Hay tres tipos de taxistas: los taciturnos (no incluyo un único caso de taxista hosco, que fue la excepción) y, entre los que conversan, los mitineros y los analistas. Los mitineros suelen mostrar opiniones más bien reaccionarias cuando no fascistoides. Mi norma: no discutir ya que lo que pretenden es convencerme mediante sentimientos o, a lo más, mediante interpretaciones muy discutibles de "eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa", según la definición clásica e irónica de "noticia"
Los analistas, en cambio, quieren entender lo que les rodea sin entrar a calificar o descalificar. Ya conté aquí mi apacible conversación con un taxista que me llevó de Málaga a Cádiz y del que aprendí mucho en dicho trayecto.
Hoy ha pasado algo semejante con el taxista que me ha llevado en Bilbao del hotel al aeropuerto, ese sublime horror de Calatrava. Partía de un hecho: la reducción de su actividad en un 30 por ciento. Simplemente constataba como otro taxista en Granada me había dado la cifra del 60 por ciento. Con esos números en mente le dije que, comparativamente, en el País Vasco no estaban tan mal como en otras zonas (para evitar líos no he dicho ni España, ni Estado Español ni, como suelo decir en clase, "antigua área de la peseta"). Ha quedado en "otros sitios". Y me ha dado la explicación del hecho:
1. no han tenido burbuja inmobiliaria que, al reventar, se ha llevado por delante empleos y ha dejado desempleados sin estudios (que dejaron por ponerse a ganar buenos dineros en la construcción).
2. el nivel de corrupción de sus políticos ha sido mucho más bajo. Lo ha habido, pero incomparablemente por debajo de lo sucedido en lugares en los que, además, se ha gastado alegremente en fastos y fiestas.
3. ha aumentado el turismo de gente que gasta (ahí no he querido sacar el tema de ETA, pero me parece que el fin de esa inseguridad ha tenido que influir en la llegada de los antes temerosos).
Me he atrevido a añadir un cuarto factor y lo ha aceptado: el tener un sistema fiscal propio. Él lo explicaba diciendo que si eres tú el que recoge el dinero, sabes muy bien (con concierto o sin concierto) de dónde ha venido y cómo hay que responder al que te lo ha dado para que lo gestiones. Claro y diáfano.
Hoy ha pasado algo semejante con el taxista que me ha llevado en Bilbao del hotel al aeropuerto, ese sublime horror de Calatrava. Partía de un hecho: la reducción de su actividad en un 30 por ciento. Simplemente constataba como otro taxista en Granada me había dado la cifra del 60 por ciento. Con esos números en mente le dije que, comparativamente, en el País Vasco no estaban tan mal como en otras zonas (para evitar líos no he dicho ni España, ni Estado Español ni, como suelo decir en clase, "antigua área de la peseta"). Ha quedado en "otros sitios". Y me ha dado la explicación del hecho:
1. no han tenido burbuja inmobiliaria que, al reventar, se ha llevado por delante empleos y ha dejado desempleados sin estudios (que dejaron por ponerse a ganar buenos dineros en la construcción).
2. el nivel de corrupción de sus políticos ha sido mucho más bajo. Lo ha habido, pero incomparablemente por debajo de lo sucedido en lugares en los que, además, se ha gastado alegremente en fastos y fiestas.
3. ha aumentado el turismo de gente que gasta (ahí no he querido sacar el tema de ETA, pero me parece que el fin de esa inseguridad ha tenido que influir en la llegada de los antes temerosos).
Me he atrevido a añadir un cuarto factor y lo ha aceptado: el tener un sistema fiscal propio. Él lo explicaba diciendo que si eres tú el que recoge el dinero, sabes muy bien (con concierto o sin concierto) de dónde ha venido y cómo hay que responder al que te lo ha dado para que lo gestiones. Claro y diáfano.
Como mis visitas a Bilbao son habituales, nos hemos despedido deseándonos que mi próxima visita nos encuentre con algo de luz al final del túnel. Porque tanto él como yo damos por supuesto que la cosa no va a mejorar espectacularmente en los próximos tiempos.
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