Seguí anoche la cobertura que Telesur dio al confuso secuestro del presidente Correa presentado como golpe de Estado y como nueva dentellada del imperio contra los bolivarianos, cosas de la CIA en connivencia con los sectores ultraconservadores ecuatorianos y demás elementos retóricos (incluyendo las preguntas que se hacía el periodista sobre por qué el ejército no intervenía, presentadas como prueba de que la conjura era muy amplia). En mi opinión, un exceso de opinión (sic) y un defecto de información: el "parti pris", el "pre-juicio", iban por delante de lo que estaba pasando. En mi opinión, insisto, yo puedo permitirme el lujo de la opinión (que es lo que uno tiene cuando no tiene información suficiente como para tener certeza), pero no un medio de comunicación, en este caso no tan diferente de algunos medios de signo opuesto que se encuentran en España.
Tenían todo el derecho a buscar paralelismos con la intentona golpista contra Chávez o con algunos momentos de tensión contra Evo Morales en Bolivia y así lo hacían los académicos mexicanos que fueron entrevistados. Lo que no tiene sentido es sacar consecuencias del análisis de aquella intentona contra Chávez y aplicarlas tal cual a la confusa situación que se vivía en aquel momento en el Ecuador. Por ejemplo, yo hubiera agradecido un intento de narrar la secuencia de los hechos y no confundir con imágenes descontextualizadas lo que se estaba diciendo al mismo tiempo. Me he tenido que acordar de la irritación que les produce a algunos comparar el IRA con ETA: claro que se puede comparar y sacar lecciones de un caso para el otro; lo que no se puede es decir que "si pasó en A, necesariamente está pasando en B". Ni en el caso vasco-irlandés ni en el ecuatoriano-venezolano (la comparación con Bolivia es todavía más traída por los pelos, por muy legítima que sea).
El ejército acabó liberando al presidente que se encontraba en el hospital de la policía en Quito en medio del cuartel más importante de la misma. A estas horas, todavía no conozco la secuencia exacta de los hechos.
Mucho más interesante me ha parecido el comunicado de la CONAIE (confederación de nacionalidades indígenas del Ecuador) publicado en el Ecuachaski. Confieso que es porque me confirma en algunas de mis sospechas iniciales de anoche y me aclara el componente local del enfrentamiento. Y también el artículo de Eduardo Tamayo en América Latina en Movimiento publicado muy al principio de la asonada ayer por la tarde.
Mi opinión final: una inmensa manipulación. De los policías desinformados y de los que se lanzaron a la calle en defensa de la democracia, manipulación perpetrada por parte del presidente y su gobierno, de la oposición, de los probables golpistas y de los medios afines a unos y a otros. Un viaje por El Universal (Caracas), La República (Lima), La Prensa (La Paz), O Globo (Rio de Janeiro) y los inevitables Hoy y El Comercio (Quito) me lo confirmó anoche y, en el caso de El Comercio, esta mañana. Y me repugnan las manipulaciones vengan de donde vengan, aunque, ante la avalancha de las mismas, tendré que acostumbrarme de una vez.
Una cita del comienzo del comunicado de Ecuarunari (organización indígena ecuatoriana) publicado ayer:
Una cita del comienzo del comunicado de Ecuarunari (organización indígena ecuatoriana) publicado ayer:
En Latinoamérica hemos ido de las dictaduras militares sangrientas a la dictadura del capital transnacional con el neoliberalismo. Los sectores beneficiados siempre has sido los mismos (banqueros, empresarios comerciales, terratenientes). Y hemos sido nosotros, los pueblos empobrecidos, los indígenas, trabajadores, hombres y mujeres, los que hemos puesto siempre las víctimas; pero también hemos sido los luchadores permanentes por la democracia de los oprimidos. Con esa fuerza y legitimidad rechazamos toda dictadura venga de donde venga.
Lo que sí sé es que los policías muertos, que protestaban por lo que veían como un recorte a sus ingresos económicos, probablemente eran tan mindundis como los que fueron al Hospital, brazos en alto y desarmados, a defender la democracia y, por tanto, a su presidente (o viceversa). Los beneficiados, en este caso, habrá que buscarlos en otro sitio. Pero haberlos, háylos.

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