Esta mañana he leído en un periódico de los que se creen serios el siguiente titular: "España afronta su cita con la historia en el mundial". No me queda claro si es en ese momento que afronta su cita con la historia o su cita histórica es con el mundial. Pero si yo fuese un lector de lectura lenta, como era mi admirado Gaston Bachelard, habría pensado lo siguiente:
- "España afronta". Sujeto y verbo. Pero el sujeto es confuso. No sé si se trata del país en su conjunto -todos sus habitantes-, de sus instituciones políticas en su conjunto -desde los ayuntamientos al gobierno central que otros llaman "Estado Español", pero no el periódico en cuestión-, de su gobierno o de sus instituciones más influyentes (Bancos, Cajas, empresas, sindicatos, patronales y otros mindundis). Pero el verbo anuncia que nos encontramos ante un asunto de trascendental importancia. No se afrontan asuntos baladíes.
- "Cita con la historia". Hago la interpretación más peyorativa para el periódico y supongo que, efectivamente, España -sea lo que sea-, afronta un momento trascendental en su historia, algo que marcará un antes y un después. No sé si se trata de un nuevo "descubrimiento", de unas nuevas "reducciones" jesuíticas, de una superación de los rumores sobre su insolvencia pública y/o privada o, lo cual sería ideal, de un desmentido fáctico a las predicciones de Goldman Sachas o del Pew Research Center (reproducidas, en su día, aquí).
- "En el mundial". Ahí no tengo más remedio que suponer que se trata del mundial de fútbol en Sudáfrica y del partido que todavía se juega entre el equipo de España y el de Paraguay (no entre España y Paraguay, que sería otra cuestión). Y lo sé, en particular, porque he aprovechado el momento en que se producía un Gran Silencio digno de las monjas de clausura para ir a hacer la compra de sábado en una gran superficie suponiendo que no habría nadie. No había nadie, pero por los altavoces se estaba retrasmitiendo el partido de marras.
Mi desinterés por el fútbol es, en parte, excesivo y, en parte, demasiado reactivo y algo pedante. Pero es real y casi visceral mi rechazo a la lectura nacionalista de lo que hacen determinados mercenarios bien pagados que, durante el año, juegan en equipos de otras "naciones" (incluso de otras "nacionalidades" dentro del Estado Español / España) y, de vez en cuando, defienden "nuestros" colores en un negocio privado que se llama FIFA en el que participan ingenuamente algunos gobiernos haciendo inversiones públicas poco rentables. Ni he ganado, ni perdido ni empatado. Ellos sí. Y los que gritan, que lo disfruten con salud. Lo digo porque algunos son amigos míos.

Y no solo es con el fútbol, ahora mismo con los "triunfos" en otros deportes, se habla con más fuerza de la "unidad nacional", del "orgullo patrio", de la "potencia mundial" y de la "falta de rivales", todas aseveraciones que aglutinan y distraen con facilidad, lo que me hace recordar las estrategias usadas por los sistemas sociales de Huxley o de Orwell, que se regulaban de manera sencilla con un el soma, o con los minutos del odio... sólo coincidencias?????
ResponderEliminarLa versión benévola es que hay quien está aprovechando que el pisuerga pasa por valladolid para exaltar el patriotismo. La que me temo que es la más apropiada es la orwelliana que indicas: guerra es paz y todo aquello, con un Malo-malísimo al que odiar, y un mundo con tres polos en guerra continua. Orwell fue un genio. Los que ahora pretenden construir una sociedad totalitaria irreversible, por suerte no lo son. Pero son de bestias... Y en este caso ya no estoy hablando de las Españas.
ResponderEliminar