El otro día, en una mesa redonda, me atreví a decir que las muertes en Ciudad Juárez habían aumentado con la llegada del ejército, y no disminuido. Era un poco osado por mi parte, dada la absoluta falta de información al respecto, pero reflejaba lo que había leído en la prensa mexicana mientras estuve allí. Ahora veo que seguimos sin tener buenas cifras, pero que la conclusión es la misma: hay más muertes ahora que antes de que entrara el ejército. Las razones incluyen que a la violencia causada por el narcotráfico se añade la violencia causada por el ejército que, hasta hace pocos días, tenía carta blanca.
Obvio que hay una lucha entre bandas por ver quién controla el territorio. Como la hubo en "Chicago años 20". Si no, la violencia sería menor. Y obvio que, en algunos puntos de la estructura, hay feas connivencias entre algunos miembros de las fuerzas armadas (policía incluída) y el narcotráfico y entre ambos y puntos concretos de la clase política. Si no, no se explica.
Pero lo que para mí es fundamental es que el problema no está en Ciudad Juárez. Claro que, como digo, hay cuestiones locales, a las que se añade el desempleo y la pobreza y la salida que supone para algunos jóvenes el sicariato y el camellismo. El problema tampoo está en la producción, sea en Bolivia o en Colombia. El problema está en la demanda, en el consumo y en el uso que se hace de la distribución de la droga entre los consumidores, amén del papel desestabilizador que tiene el lavado de dinero que proviene de dicho tráfico. Y no haría falta decirlo, pero, por lo visto, hay que repetirlo: el mayor beneficio se obtiene no en el lugar de producción o en el de trasmisión (como Ciudad Juárez), sino en el lugar de consumo, sean los Estados Unidos en América, sea España o Inglaterra en Europa. El beneficio está ahí, ahí está el dinero negro y esos son los centros importantes del problema.
Pero si queremos seguir fascinados con la violencia de Ciudad Juárez, podemos seguirlo. No quito en nada la dramático de la situación. Simplemente, como diría Sciascia, "a ciascuno il suo": a cada cual, lo suyo.

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