martes, 31 de marzo de 2009

Ya hay cambio climático

Aconsejo dar un vistazo a la crónica que hace Gerardo Honty (del CLAES) sobre el comienzo de la reunión en Bonn de los Grupos de Trabajo de la Convención de Cambio Climático. El gobierno de los Estados Unidos vuelve al redil y su representante reconoce que no hay dudas científicas sobre el "cambio climático", cosa que el gobierno anterior negaba. Ahora, hasta en la página web del Departamento de Estado se ven textos reconociendo la urgencia del problema y la necesidad de afrontarlo. Y hasta se dice que los Estados Unidos liderarán dicho enfrentamiento. Quien te ha visto y quién te ve. Habrá que seguir qué dicen algunos voceros españoles al respecto, una vez su señorito ha cambiado opinión.
Pero, volviendo a lo de Bonn, el cronista subraya un hecho demasiado importante como para dejarlo de lado: países ricos y países pobres, cada uno de ellos atrapado en la lógica de sus mezquinos intereses, mezquinos porque pueden poner en peligro la supervivencia de la especie humana. El final del artículo es uno de esos que me hubiera gustado escribir a mí.

Censura en internet

Se puede pensar en internet como el más democrático de los instrumentos creados hasta ahora: todos tendríamos acceso a todo.
¿Todos? Bueno, todos no. Primero está el acceso mismo a internet, que queda reservado a los países ricos en general (aunque sus pobres no tienen acceso a la red) y a las minorías de los países pobres también.
Pero si hay censura, es de suponer que se tratará de países poco democráticos y fundamentalistas. ¿Cierto? Pues tampoco del todo. En Foreign Policy hay una lista de países que practican la censura en internet que resulta digna de ser visitada: Australia, Francia, la India, Argentina y Corea del Sur. Supongo que el gobierno chino y el gobierno cubano también tendrán su parte en la censura (y hasta google colabora por lo menos con el primero), pero no aparecen en la página de la revista. 

lunes, 30 de marzo de 2009

Darwin y Kropotkin

Lucha por la existencia y ayuda mutua son elementos que se han solido oponer como se oponían entre sí los autores que habrían hablado, respectivamente, de ello. Darwin habría sido el padre de la supervivencia del más apto en la selección natural y, trasladado al darvinismo social, habría sido el legitimador biológico de la hiper-competencia en nuestras sociedades, caiga quien caiga y bajo el lema de "todo vale". Hasta habría una lectura darvinista de Adam Smith, haciendo ver que el mercado es una forma de selección natural que hace vencer al más apto en la lucha por el beneficio. 
Al otro lado, tendríamos a Kropotkin, y su "Apoyo mutuo, factor de evolución", padre de la solidaridad intra-especie como factor necesario para la evolución. Trasladado a la vida social, Kropotkin sería uno de los portaestandartes del pensamiento libertario, anarquista en el mejor sentido de la palabra.
¿Se oponen? Ellos no.
Kropotkin, en la "Ayuda mutua", cita varias veces a Darwin y su "Origen de las especies" para decir que tiene razón, que hay lucha por la existencia, pero que la evolución no sería posible sin el apoyo mutuo dentro de las especies.
Darwin, en "La descendencia del hombre" , cita a Kropotkin otras tantas veces para decir que tiene razón, que hay ayuda mutua y hay lucha por la existencia.
Total, ninguno de ellos niega lo que dice el otro y creo que ahí radica el meollo de la cuestión: ambos tienen razón mientras no nieguen el argumento del contrario.
Nuestras sociedades parecen tener un "termostato" social que hace que los excesos en una u otra dimensión sean corregidos de diversas formas: o exaltando el contrario (a veces haciendo como que se niega el propio) o repartiendo ambos principios en campos diferentes de la actividad social, unos más competitivos (necesarios como desafío o acicate para la acción), otros más solidarios (necesarios como apoyo, punto de partida o colchón de seguridad). Cada uno de ellos actúa como colchón de seguridad contra los excesos del otro: el exceso de competencia es autodestructivo (lo hemos visto en estos últimos años, desde que Reagan dijo que ya bastaba de aquello de "no pienses qué puede hacer tu país por ti, piensa qué puedes hacer tú por tu país" y que había que sustituirlo por "piensa qué puedes hacer tú por y para ti mismo"). Pero el exceso solidario es un analgésico que lleva a la inacción y a la falta de motivación (no digo que sea el caso de Cuba, que si no me corren).
Darwin fue un genio. Kropotkin también. Pero una moneda tiene dos caras. ¿Dos? Falso. El canto, como lado de un cilindro, tiene infinitos puntos y, si es así, ver las cosas como darwinista o sólo como kropotnikiano es condenarse al simplismo.

