lunes, 16 de agosto de 2010

¿Por qué escribo?

Me han invitado a colaborar en un medio electrónico de reconocido prestigio. Es el tercero en mi lista de negativas. Dije una vez que sí, a "Tercera Información", hubo problemas con su software, regresé a blogspot y ya me dio pereza volver a TI cuando se solucionaron los problemas técnicos. Los otros tres han tenido un "no" desde el principio y eso que sus argumentos eran interesantes: más lectores, prestigio del medio, colaboración con "la causa" (aunque nunca he sabido cuál es) y, por qué no decirlo aunque no en todos los casos, el pago por servicios prestados. No dije que no por humildad, como me decía uno de los que me invitaban, sino por pereza, como le reconocí. Aunque todas las semanas escribo exactamente 750 palabras para el diario "Información" (y, a veces, reproduzco aquí), prefiero mantener mi estilo caótico y mi libertad de elección de temas, formatos, links, vocabulario, que no someterme a las exigencias del medio. De la liberté avant toutes les choses.
Me he planteado, en ese contexto biográfico, la pregunta que, tarde o temprano, no hay más remedio que hacerse: ¿Por qué escribo? Y nada mejor que ir a mi siempre citado Orwell para ver cómo lo plantean otros. Estos son los motivos que el maestro afirma están detrás del que escribe:
1. El egoísmo agudo. Deseo de parecer listo, de que hablen de uno, de ser recordado después de la muerte, resarcirse de los mayores que lo despreciaron a uno en la infancia, etc., etc. Es una falsedad pretender que no es éste un motivo de gran importancia. Los escritores comparten esta característica con los científicos, artistas, políticos, abogados, militares, negociantes de gran éxito, o sea con la capa superior de la humanidad. La gran masa de los seres humanos no es intensamente egoísta.
Después de los treinta años de edad abandonan la ambición individual -muchos casi pierden incluso la impresión de ser individuos y viven principalmente para otros, o sencillamente los ahoga el trabajo. Pero también está la minoría de los bien dotados, los voluntariosos decididos a vivir su propia vida hasta el final, y los escritores pertenecen a esta clase. Habría que decir los escritores serios, que suelen ser más vanos y egoístas que los periodistas, aunque menos interesados por el dinero.
2. Entusiasmo estético. Percepción de la belleza en el mundo externo o, por otra parte. en las palabras y su acertada combinación. Placer en el impacto de un sonido sobre otro, en la firmeza de la buena prosa o el ritmo de un buen relato. Deseo de compartir una experiencia que uno cree valiosa y que no debería perderse. El motivo estético es muy débil en muchísimos escritores, pero incluso un panfletario o el autor de libros de texto tendrá palabras y frases mimadas que le atraerán por razones no utilitarias; o puede darle especial importancia a la tipografía, la anchura de los márgenes, etc. Ningún libro que esté por encima del nivel de una guía de ferrocarriles estará completamente libre de consideraciones estéticas.
3. Impulso histórico. Deseo de ver las cosas como son para hallar los hechos verdaderos y almacenarlos para la posteridad.
4. Propósito político, y empleo la palabra "político" en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política.
Mi orden no sería el mismo. Por un lado, he escrito como parte de mi trabajo académico y más cuando, últimamente, te evaluaban por lo que escribías. Obvio que lo publicado de esa forma no está en el blog, pero algunos sí en la página de iudesp. Por otro lado, lo que he escrito en prensa comenzó hace casi 40 años y por otros motivos.
Vivía Franco y el propósito político era fuerte. Había que decir sin decir diciendo, para que el que quisiera entender entendiese y, sin embargo, no tuviese problemas con la policía. En el periódico ya se encargaban de borrarme lo que consideraban que podía traerme problemas de "apología de organización ilegal" o cosa parecida. También quería que se conociese el trabajo que hacíamos desde un pequeño grupo de investigación que habíamos montado en una escuela privada de ciencias empresariales. Y, sí, narcisismo o exhibicionismo, que es lo que Orwell llama "egoísmo agudo".
Con el tiempo el "impulso histórico" ha ido tomando peso en mi motivación: quisiera entender algo del mundo que me rodea. Claro que no pretendo, a estas alturas, una explicación global y totalizante. Me contento con reducir mi ignorancia. En cambio, la parte estética se ha mantenido estable. Sé que no soy un buen escritor y el haber vivido años en países diversos y con lenguas diferentes que he intentado aprender o imitar, ha hecho que cometa muchos errores y que no siempre la sonoridad sea la esperable en un castellano recio o mediterráneo blando.
Sigo con interés las subidas y bajadas en las entradas al blog. Poca gente, sí. Algunos, muy fieles y desde sitios muy heterogéneos como Quito o Budapest o, por seguir con los que tengo constatados como frecuentes, el Beni (Bolivia) o Limerick. Otros, la mayoría, son más comprensibles: gente que me conoce -probablemente antiguos estudiantes- que se sienten rejuvenecer leyendo mis paridas y comparándolas con las que les solté en clase. Es decir, gente de la Península Ibérica en la que incluyo a un frecuente de Huelva (de una fidelidad increíble) y al único que sé quién es, antiguo estudiante, y que entra desde Bruselas. En general, no sé quién me lee, pero sí sé que no comparto el dicho de Nietzsche: "Cuando se conoce al lector, se pierden las ganas de escribir".
¿Me importa el que aumente su número? No me sabría mal, pero no está entre mis objetivos prioritarios (eso sí: cuando se ha colgado alguno de estos posts en páginas de reconocido prestigio, es evidente que han aumentado las entradas de forma sensible) . Sin embargo, me es más importante aclararme yo, imponerme una cierta disciplina del "nulla die sine linea" y saber que hay alguien que lo lee de vez en cuando, todo ello sin tener que ceñirme a constricciones de formato y fondo (en un periódico en el que escribí hace años tenía prohibido usar una determinada palabra, sólo una). No pretendo cambiar al lector, ni, mucho menos, convencerle de algo. Los que puedan leer desde la derecha, sé que no van a cambiar por estas cosas que yo diga. Y, de los de izquierda, lo más que espero es que duden. La derecha duda poco y por eso es peligrosa. Pero la izquierda que no duda puede ser terrible.
Al final, escribo más como forma de expresión que no como instrumento para algo diferente.

