Las versiones pueden ser muy diferentes. Desde el ataque a barcos indefensos para impedir la entrega de ayuda humanitaria hasta la respuesta inevitable por parte del ejército israelí ante la violencia extrema de los activistas anti-judíos. El hecho es que han muerto más de 10 personas en aguas internacionales a manos del ejército israelí. Con o sin atenuantes, todo parece indicar que se trata de un delito. No sé si contra la humanidad. Pero que hace preguntarse "hasta cuándo la impunidad de Israel", visto el récord de resoluciones de Naciones Unidas incumplidas por el Estado de Israel.
Las reacciones son también variadas. Desde el primer ministro turco, Erdogan, el promotor de la "Alianza de civilizaciones" que patrocina Naciones Unidas (no Zapatero), que prevé consecuencias "graves", hasta las amenazas de Hamás en el sentido de sus posibles ataques a embajadas israelíes en el mundo. Es la reacción menos aconsejable: asumen un protagonismo que se debería dejar a los pasajeros de la flotilla atacada y a sus respectivos gobiernos, si es que estos últimos se atreven a hacer algo al margen de lo que les ordene el de los Estados Unidos. También el presidente de la Autoridad Palestina ha reaccionado: tres días de luto. No es mucho: quizás es que están acostumbrados a vivir con la muerte.
Me cuesta entender las razones de los disparos como me cuesta entender que se niegue ayuda humanitaria al apartheid de Gaza o que se niegue a los sionistas el derecho a tener un territorio sobre el que construir un Estado (mejor sería que no fuese un estado solamente judío y que fuese ajeno a las clasificaciones "raciales", lingüísticas o religiosas, pero visto el ejemplo de Arabia Saudita, tampoco se pueden pedir peras al olmo).
Todavía no he visto las reacciones del gobierno de los Estados Unidos. Es probable que se hayan producido y yo no haya sido capaz de encontrarlas o puede ser que guarden un calculado silencio para ver si la cosa se va calmando como está sucediendo con el buque hundido en las Coreas.
¿Probable? Que "fuese y no hubo nada", que el conflicto internacional se vaya calmando, que no haya más reacciones innecesarias (y en mi opinión, como he dicho, equivocadas) de Hamás al respecto... y que las terribles condiciones en que se desenvuelve la vida cotidiana de los pobres de Gaza no tengan el más mínimo alivio hasta que se mueran todos y quede el territorio libre para su ulterior ocupación.
Tal vez el error de los que lo vemos desde fuera con buena voluntad y deseos de mejora, es plantear el asunto en términos racionales. Decir, por ejemplo, que de lo que se trata es de buscar los medios que ayuden a conseguir el objetivo de una vida cotidiana con poca violencia en dicho espacio geográfico. Pero eso es suponer que somos animales racionales, capaces de evaluar los beneficios de una cultura de paz, una resolución/gestión/transformación/transcendencia de conflictos (táchese lo que no proceda, ya que me parece una discusión excesivamente academicista) y una medida de los medios que llevan a determinados fines. Con independencia de que los fines pueden ser otros, lo que este caso muestra, una vez más, es que nos encontramos ante un conjunto de ecuaciones con más incógnitas que ecuaciones, es decir, ante un problema irresoluble incluso en términos racionales (y nada más racional que las matemáticas). El ser humano tiene más de animal que de racional, lo cual no excluye la ayuda mutua como factor de evolución... animal (lo cuenta Kropotkin). Suponiendo que la evolución es buena.
Así que vamos a esperar a saber qué dice el gobierno de los Estados Unidos, que también se ha adherido a lo de la "Alianza de civilizaciones", para ver qué tenemos que pensar y en qué no tenemos que pensar. Eso sí: el gobierno español (también impulsor de la "Alianza de civilizaciones") ha llamado a consultas a su embajador ante Tel Aviv.
Que a dónde quiero ir a parar. Pues muy sencillo: que los intentos de abordar problemas de sociedades muy divididas en términos culturales (civilizaciones, cultura de paz) es una forma de perder el tiempo. Encontrar una trascendencia al conflicto que no sea aceptada por ninguna de las partes (y hay más de dos) y sea ajena a los sentimientos de las partes, también. O, si se prefiere, son formas de hacer carrera académica, pero no de resolver un sistema de ecuaciones irresolubles a no ser que se introduzcan más ecuaciones. Fomentar el enfrentamiento (hasta con la mejor voluntad) no resuelve mucho. Buscar acomodos entre las pretensiones legítimas de las partes y que sean ellos a encontrarlas (no el imperialista de turno que, como el filósofo rey platónico, ha encontrado la solución), eso sí, aunque con la inestimable ayuda de los que han apoyado las ilegítimas pretensiones de unos y otros hasta ahora. Un ejemplo de nuevas ecuaciones sería dar mayor papel a las organizaciones de mujeres israelíes (tanto judías como palestinas) y a las organizaciones de mujeres palestinas (tanto musulmanas como cristianas, tanto en territorios bajo Hamás como en territorios bajo Al Fatah). En Irlanda funcionó, pero no sé quién le va a poner el cascabel al gato aquí. Ambas sociedades, la palestina y la israelí, son suficientemente machistas como para encontrar esa idea totalmente descabellada. Nos quedamos donde estábamos.
Así que vamos a esperar a saber qué dice el gobierno de los Estados Unidos, que también se ha adherido a lo de la "Alianza de civilizaciones", para ver qué tenemos que pensar y en qué no tenemos que pensar. Eso sí: el gobierno español (también impulsor de la "Alianza de civilizaciones") ha llamado a consultas a su embajador ante Tel Aviv.
Que a dónde quiero ir a parar. Pues muy sencillo: que los intentos de abordar problemas de sociedades muy divididas en términos culturales (civilizaciones, cultura de paz) es una forma de perder el tiempo. Encontrar una trascendencia al conflicto que no sea aceptada por ninguna de las partes (y hay más de dos) y sea ajena a los sentimientos de las partes, también. O, si se prefiere, son formas de hacer carrera académica, pero no de resolver un sistema de ecuaciones irresolubles a no ser que se introduzcan más ecuaciones. Fomentar el enfrentamiento (hasta con la mejor voluntad) no resuelve mucho. Buscar acomodos entre las pretensiones legítimas de las partes y que sean ellos a encontrarlas (no el imperialista de turno que, como el filósofo rey platónico, ha encontrado la solución), eso sí, aunque con la inestimable ayuda de los que han apoyado las ilegítimas pretensiones de unos y otros hasta ahora. Un ejemplo de nuevas ecuaciones sería dar mayor papel a las organizaciones de mujeres israelíes (tanto judías como palestinas) y a las organizaciones de mujeres palestinas (tanto musulmanas como cristianas, tanto en territorios bajo Hamás como en territorios bajo Al Fatah). En Irlanda funcionó, pero no sé quién le va a poner el cascabel al gato aquí. Ambas sociedades, la palestina y la israelí, son suficientemente machistas como para encontrar esa idea totalmente descabellada. Nos quedamos donde estábamos.