domingo, 29 de marzo de 2009

Violencia de género

Salió en la mesa, hablando con gente de entiende del asunto, el tema de la violencia contra las mujeres y confesé que no acababa de entender por qué esa aparente frecuencia de casos entre inmigrantes. No sabía si se trataba de la conocida tendencia periodística a resaltar esa característica cuando se trata de algo negativo (como sucede también con los gitanos) o se refería a un hecho constatable. Parece que es constatable.
Lo que se me dijo, y es coherente con otras observaciones recogidas, es que las mujeres inmigrantes han aprendido, a pesar del todavía existente machismo ibérico, que, legalmente, en España tienen unos derechos de los que tal vez carecen en su sociedad de origen. El hecho es, me dicen, que las mujeres tienden menos a regresar a su país de origen que los hombres: por mal que estén aquí (que lo pueden estar), creen estar mejor que "allí", ya que "aquí" pueden comprar, vender, abrir cuentas corrientes y disponer con una facilidad que no siempre tienen "allí". Eso está bien, pero los varones lo llevan mal y puede ser un factor a añadir en la frustración que lleva a la agresividad y de ahí a la agresión contra la parte que se supone más débil y se constata como disponible como objeto de violencia. Si, encima, hay algún deshinibidor de por medio (alcohol, por ejemplo) y una mínima tradición en origen de sometimiento (incluso violento) de la mujer, la explicación está servida.
Se hizo una observación para hacer ver lo apropiado de esta explicación de tipo cultural: algunos gitanos, en un programa de televisión, habrían reconocido que, aunque se les haya podido ir la mano con alguna mujer alguna vez a alguno de ellos, sin embargo no hay feminicidio: su cultura no lo permite. Antes se hubiesen callado: hace un par de días se dio la noticia de una mujer gitana muerta a manos de su pareja igualmente gitano.
Excepcional, claro. Pero me sirve para evitar las generalizaciones en una dirección o en otra. Una cultura (la de la colectividad de origen de un inmigrante o la de un gitano) no un instrumento para predecir el comportamiento de los individuos que la componen. Una cultura, en cambio, es el resultado de observar a un grupo y extraer los comportamientos más habituales, pero nunca totalmente homogéneos: no hay cultura absolutamente homogénea, sino que todas se componen de subculturas (empresariales, de partido, de iglesia, de barrio, de equipo de fútbol, de club rotario) y de idiosincrasias individuales (cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas). 
Quiero decir que explicar mediante la cultura o los choques culturales determinados comportamientos (cosa correcta, a mi entender) no significa que podamos adjudicar a todos los miembros de dicha cultura un determinado comportamiento. La cultura es un factor explicativo, pero su capacidad para predecir el comportamiento individual es más bien escasa.

Las esencias nacionales

Es comprensible que se recurra a las esencias de la propia nación, pero así no se resuelve nada: cada cual tiene sus propias esencias. En el caso español, los españolistas y los nacionalistas periféricos (nacionalistas vascos y catalanes básicamente) tienen las suyas. Recurrir a una ley hecha por los hombres para legitimar o desletigimar una entidad metafísica como la nación tampoco lleva a mucho. En el caso boliviano, los nacionalistas bolivianos y los nacionalistas de la media luna. Son dos casos dignos de compararse, como ya he hecho otras veces. Un referéndum al margen de la ley vigente pero aduciendo derechos previos a esa ley. Cada cual elegirá lo que más le convenga: los nacionalistas cambas y los nacionalistas vascos saben que sus derechos como nación son inalienables, diga lo que diga la Constitución de rango superior, rango que no reconocen. Los jacobinos de uno y otro país saben que su respectiva nación es el sujeto de la soberanía y, por tanto, que los cargos políticos cambas y vascos los ejercen por la ley que deriva de esa soberanía. En el caso español, el gran argumento para decir que existe la nación española y que es indivisible es que así lo dice la Constitución de 1978. Los nacionalistas vascos niegan la mayor: no existe la nación española sino el Estado español, formado por naciones que tienen el derecho de autodeterminación (lo que, eufemismo al canto, se llama "derecho a decidir"), que es lo que también dicen los cambas.

