sábado, 25 de junio de 2016

Confianza en las medicinas

Es lícito preguntarse por la base que pueden tener las atribuciones de determinadas propiedades a determinadas plantas. Cuando lo escucho en programas de televisión o lo observo en la herbolistería, me asombra la seguridad con que se afirma que "la infusión de esta planta es buena para tal cosa". Cuando le comenté a un amigo la última "gotera" que los médicos me habían encontrado tuvo una reacción muy rápida y llena de convicción: "toma una cucharada de semillas de calabaza al día". 
La fuente de tales aseveraciones es problemática. Se puede decir que es la tradición. Mi abuela me explicó que era peligroso dejar las tijeras abiertas y aprendí a no hacerlo. Probablemente, su abuela se lo había dicho, en el caso de que dispusiera de unas, obviamente. O se puede decir que es el resultado de pruebas y errores a lo largo de mucho tiempo: se trata del "pensamiento salvaje" , la ciencia de lo concreto que ha sometido a observación los efectos de diversas hierbas sobre las condiciones de diversos enfermos. Pero es obvio que no se han seguido los protocolos que la metodología científica requiere hasta llegar al "triple ciego".
La medicina moderna, en cambio, tiene una muy consolidada base científica: experimentación, experimentación y experimentación. Es pues mucho más segura. ¿Seguro? Hay demasiados casos de fraudes en la investigación gracias al papel que juegan las grandes empresas farmacéuticas como para estar tan seguro. Este es el último caso que he encontrado. Pero en las Cartas fraternales que he colgado a la derecha de este blog y, entrando, bajo el epígrafe de "Verdad interesada" se comentan algunos casos más y se añaden las referencias en la bibliografía que sigue a las cartas de Iván en dicho escrito. 
El caso es que, ante un problema concreto referente a la salud, el individuo se aferra a lo que tiene a mano con tal de obtener un mínimo de seguridad. Sobre todo en episodios agudos (los crónicos son algo más libertarios). Pero tanto da que sean medicinas tradicionales como medicinas "modernas", el riesgo de encontrarse ante un error o, lo que es peor, un fraude es real. No necesariamente alto, pero no por ello irreal. El efecto placebo incluido. Caveat emptor.
(Añadido el 1º de julio: el papel de las empresas farmecéuticas en su relación con los médicos en España estará aquí)

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