15 comentarios:

  1. El fidelizado de Huelva, le comunica que, además, distribuye bastantes de sus artículos a su amplia red de contactos porque, como en alguna ocasión le dije, me parecen muy razonables y rigurosos.

    ¡Y encima nos gusta una buena cerveza en el paseo de los Tristes! ¿Qué más se puede pedir?

    Saludos cordiales.

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  2. Gusto de saludarte. Recuerdo tu comentario sobre la cuesta del Darro y la 1925. Y muy agradecido por tu atenta lectura. De verdad.
    Ahora estoy más cerca de Huelva de lo habitual: estoy en el último pueblo de Badajoz, ya casi en la provincia de Sevilla (de hecho voy a comer algunos días a Alanís o a Cazalla de la Sierra). Salud.

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  3. Algunos antiguos alumnos, además de por sentirnos rejuvenecer, también te leemos por seguir aprendiendo. Es como una lección diaria de las de antes. Lo bueno de estas lecturas es que no hay que hacer recensiones.

    Un abrazo

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  4. Touché, Liberto. La práctica, algo sádica, de las recensiones la abandoné por imposibilidad manifiesta, pero no me negarás que no era del todo inútil.
    Yo también te leo y te he citado alguna que otra vez. Gracias.

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  5. También escribes porque te leemos, así de sencillo, no creo que vayas a caer en el ejercicio de escribir y publicar para ti mismo...y la verdad es un gusto hacer parte de la mitad de la ecuación, ser parte de tus lectores.

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  6. Pues sí, Telepronter. De hecho, las cosas que creí escribir para mí mismo las he ido borrando. Y gracias por estar ahí.

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  7. Muy interesante reflexión. No es malo sentirse de algún modo rejuvenecer con tus palabras y menos aún si aportan algo valioso o algo nuevo que aprender o sobre lo que pensar. El saber no ocupa lugar y nunca está de más. Lo malo sería amarrarse al pasado por miedo a avanzar o en un inútil intento de quedarse en el país de Nunca Jamás y no creo que sea el caso.

    Avanzamos en nuestro trayecto y "seguimos" el tuyo porque nos sigue aportando en nuestro crecimiento personal.

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  8. ...escribir, por ejemplo, esto que hago ahora. Utilizar un lenguaje gráfico para comunicar a otros lo que pienso y quiero decir, ¿Es una actividad productiva? Para quienes trabajan en una oficina, o un taller, es sólo ocio, ocupación de desocupados. Puesto que no obtengo un centavo por escribir, no vale la pena hacerlo. Pero mañana quienes compren el periódico también comprarán mi texto, y mi editor cobrará por mí. De modo que sin importar para quién, el producto final de mi acción de escribir será objeto de compraventa. El acto económico quedará consumado.