Aceptemos por un momento ese derecho a decidir. No es fácil ya que no es tan sencillo saber quién es exactamente el que tiene derecho a decidir y con qué porcentaje puede decidir. Pero asumámoslo como no problemático. ¿Qué consecuencias tiene? Pues que Vitoria, ahora, podría plantear, a partir de sus Juntas, separarse del País Vasco que quiere separarse de España ya que ellos, democráticamente, quieren seguir como están. ¿Impensable? Siempre hay un antecedente: Si Kosovo quiere separarse de Serbia, Mitrovica (se pronuncia Mitrovitsa) quiere tener su parlamento separado del de Kosovo, ya que sus serbios no quieren separarse de los otros serbios.

Recurrir a las esencias no ayuda mucho. Todo el mundo recurre a las propias para legitimar sus intereses políticos.Y la invención de nuevos derechos (los lingüísticos, sean individuales o colectivos) tampoco va más allá del banderín de enganche. En la Bélgica europea, hay una protesta de los francófonos por determinadas políticas supuestamente aplicadas por los flamencos entre las que están las de la obligación a rotular los negocios en una de las lenguas (que parece una manipulación a partir de casos concretos) y algunas, locales, más bien curiosas. Al fin y al cabo, los flamencos sienten que sus derechos lingüísticos deben ser defendidos ante la amenaza francófona. Si ahí lo tienen más fácil, donde no hay modo de aclararse es en España con los derechos individuales o colectivos, con la libertad frente a la identidad, con la legítima defensa del castellano o del catalán y así sucesivamente.

Son caminos que no conducen a nada y, si lo hacen, lo suelen hacer mediante la imposición de unos sobre la voluntad de otros. Y si, como sucede en el caso vasco, su parlamento (como su sociedad) está dividida fifty-fifty, el recurso a las esencias es perfectamente inútil. El caso de las lenguas tendría que ser una cuestión más pragmática y menos esencialista. Y reconocer que la mayoría de materiales que uno encuentra en internet están en inglés (los que enlazo hoy, para cambiar, están en francés). El problema es otro. Y para las naciones dejarse de mandangas que ocultan otros intereses (bastante espúreos en el "media luna" boliviana y de política a corto plazo en el caso vasco) y plantear con claridad la cuestión de que se trata: del poder por parte de una clase política dividida y no demasiado preocupada por el "pueblo" (o la "nación") de la que tanto hablan.

En el caso vasco, las tácticas son visibles: el PNV quiere ser el mediador entre ETA y los nacionalistas españoles vascos; el PSE quiere ser el mediador entre los nacionalistas vascos (ETA y PNV) y los nacionalistas españolistas propios y de Madrid (el PP). ¿Por qué? Porque quieren ganar las próximas elecciones locales. ETA queda en su sitio de siempre: violencia terrorista. Y el PP intenta recomponer sus posibilidades de lograr el poder en el gobierno central reduciendo sus pasados excesos españolistas que tantos votos les han costado en las últimas elecciones generales en las comunidades autónomas vasca y catalana. Sólo ETA sigue apegada a sus esencias de las que se creen los únicos auténticos representantes. Inútilmente. Son los únicos que es evidente que no pueden ganar, es decir, lograr sus objetivos declarados de una Euskal Herria (con Navarra y los departamentos vasco-franceses) libre y socialista. Tal vez por eso sólo les queda la violencia, que es la mayor expresión de su fracaso.

(Importado de mi antiguo blog, donde lo colgué el 28 de junio de 2008, y de donde lo bajo ahora por sucesivos ataques de spam vende-viagra)

sábado, 28 de marzo de 2009

Los nombres de las cosas

Primer modelo: ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? El título de la película de Gómez Pereira es el primer acercamiento. Hay que buscar, viene a decir, el nombre auténtico de las cosas. No se puede llamar amor a lo que tendría que llamarse (porque es) sexo. Las cosas, ahí fuera, son una cosa y las palabras lo reflejan. Hay que buscar, pues, la palabra apropiada para la cosa apropiada. No se puede llamar dictadura a lo que es una democracia, ni populismo (como explicaba Enrique Iglesias -el político, no el cantante- esta mañana) a lo que es popular, ni globalización a lo que es neoliberalismo. Como hay partidarios y contrarios de la cosa, la elección de la palabra (sobre todo si tiene connotaciones peyorativas) es cuestión capital: no podemos usar una palabra que implica algo negativo para algo que nos gusta y a favor de lo cual estamos. Pascual Serrano lo ha expresado muy bien: llamamos democracia a lo que hay en España y llamamos dictadura a lo que hay en Cuba cuando podríamos llamar democracia deficiente a lo primero y auténtica democracia a lo segundo. ¿Por qué lo llaman una cosa cuando tendrían que llamarlo con otra palabra?

