, un arma cargada de futuro y no es precisamente poesía.
(Añadido el 11 de septiembre nada menos: la barbarie, según cuenta Juan Torres en su blog, también está presente, y tanto, en las redes sociales)

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