lunes, 16 de noviembre de 2009

Highly motivated and quite aggressive

Así define Wallerstein, en su último Commentary, a los partidarios del Partido Republicano. Cuenta que hubo un tiempo en que los dos partidos se parecían mucho y, por tanto, se disputaban a los "independientes", más o menos centristas. Pero que ahora, aunque el Partido ´Demócrata sigue con sus bases y su tendencia de centro-izquierda, los republicanos se han movido muy a la derecha. En teoría les tendría que haber restado votos y no ha sido así. ¿Por qué? Su respuesta está en el título de este post: la reducción de base social se ha compensado con unas bases muy motivadas y algo agresivas.
Curioso que algo semejante se pueda decir del Partido Popular en España, ejemplificado en esas personas que, venga o no venga a cuenta, con ocasión y sin ella, repiten machaconamente los eslogans del Partido que, sí, parece que se ha movido algo más a la derecha.
Algún caso así me he encontrado en Quito entre los anti-correístas, muy motivados para proponer argumentos contra el Presidente Correa y con tonos bastante agresivos. Como sucede con el Partido Popular en España, olvidan que algunas de las cosas de que acusan a Correa vienen de antes y, en el caso del Partido Popular español, vienen de cuando gobernaba el Partido Popular en España.
Este tipo de motivación y entusiasmo apostólico explica por qué va a ganar el Partido Popular en las próximas elecciones generales si nada cambia: sus bases se van a lanzar a las urnas, mientras que muchos que antes votaron al Partido Socialista se irán a la abstención.
En el caso del Ecuador la cosa es algo más complicada cuando se pasa de este diagnóstico a un pronóstico electoral: la base de Correa sigue siendo sólida, su popularidad, aunque menguante, es muy alta y no hay figura visible que le pueda hacer sombra como alternativa. Cierto que hay muchas cosas que puedan cambiar. Pero no descarto un segundo mandato o, en todo caso, el mantenimiento de Aliznza País en el poder.
Y en el caso estadounidenses, muchas cosas me hacen pensar en el fracaso de Obama en su intento de obtener un segundo mandato. La crisis le está pasando factura y los más progresistas no ven por ninguna parte, a lo que dicen, ni el cambio ni el "yes, we can".
Lo que me resulta más sugestivo es la presencia de estos votantes y militantes tan motivados y tan "agresivos" (cierto, no físicamente, pero sí verbalmente). Cierto que, en el caso del Ecuador, he hablado con gente de todo tipo: desde el que votó nulo y ahora apoya a Correa hasta el que votó por Correa y ahora votará nulo. Y gente que matiza, evalúa y no reduce su análisis a un simplón escenario de blanco (nosostros, los buenos) y negro (los otros, los malos), sino que ve lo que de bueno y de malo, desde su propia perspectiva, están haciendo los diferentes gobernantes. Pero sería preocupante que aumentaran estos hinchas de los partidos. Porque la agresividad podría pasar a otro nivel y eso, una vez más, me recuerda lo sucedido en la Gran Crisis del 29.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Estar informado