Segundo modelo: What is this thing called love? Es la simpática canción de Cole Porter en la que se pregunta qué es eso que llaman amor. Tenemos las palabras ("nomina nuda tenemus", como termina El nombre de la rosa) y se trata de saber qué significan exactamente. Qué significa democracia, globalización, populismo, neoliberal es una cuestión no tan sencilla. Ahí no hay más remedio, en contra de la canción de Porter, de recurrir al uso que se hace de las palabras. Descubrimos que cuando decimos una palabra (amor, por ejemplo, o, por seguir con el ejemplo de Serrano, democracia), unos entienden una cosa y otros otra. De la palabrita globalización hay recogidos hasta un centenar de significados. Si se pregunta "What is this thing called globalization?" la respuesta es: muchas cosas y diferentes. Digo como contenido, porque las valoraciones que suscita la palabrita son también variadas desde los que lo ven como la panacea universal (Guillermo de la Dehesa, por ejemplo, y, en su momento, Manuel Castells) a los que lo ven como la causa de todos nuestros males (altermundialistas, antes llamados "antiglobalización" -¡sic!-). No es obvio que se estén refiriendo a cosas diferentes (cada cual cuenta la feria según le ha ido), pero el hecho es que, atendiendo al uso e incluso a las definiciones que se dan de esas palabras, estamos en el reino de la polisemia, de los muchos sentidos para una sola palabra con la que, de hecho, la gente se refiere a muchas cosas que están ahí fuera. Una variante de este primer modelo es la de los que buscan a la "verdadera" democracia, al "auténtico" comunista, al "genuino" de izquierdas o al intelectual "puro". Se supone que tienen la definición correcta y lo que buscan ahí fuera es quién se adecua, en su comportamiento o en su lenguaje, a la definición. El problema es que todas son palabras polisémicas, así que tenemos que recurrir al tercer modelo.

Tercer modelo: Humpty Dumpty en A través del espejo. Alicia se maravilla de que use una palabra con tantos significados diferentes y Humpty Dumpty le responde que es cuestión de saber quién manda en cada caso, porque el que manda es el que da significados a las palabras. También podría ser el modelo orwelliano de Mil novecientos ochenta y cuatro, con el "newspeak" y el "doublethink". El que manda es el que da el significado. Es, si se quiere, la tradición judía que recoge Bob Dylan: "Man gave names to the animals, from the begining, from the begining". Una de las tareas que tenía Adán en el Paraíso (el de la fotografía que acompaña este blog) era el de dar nombre a los animales como signo de poder. Como no existe una real Real Academia de la Lengua para estos menesteres, la lucha, en muchos casos, es por las palabras. Pero cuando sólo cuentan las palabras, se trata de charlatanería.

(Importado de mi antiguo blog, donde ha recibido más de un centenar de spam de un soplagaitas que, en inglés, después de decir que le gusta el blog, aprovecha la ocasión para intenter venderme viagra... como si uno la necesitase...)

