sábado, 4 de junio de 2016

Venezuela contrapuesta

Es obvio, para cualquier lector sistemático de estas entradas, que me gusta contraponer versiones (eso que ahora se llaman "narrativas"). Venezuela no puede ser una excepción, donde, además, tengo magníficos y muy queridos amigos desde hace mucho tiempo, es decir, donde el asunto me afecta personalmente.
Lo primero que extraña es la narración de los hechos. El "todo va mal" se contrapone con "algo va mal, pero, en general, va bien". Fotos del desabastecimiento se consideran malintencionadas o se consideran expresión verídica de lo que sucede. Y los enfrentamientos se dan como hechos o como manipulaciones de las imágenes. Voy a las versiones.
Esta, que viene en español desde Venezuela, reconoce las carencias pero compara con otras carencias que había hace 20 años (no había colas, pero no había con qué comprar lo que había dentro de las tiendas) y constata la paradoja de que no hay cosas en la tienda pero sí hay sus derivados en las casas. Lo que me interesa: ¿quién es el culpable? Al final, el capitalismo, la dictadura financiera, cosa que no termina de convencerme: eso también se da, y no con los mismos efectos, en Bolivia o el Ecuador, por poner ejemplos cercanos. Tampoco en la  Colombia fronteriza. Pero la narración es muy instructiva y es "desde abajo".
"Desde arriba" y en inglés, está esta versión académica. No se lleva a cabo "pisando el terreno" como la anterior sino que se basa, a su vez, en diversos textos, incluidas las opiniones de un ex-ministro venezolano, en prensa estadounidense. En estos últimos textos se hace referencia al efecto de la caída de los precios del petróleo en las arcas del gobierno bolivariano, cosa que no aparece en la versión anterior con tanta claridad. Pero lo que en este se hace es reducir el problema a una cuestión de trabajo productivo e improductivo, sumamente interesante, pero que no acaba de convencer como no convencen las explicaciones basadas en un solo elemento. En definitiva, es que hay gente que, como en buena economía "socialista" o "comunista" planificada, accede a los productos subvencionados y los revende en un mercado secundario con lo que hay desabastecimiento aparente y satisfacción (relativa) en la realidad.
(Cuestión biográfica: estuve en Polonia a finales del comunismo -por un día no coincidí con la "ley marcial" o "golpe de estado" de Jaruzelski- y después, ya bajo Walesa o, mejor, bajo Balcerowicz, si no recuerdo mal. En el primer caso, había colas por problemas de oferta. En el segundo, como me decían mis amigos (ex)comunistas, no había dinero para comprar, es decir, cuestión de demanda) 
Si no hubiera habido terremoto en el Ecuador, sería interesante aplicar estas dos versiones a dos países vecinos, el Ecuador petrolero y la Bolivia gasística, sin salirse de "socialismos del siglo XXI". 
Como bien se recuerda en la versión académica tomando distancias frente al marxismo mecanicista, el propio Marx reconocía que había que ver qué sucedía en cada "formación social históricamente determinada" para diagnosticar qué pasaba en ellas. El recurrir a esquemas previos (marxistas o no marxistas, a lo Friedman o a lo Smith o a lo Keynes) no ayuda mucho. Y el tomar partido antes de hacer el análisis, tampoco. De lo contrario, se aceptarán los análisis que encajen con los propios pre-juicios (es decir, anteriores al juicio) y se rechazarán los que no valgan para fundamentar las propias preferencias. En eso como en tantos otros temas.
Y una tercera versión, la de otro ex-ministro, que encuentra la anomía en la sociedad venezolana como importante factor explicativo de lo que está sucediendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada