jueves, 23 de junio de 2016

Paz en Colombia

Se firma ante testigos (Maduro entre ellos) y no es únicamente un cese de hostilidades sino pasos para la reinserción y, eventualmente, para la reconciliación (esto será más difícil).
Los antecedentes del M-19 pueden ser ilustrativos de los problemas de la reinserción y de las dificultades de la reconciliación.  El libro Razones de vida de Vera Grabe, que fue comandante del M-19, explica con claridad y en primera persona aquellos pasos. Pero conviene no olvidar que exguerrilleros murieron una vez dejadas las armas, en venganza por hechos ocurridos mientras duró el enfrentamiento (lo del Palacio de Justicia fue particularmente doloroso) y que algunos han tenido que llevar guardaespaldas durante mucho tiempo.
Se respondía a situaciones de conflicto social con un conflicto armado que genera su propia dinámica, incluida la de los militares que desean que se mantenga, que de todo hay, y la de la narcoguerrilla una vez se corta la financiación exterior. Se llega a situaciones ya totalmente irracionales y solo hay un medio de afrontarlo: el diálogo, como el que se ha producido en La Habana y que ahora ha dado sus frutos sin vencedores ni vencidos. No es de excluir, como sucedió con el M-19 o con el IRA, que aparezcan FARC-auténticos que quieran mantener aquella dinámica por motivos limpios o por motivos espurios. Pero el paso es importante y hay que felicitarse y esperar que el ELN siga esa misma senda. Y se verá qué hacen los paramilitares.
Insisto: un paso muy importante, pero con flecos todavía por afrontar.
¿ETA, quién dice ETA?
(Añadido el 7 de julio: era de esperar: una unidad de las FARC se niega a entregar las armas. Posiblemente, dos)

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