Conflicto y hostilidad

Es habitual, en el campo de la investigación para la paz, afirmar que no es aconsejable quedarse en la violencia misma sino que, si se quiere acabar con ella o, por lo menos, reducirla, es preciso afrontar el conflicto que la subyace. Se parte, a lo que parece, del supuesto de que, debajo de toda violencia, hay un conflicto de objetivos (incompatibles) o de intereses (igualmente incompatibles), conflicto que se "resuelve" en violencia sea porque la frustración de no lograr los objetivos o intereses genera agresividad sea porque se cree que la violencia, en plan justas medievales, resolverá el conflicto con vencedores y vencidos, sea por el Juicio de Dios, sea por el aniquilamiento del contrario.
Sin embargo, es frecuente encontrar en la vida cotidiana y, probablemente, en las relaciones entre grupos, gobiernos y hasta "naciones", situaciones en los que se está al borde de la violencia directa o incluso que se llega a ella sin que sea tan sencillo hablar del conflicto subyacente, porque igual no lo hay.
En primer lugar, están las situaciones que autores como Galtung llaman "metaconflicto": hubo, tal vez, un conflicto, pero ya nadie se acuerda de él y lo que queda, como se pone de manifiesto en el primer cuadro del "Romeo y Julieta" de Shakespeare, es una hostilidad entre personas y grupos cuyo origen se desconoce, pero que llevará o puede llevar a la erupción de la violencia (aunque no sea más que a la violencia verbal, al anónimo, a la insidia o a la calumnia). El grupo de Motescos que se encuentra con los Capuletos en la Verona de la obra sólo saben que se encuentran en una espiral de la violencia, de acción-reacción que nadie sabe detener porque no hay modo de resolver, trascender o superar el conflicto subyacente por la simple razón de que nadie lo conoce.
En segundo lugar, la hostilidad puede ser el resultado de una escalada de malentendidos que llevan a etiquetar al otro como potencialmente amenazador y, por tanto, necesariamente neutralizable. No es que el Otro (persona, grupo, "nación") quiera algo que yo también quiero y no podamos tener los dos a la vez o que tenga intereses incompatibles con los míos. Es que el Otro parece que no me quiere bien, a lo cual yo respondo con gestos inamistosos, que él interpreta como gesto pre-violento, que yo interpreto como probabilidad de agresión, que él interpreta como necesitado de un "ataque preventivo". No es impensable. Las percepciones mutuas son tan importantes como los intereses o los objetivos, incluso para los que somos algo escépticos sobre el papel de la cultura o las mentalidades en este tipo de problemas. Por muy escéptico que uno sea, los hechos son tozudos. y las percepciones (equivocadas o acertadas) forman parte de la realidad como la lluvia, el sol o la cotización del dólar.
Sin duda que hay que ser buenos y evitar esas situaciones difundiendo una cultura de paz y una cultura del entendimiento mutuo y de la ayuda mutua como factor de evolución, que diría Kropotkin. Pero predicar que hay que ser buenos, por muy satisfactorio que sea, no evita que uno pueda ser percibido como malo, que esa percepción genere una contrapercepción y que, a partir de ahí, se produzca una escalada de percepciones hasta llegar a situaciones de evidente tensión que se puede resolver de muchas formas. La primera y obvia, es el diálogo, pero no siempre es fácil cuando los puentes han sido volados por esas mismas percepciones (insisto, equivocadas o acertadas, y uno, en autodefensa, puede pensar que si son acertadas, mejor no acercarse al otro desarmado, lo cual hará que el otro, al verme armado, se arme y me reciba armado etcétera).
En general, uno es bueno mientras no tiene otra cosa que hacer que un trabajo seguro en el que no compite con nadie y que no implica que tenga que decidir sobre cosas ajenas. Si compite con alguien, la cosa ya se complica. Y si tiene que decidir entre A y B, ambos convencidos de merecer la elección, y elige a B, A pensará que se ha cometido una gran injusticia con su persona y B sabrá que no tiene nada que agradecer ya que sólo se ha reconocido la obviedad de su mucho valer. Total, que A comenzará a pensar que ha sido objeto de hostilidad por parte del que ha tenido que elegir (digamos que en un tribunal de oposiciones, de las de antes), con lo que comenzará a tener comportamientos que o son hostiles o son percibidos como hostiles por parte del que tuvo que elegir y de ahí a la escalada no hay más que un paso. Pero ahí no hay conflicto que valga. Es otra cosa y la mediación y la resolución de conflictos sirve de poco. Ajo y agua, muchas veces.

viernes, 27 de marzo de 2009

Capitalistas poco liberales

Está claro que una cosa es el nombre que se le da al sistema (capitalismo, sistema que funciona centrado en el capital) y otra cosa son los que se benefician de él (los capitalistas, pero también la rémora que vive bajo el tiburón y se alimenta de lo que sobra de las dentelladas de la bestia).  Eso ya lo sabía.
Lo que me ha fascinado es cómo se ha traducido un "Libéraux contre le libéralisme"  (liberales contra el liberalsimo) al inglés como "Capitalists Against Capitalism" (capitalistas contra el capitalismo). Lo primero viene en Les Echos y lo segundo en TruthOut. Siendo una traducción, es evidente que ambos se refieren, en el cuerpo del artículo, al mismo asunto: a la falta de escrúpulos de determinados personajes de la vida económica (a partir del escandalillo de AIG, un asunto menor si uno se pone a comparar y valorar) como para poner en peligro el sistema del que se benefician.
Pero lo que me fascina, digo, es la traducción porque, según ella, los liberales son los mismos capitalistas que están contra el capitalismo por estar contra el liberalismo. 
Históricamente, en Europa los liberales fueron los menos conservadores dentro de los capitalistas (los había muy reaccionarios). Con el tiempo, se confundieron con los socialdemócratas, otros capitalistas.
Pero ahora...