Una semana hablando en Quito con gente de todo tipo sobre la situación ecuatoriana, que será seguida otra semana en Cuenca, no me garantiza acabar entendiendo qué sucede aquí.
Quizás mi error sea el intentar cubrir enfoques tan heterogéneos. Por supuesto, las cosas no se ven de la misma forma en la capital que "en provincias", pero no hay argumentos sólidos para preferir una versión a otra, aunque, en mi caso, tienda por ideología, a favorecer la perspectiva provinciana.
Entre la gente con la que me he visto y con los que he charlado (las mäs de las veces en torno a un café o con mesa y mantel si no incluso con un par de roncitos en el cuerpo) no están todos en el mismo lugar en la escala social  ni comparten la misma ideología. Desde correístas a muerte a los anticorreistas furibundos pasando por los correistas pragmáticos y los que ven la cosa con distancia, he recibido todo tipo de apreciaciones. Desde lo bien que lo está haciendo el gobierno a lo mal que lo está haciendo y esto último desde los que lo critican por no haber sido radical a los que lo hacen por serlo tanto.
Ha charlado con ministros, ex-ministros, altos funcionarios, políticos extranjeros, profesores universitarios, oenegeros, profesionales y jubilados. Y el mosaico que me resulta carece de sentido.
Bien es verdad que, al ser conversaciones de café, el discurso no tiene ninguna lógica sino que los temas van saliendo y se salta de uno a otro. Además, se da por supuesto que el interlocutor (chapetón en mi caso y, por tanto, ajeno a las claves locales) conoce los personajes y asuntos de los que se está hablando y que si se dice "lo que pasó con Pepito", se comprende a qué se está refiriendo el que habla. Lo primero, lo de la acumulación incesante y desordenada de sucesos y personas es lo que proporcionan los medios de comunicación. De ahí que las personas busquen aquellos medios que les dan la interpretación adecuada del caos que es el acontecer.
Lo segundo es propio del paso de la lectura de periódicos de un país a otro. Los periódicos dan por supuesto que el lector sabe a quién se refiere el periodista que dice "ayer en Carondelet", pero no todo extranjero sabe que se está refiriendo al palacio presidencial. Peor todavía cuando son historias que se suceden en el tiempo. Normalmente, lo que uno lee resulta incomprensible al carecer de los antecedentes.
El problema de producir orden (cognoscitivo) a partir de un caótico fluir de elementos no se resuelve fácilmente. Una opción es quedarse en la narración de esos hechos consuetudinarios que acontecen en la rúa. Con un olímpico "no están maduras", el ciudadano se contenta con repetir en la tertulia lo que dicen que han dicho. Si tiene algo más de información podrá añadir "creo que tal ministro va a caer" o "el asunto con Colombia parece que se cierra" o "la crisis energética puede acabar con el régimen", mezcla de información y predicción que puede llegar a "podríamos tener un referéndum revocatorio en un año". No añaden necesariamente comprensión a lo que sucede y muchas veces añaden mayor confusión.
La otra opción es la de buscar un principio explicativo que introduzca un mínimo de orden. Algunas ideologías son particularmente útiles a este respecto aunque, por lo general, practican una brutal "navaja de Ockham": borran todos los datos que no encajan con la ideología y ensalzan los que la refuerzan. Cercanas a las ideologías son la mayoría de supuestas "teorías", es decir, dichos y aforismos de clásicos que permiten organizar el caos. En este caso, suele haber modas: ahora se llevan las interpretaciones culturalistas aunque parece que esta temporada vuelven las interpretaciones clasistas.
En todo caso, no parece un buen principio de ordenación del caos el confundir datos con interpretaciones. Dato es lo que pasó (y ya se las trae determinar si pasó realmente y si no hay una infra-historia -como la que me dan en la cena de que Felipe González cayó en España por manejos de la CIA con la corrupción-). Interpretación es lo que suponemos que pasó y las cadenas causales que creemos que han dado.
Sigo buscando el factor que me introduzca orden en este caos, pero reconozco que todavía no lo he encontrado. De todos modos, instalarse en el caos tampoco está tan mal. En todo caso, no es peor que aferrarse a una interpretación preconcebida.

jueves, 12 de noviembre de 2009

La amenaza afgana

Aunque el embajador estadounidense en Kabul desaconseja que se envíen más tropas a Afganistán, todo parece indicar que el gobierno de los Estados Unidos, en lugar de dejar Iraq y olvidarse de Afganistán, va a quedarse en Iraq e incrementar su presencia en Afganistán. Así que los recogedores de opinión se han puesto a preguntar por ahí, entre otras cosas, si los encuestados creen que será una amenaza o no para el bienestar del propio país si los talibán vuelven al poder en Afganistán (que es lo que, supuestamente, se trata de evitar). Estas han sido las respuestas obtenidas por el Pew Research Center.


