viernes, 19 de agosto de 2016

El impasse español

En el Financial Times había una sucinta narración de los hechos (hace falta suscripción). Dos elecciones generales en lo que va de año y unas posibles terceras próximamente. Un detalle para los españoles masoquistas: los 240 y pico días que el gobierno está en funciones son muy pocos comparados con los 500 que estuvo Bélgica sin gobierno entre 2010 y 2011.
El periódico insinúa que la táctica del Partido Popular en el gobierno en funciones es la de provocar esas terceras elecciones de modo que no aparezcan como responsables de las mismas y con la esperanza de mejorar todavía más su 33 por ciento del voto obtenido en las últimas. No lo sé. Es posible, sobre todo si los votos obtenidos por el PP se repiten mientras aumenta la abstención. Pero creo que se volvería a plantear la dificultad de formar gobierno siendo los cuatro partidos "nacionales", más los "nacionalistas", los que son. Punto muerto de nuevo.
Cierto que, como ha dicho Johan Galtung, el problema no es la "endiablada aritmética" que dificulta la creación de gobiernos estables, sino la norma bajo la cual se decide tal creación. Es tarde para cambiar dicha regla (mayoría absoluta en el parlamento en la primera votación -sobre el total de escaños o curules- y mayoría relativa en la segunda -más síes que noes-) y dudo que, cuando haya gobierno y se legisle, se pretenda cambiarla. Pero el caso es que, bajo dicha regla, y dados los enfrentamientos incluso personales entre partidos y dentro de los partidos, la creación de un gobierno (inestable casi por definición) es problemática.
Hubo un tiempo del ahora denostado (y objeto de nostalgia) bipartidismo. Muy imperfecto, todo sea dicho, pero que permitía una cierta alternancia no sin situaciones límite como las del PSOE contra la UCD (Felipe González contra Adolfo Suárez) que llevarían a intentos de golpe de estado como el llamado "de Tejero". Las políticas de austeridad dinamitaron el bipartidismo.
El hecho es que situaciones de protesta contra el status quo (en Madrid y Barcelona, sobre todo), llevaron a la creación de nuevos partidos que recogieron el descontento creado por las políticas que venían de Bruselas para supuestamente enfrentarse a la crisis iniciada convencionalmente en 2008 con lo de Lehman Brothers. Encima, el enfrentamiento de la crisis por parte primero del PSOE y después del PP no fue lo que se dice exitoso. Estos nuevos partidos necesitaban de la legitimidad que los tradicionales no necesitaban ya que formaban parte del paisaje. Una fuente fue, precisamente, negarles la legitimidad a los ya existentes: la casta política, los líderes corruptos, la incompetencia económica, su alejamiento de lo que piensa la gente. Y el sistema se trasformó en cuatripartido (más los nacionalistas vascos, catalanes y canario). Y en esas están, por cierto repitiendo los nuevos los vicios de los anteriores.
No se trata de partidos asentados que, como en Alemania, pueden permitirse el lujo de una Gran Coalición. Se trata de partidos que miran con el rabillo del ojo a las siguientes elecciones (el máximo lapso de tiempo que permite el inmediatismo sistémico -lo comparten con las grandes empresas-) mientras que sus respectivos líderes miran con el rabillo del ojo a los competidores dentro se su partido que están planteando el "quítate tú, que me pongo yo" o que podrían plantearlo a la primera de cambio.
Hasta ahí, todo comprensible y aceptable. Pero resulta que esta "banda de los cuatro" ha entrado en una espiral de decir cosas contradictorias a lo largo del tiempo (hoy digo A, mañana digo no-A) y de practicar un tacticismo desagradable a ojos de muchos electores. No se puede decir, por ejemplo, que es urgente formar gobierno cuando se están tomando decisiones para retrasarlo ni decir que es la cúpula del partido la que tiene que decidir, reunirla y que la decisión sea la de designar al líder para que siga negociando sin que dicha cúpula tenga voz ni voto sobre los términos de la negociación. El teatrillo o sainete montado en las negociaciones que siguieron a las elecciones de diciembre fue menos desagradable que el montado después de las elecciones de junio. Total: más abstención por parte de unos y llamada a arrebato para movilizar a otros. 
Si después de enero, había españolitos que apagaban la televisión cuando salían "esos", después de junio lo viral ha sido precisamente eso: no mirar. Cansancio. Y se supone que es el electorado el soberano y quien decide con su voto quién va a gobernar en su nombre.

2 comentarios:

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  2. Un colega, y a pesar de ello amigo, me hace notar por correo un error en el post donde aparecía "estatus quo". Lo he corregido, pero lo he sustituido por otro, a saber, "status quo". La Academia, por razones que se me escapan, prefiere "statu quo", aunque los ingleses prefieran "status". Así que en español es "statu quo" y en inglés "status quo". Habría que preguntar cómo se decía en latín cuando se quería decir "situación EN LA QUE se encuentra". Cuando quería decir "situación como la anterior" decían "status quo ante", no "statu quo ante". En bachillerato de letras me lo habrían corregido.

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