    El acto puro de escribir, es otra cosa. Escribir es un fin en sí mismo, un valor, al margen de que el texto se torne mercancía y alcance un precio. Cualquiera podría devolverme la energía y los materiales que consumí al escribir este texto, que son necesarios para escribir otro igual. Pero nadie podría valorar justamente mi capacidad para hacerlo, y sobre todo, la unicidad de mi irrepetible punto de vista, y mucho menos, pagarme lo suficiente para comprar, si eso fuera posible, un placer igual al que me produce escribirlo y descubrir después, en el lector, las emociones detonadas, la re-creación de lo escrito.

    Mientras el mecánico repara mi vehículo imaginando el dinero que recibirá, acariciando las cosas que podrá comprar con él y el placer que esto le producirá, yo recibo mi pago en especie, en placer químicamente puro en el momento mismo en que escribo. Algunos llaman inspiración a este fluir de palabras armónicamente acomodadas, pero en realidad trabajo, lucho, sudo, para que una palabra acierte y revolucione el contenido del párrafo, o sufro, cada vez que se equivoca y lo debilita.

    Pero vivo esa sensación de magia mientras la idea se desliza por lo escrito a través de las palabras; siento esa especie de electricidad que fluye y avanza entre palabras que funcionan con su propia química; palabras que a diferencia de una pieza de metal, son conductores activos capaces de condicionar el significado global de su contexto al suyo propio.

    ¿Que no es un trabajo? ¿Que no es una actividad productiva? Sí lo es. Porque si escribo para vivir, recibo por mis textos mi pago, el precio convenido. Si vivo para escribir, recibo mi pago en placer en el momento en que escribo, y generoso que soy, contribuyo a enriquecer a mi editor, sin cobrar un centavo.

    Hay placeres selectos. Gozos que no son para la plebe. Y no cualquiera logra de las palabras lo que Cavafis requería de la sensualidad: Regresa, amada sensación, y tómame otra vez...

    Así somos los sagitarios de despegados. Siempre lanzando flechas, y recogiendo dardos.



    rsumoza52@hotmail.com

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  9. Para quien estuvo en sus clases, es enriquecedor poder seguir contando con sus reflexiones ahora a través de este medio.

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  10. ¿Por qué le leo?
    Bueno, en primer lugar debo decir que hasta hace una semana yo no sabía ni tan siquiera de su existencia.
    La historia cambió como consecuencia del curso celebrado en el edificio público vigilado por la “seguridad clasista”, y de la impartición de tres sesiones sobre “Pobreza y Exclusión” a las que asistí con la modesta intención de adquirir algún pequeño conocimiento, y que se convirtieron en el disfrute de una experiencia tan interesante como enriquecedora.
    El siguiente paso era, lógicamente, tratar de prolongar la experiencia leyendo sus reflexiones en este blog, y he de decir que su lectura me ha resultado igualmente enriquecedora e interesante, además de estimular mi curiosidad por tratar de averiguar más sobre algunos de los temas, y de acercarme a algunas obras a las que probablemente de otra forma no habría prestado atención.
    Aún así, y con todo lo importante que pueda ser lo que acabo de contar, no es, ni de coña, la principal razón por la que le leo. La razón fundamental de que siga diariamente este blog es que leyéndolo me lo paso pipa, me divierto muchísimo.
    Y es que en el fondo una de las mejores razones para la fidelidad es el regocijo.

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  11. Muchas gracias, Alferrak. Suelo guardar los rostros de los que atienden mis clases y me fijo en su lenguaje corporal para saber si les interesa lo que les digo o, simplemente, están cumpliendo con el expediente. Creo saber quién eres, pero, a estas alturas, es igual. El caso es que yo también disfruto mucho cuando encuentro en el auditorio una masa crítica de interesados en lo que digo. Es la curva normal: un pequeño porcentaje, se duerme; otro pequeño porcentaje, al otro extremo, está visiblemente interesados (y para ellos hablo); y, en medio, un gran grupo de gente que toma apuntes.
    Salud

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  12. Estoy haciendo un curso de cómo utilizar blogs. El profesor sabe muchísimo del tema, pero habla y enseña como si le fuera la vida en ello. Me explico: A CIEN POR HORA. Hoy es el último día y, después de leer tu blog, queridísimo José María, tengo que terminarlo por narices. De mayor...quiero ser como tú. Gracias por explicarnos cómo va este loco mundo. Y, por favor, sigue escribiendo en el diario de Alicante. me encanta lo que dices y cómo lo dices. Una fan incondicional. Ya sabes quién soy, no? Un abrazo

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    1. Chusita, ¿qué te voy a decir que tú no sepas? Muchas gracias por tu apoyo.

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    2. Chusita, ¿qué te voy a decir que tú no sepas? Muchas gracias por tu apoyo.

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