viernes, 22 de marzo de 2013

La crisis compleja

El etnocentrismo, esa creencia tan difundida según la cual "mi" mundo se encuentra en el centro de "el" mundo, hace aguas. No hay que avergonzarse ni de sentirlo ni de que esté en crisis. Lo han sentido todos los pueblos que han identificado, por ejemplo, lo que ellos hablan con lo que habla el ser humano (runa simi, en el quechua de los incas) o incluso lo que ellos son con el ser humano (bantú). Los eurocéntricos que han creído que "su" civilización era "la" civilización (razón por la que suponían que nos encontrábamos en una "crisis civilizatoria"), tanto en su vertiente europea como en la más apropiada vertiente "occidental", tienen dificultades para mantener su idea. Pero pasar de ese etnocentrismo europeo u "occidental" al latinoamericano tiene sus peculiaridades.
En primer lugar, el "latinoamericanocentrismo", desdeñando a los eurocéntricos coloniales y tratando a los Estados Unidos como "imperio" (sin ver su colonialidad subterránea), puede producir engaños, errores y deformaciones como los ha producido el eurocentrismo. Sin embargo, el poder de uno y otro no es el mismo, pero si parece que las proporciones están cambiando. Ya se habla de "aprender de América Latna" (o "aprender del Sur") en lo cultural, pero también se espera el flujo de capitales en la misma dirección. Esos "centrismos" suelen implicar una relación de poder centro-periferia.
Como intelectualillo que soy, me interesa más el primer aspecto, aunque el segundo sea más importante "en última instancia", más allá de las retóricas sobre "narrativas", "discursos" y "story telling", que es algo que me interesa todavía menos.
La ventaja del "latinoamericanocentrismo" es que nace algo menos etnocéntrico. Es decir, nace menos miope ya que no compensa su miopía, como los eurocéntricos, con las gafas de su poder colonial. 
La ausencia total de etnocentrismo creo que es imposible, ya que es un rasgo animal del que difícilmente se puede uno despojar, aunque sí se pueda reducir (como se puede ayunar o se puede practicar la castidad). Creo, en efecto, que todos tenemos algo de etncéntrico y, lo más que podemos hacer, es intentar que no se convierta en chovinismo, que puede ser dañino para otros y, tal vez, hasta para la especie. "Después de mí, el diluvio", après moi le déluge, atribuido al Luis XV francés del siglo XVIII, es también propio de prácticas chovinistas llevadas a cabo por empresas contaminadoras, países esquilmadores y gobiernos extractivistas (incluidos los latinoamericanos).
Vengamos a la "crisis". Son frecuentes los análisis de la misma como si fuese básicamente estadounidense o se tratase de la eurozona o del correspondiente país europeo en el que vive y trabaja su autor. Y entre sus autores hay nobel de economía, catedráticos ilustres y académicos reconocidos entre ellos (con ayuda de los medios, claro). Crisis económica, por supuesto.
Por todo ello (largo camino para llegar aquí), me resulta particularmente interesante el número de América Latina en Movimiento dedicado como este post, a la "crisis compleja". 
Porque, primero, no es únicamente una crisis bancaria, devenida financiera, transformada en económica y concretada en crisis de deuda (en la Eurozona). Eso se da. Y es cierto que la Eurozona, en particular sus GIPSI, harían bien analizando qué sucedió en América Latina cuando tuvo su propia "crisis de la deuda". Es algo más complejo, aunque, insisto, me resisto a llamarlo "crisis civilizatoria" y lo dejaría en un sencillo "cambio de época", con todo lo subjetivo que tiene eso de las épocas.
Segundo, porque, aunque los autores son básicamente latinoamericanos, no desdeñan las aportaciones de autores de otros dos continentes.
Y, tercero, porque el resultado es  inevitablemente "latinoamericanocéntrico", pero no miope. El número demuestra un mejor conocimiento del mundo que muchos análisis de "la" crisis (la "nuestra" claro) que he leído recientemente.
¿Qué hacer? Nadie sabe, más allá de propuestas puntuales que los que tienen poder (sea en América Latina, sea en la Eurozona y, cierto, en los Estados Unidos) no aplican ni piensan aplicar, como tampoco los gobiernos de los llamados "emergentes", los que, dentro del G-20 prestan a los  enriquecidos y altamente endeudados que todavía creen ser el centro del mundo, cuando el centro del mundo está... ¿dónde? El centro de una esfera nunca está en su superficie. Y mucho menos en esa esfera llamada Tierra, Gaia.

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