Vamos a olvidarnos de la segunda parte del grafico. Está ahí porque no he podido borrarlo. La primera parte indica que, efectivamente, la opinión mayoritaria en casi todos los países encuestados es que el retorno al poder por parte de los talibán es, realmente, una amenaza para el bienestar de los ciudadanos de los respectivos países ¿Sin duda?
Bueno, se calcula que hay unos 40.000 talibán armados que se enfrentan a 100.000 soldados entre estadounidenses y de la OTAN en Afganistán (curiosamente, el aumento que se pide es de 40.000. Será por empatar). La probabilidad de que la victoria ocurra "manu militari" es escasa. Otra cosa sería que el gobierno "legítimo" de Karzai se hundiese y su vacío fuese ocupado por estos insurgentes. Pero 100.000 soldados parece que pueden ser un buen dique en un país que no llega a los 29 millones de habitantes.
Por otro lado, la pregunta da por supuesto algo muy discutible: que los 40.000 talibán son una unidad homogénea. Al parecer, una parte de los insurgentes viene de la noche de los tiempos. Son los llamados "señores de la guerra" y, probablemente, ya estaban, como organización, cuando Alejando Magno o el Imperio Británico. Otra parte, en cambio, forman parte de la creación, por parte anglosajona, de una fuerza yihadista que se opusiese al ejército rojo. Estos frankenstein son, según dicen, los más duros. Se comprende: inicialmente fueron apoyados por la CIA. Pero la heterogeneidad talib no termina ahí: es probable que haya grupos que han aparecido gracias al apoyo, posterior a lo anterior, por parte de Pakistán. Y, finalmente, hay talibán que son simples bandidos que actúan bajo la franquicia talib pero que en realidad actúan como una franquicia de los susodichos.
El problema de estas "guerras asimétricas" es que no se pueden ganar por parte del fuerte. El débil (los 40.000 divididos) vence resistiendo, manteniéndose en activo, cosa que pueden hacer comprando armas a cambio de opio. Pero ¿en qué consistiría la victoria del fuerte, de los 100.000 hijos de los Padres Fundadores? No pueden aniquilar a los talibán, ni pueden imponerles un armisticio o un tratado cuando, además, el gobierno es el que es, al margen de su corrupción rampante y de su dudosa legitimidad democrática -el gobierno de Obama ha reconocido a "nuestro hijo de puta"-.
Pero, aun así, supongamos que los talibán retoman el poder (un poder al que accedieron con la ayuda de los Estados Unidos, con la lógica de la Guerra Fría -eran enemigos del enemigo de los Estados Unidos, luego eran amigos de los Estados Unidos- y que perdieron por la intervención de los Estados Unidos después del 11-S) . ¿De verdad que sería una amenaza para el bienestar de, pongamos, los españoles? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Habría más opio en el mundo del que ya hay? ¿Se produciría un ataque suicida contra la Alhambra, un momumento que todo wahabita debe despreciar? Se me escapa. Como se me escapa que alguien haya contestado que sí o que no. La pregunta es lo que es absurdo.
Es un uso abusivo de las encuestas de opinión. No parece que esta se haya hecho para ver qué pasa sino que se hace y se presenta para legitimar la decisión de aumentar las tropas extranjeras en Afganistán, es decir, aumentar la amenaza contra los afganos. Que es sencilla propaganda puede verse ya en el título con que se encabeza el estudio en cuestión y que es una manipulación aunque no sea más que porque evita referirse a Rusia, Hungría, Eslovaquia o Ucrania:

Americans and Western Europeans Agree on Afghanistan-Pakistan Extremist Threat

Pues nada, a por ellos, que son unos extremistas.

martes, 10 de noviembre de 2009

Venezuela, Colombia, USA o viceversa

El chófer que me ha traído al hotel lo tiene claro: lo ha dicho la radio y es que Chávez quiere entrar en guerra con Colombia porque Colombia ha dado cobijo a las siete bases estadounidenses en su propio territorio y que son , dice, antivenezolanas o, mejor, antichavistas.
Como el viaje me ha supuesto 24 horas entre mi cama de San Juan y la de Quito, no sé más que lo que vi en los periódicos el día antes, lo que he visto en los dos que me han dado en el vuelo y los que he podido ojear (de ojo) por internet hoy. Como siempre, hay para todo.
Tenemos, en primer lugar, la versión dominante y es la que refleja el título de este post. Son manías de Chávez que usa el   señuelo de Colombia para mantener sus posiciones antiimperialistas. Sea. No sería la primera vez en las que un mandatario utiliza asuntos internacionales para hacer olvidar asuntos internos. Franco lo hacía, lo hizo el "loco" Velasco en el Ecuador y lo hizo la Junta argentina con las Malvinas/Falklands. Está loco este Chávez que ve cómo se le hunde el sistema por él construido a base de clientelismo y subvenciones.
Hay, como siempre, una versión alternativa y sería la que tomaría un orden contrario al título: los Estados Unidos usan a Colombia para provocar a Chávez; van a usar las bases no contra el terrorismo y el narcotráfico como dice la versión dominante sino para invadir Venezuela y acabar con el chavismo.
Ambas tienen sus argumentos a favor y dependerá de qué medio se haya usado para decantarse por una o por otra o, para ser exactos, dependiendo de hacia cuál se haya decantado uno, se elegirá el medio apropiado que dé razón de la verdad innegable de la propia opinión previa a cualquier argumento.
No se olvide que Uribe no necesita más popularidad: podrá ser elegido por tercera vez y de manera holgada. Ni se olvide que Venezuela es el cuarto proveedor de petróleo de los Estados Unidos y que los Estados Unidos no están para permitirse el lujo de un aumento del precio del crudo o una suspensión momentánea (mientras duran las operaciones) del suministro de petróleo.
Total, que la realidad, una vez más, tal vez no sea ni blanca ni negra sino desconsoladoramente gris.