Mohamed Bouazizi en Túnez, Thich Quang Duc en Saigón y Jan Palach en Praga tienen en común, a pesar de la distancia física, cultural y temporal, que su suicidio (inmolación, martirio, protesta, insensatez) significó el principio del fin. Curioso cómo pueden valorarse las acciones humanas de forma tan diferente. Pero parece que la frecuencia de dicho comportamiento está aumentando y no creo que sea solo en el mundo árabe. Siempre se podrá decir que la agresividad que es producida por la frustración tiene siempre un objeto evidente sobre el que descargarse: uno mismo..Y no hacen falta creencias sobre el más allá. Los depresivos que se suicidan no lo hacen pensando en la vida eterna sino en lo insoportable que es la vida terrenal.
Siria e Israel
Hace 2 horas

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