Varios "ismos"

Contó Johan Galtung recientemente en Ginebra que, entre los factores de producción, el sistema en que vivimos había dado una excesiva prioridad el capital (de ahí capital-ismo) y, por tanto, se había hablado de crecimiento económico como crecimiento del capital y, añado, se habían supeditado otros intereses a los intereses de los capitalistas. Él propone que se añadan los intereses de la mano de obra (humano-ismo) y del medioambiente (naturaleza-ismo). 
En términos menos propositivos y más analíticos, parece claro que ha habido intentos de llevar el agua al propio molino haciendo dominante a uno de los factores de producción. Añado y modifico ligeramente:
  1. Capital. Cierto que el sistema en que vivimos estos últimos siglos se llama capitalismo por algo. Se trata de ese sector de la actividad económica, ocupada por personas concretas y clases sociales concretas, que está por encima de la "economía de mercado" (pequeñas y mediocres empresas, que diría Ferdinand Braudel) y de la "economía material" (trueque, autoabastecimiento, economía sumergida).  Ahí no hay competencia sino acuerdos para meximizar los propios beneficios a costa del resto de la sociedad, y eso ya estaba en Adam Smith, en La riqueza de las naciones.
  2. Trabajo. Yo no hablaría de "humano-ismo", aunque esa dimensión espiritual de la actividad humana a la que se refiere Galtung no tiene por qué ser descartada. Y es que ya hay un nombre para los intentos de someter la actividad económica a los intereses de este factor de producción: se llama "laborismo" en su versión blanda (de "labour")  y "socialismo" en su versión dura. Me refiero a los que lo hacen, a los que han pretendido ese sometimiento, no a los que se autodenominan tales como el Labour inglés o los socialistas españoles.
  3. Materias primas. Se puede generalizar a "Naturaleza" pero también ahí disponemos de un nombre al respecto: el ambientalismo o el ecologismo son intentos de dotar a la Naturaleza de derechos propios (como, por cierto, reconoce, por primera vez en la Historia, la nueva Constitución ecuatoriana, lo que, de nuevo, no significa que se esté llevando a la práctica como demuestran las discusiones allí sobre minería, extractivismo, cierre de pozos petrolíferos -Yasuní- y demás)
  4. Gestión. No disponemos de un nombre, pero sí ha habido interesantes intentos intelectuales de someter la actividad económica los intereses de sus gestores inmediatos. Y prácticas interesantes como las producidas por la "rebelión de los gerentes" en la Venezuela reciente y la más clara asunción de poder por parte de los gestores y no propietarios, haciendo saltar por los aires la idea de que, en definitiva, se trata de la "propiedad privada de los medios de producción". Como ya indicara Djilas, la "nueva clase" comunista consistió, precisamente, en esta preeminencia de los gerentes, como también ha sido el caso en los Estados Unidos. ¿Gerencialismo?
  5. Tecnología. Tampoco aquí hay un nombre disponible, pero algunos blablabla sobre la "sociedad del conocimiento" y sobre la sociedad post-capitalista apuntan en esa dirección del "tecnocratismo" propio de la tecnocracia. Tiene algo que ver con el punto 4, pero también tiene características propias.
La propuesta de Galtung es no rechazar ninguna de sus tres opciones. No es fácil de llevar a cabo. Y menos si de tres pasamos a cinco. Pero los factores de producción son los que son y las ideologías defendiendo con exclusividad a uno de ellos son también las que son, se llamen como se llamen y aunque las prácticas reales se sitúen en uno de los puntos mientras las retóricas se sitúan en otro.

jueves, 26 de marzo de 2009

Internautas antiamericanos

A veces a uno le gustaría acceder a los datos completos para cruzar algunas variables. Este ha sido mi caso con una encuesta de Gallup en la que se concluía que los que más acceso tienen a internet son también los que muestran actitudes más contrarias a los Estados Unidos (sin entrar a definir si eso es ser contrario a todo lo estadounidense, ser contrario al actual o anterior gobierno o ser contrario a los comportamientos "imperiales" de sus élites gobierne quien gobierne). Aceptémolos "at its face value", por su valor nominal. Esto es lo que parece: la barra de verde claro (los que desaprueban el liderazgo estadounidense, que ésa es otra) va aumentando a medida que aumenta el acceso a internet medido por ese "índice". El 25 por ciento menos comunicado da un 17 por ciento de gente que desaprueba dicho liderazgo mientras que el 25 por ciento más comunicado da un 54 por ciento.

Visto desde otro ángulo, la diferencia entre los que tienen acceso a internet y los que no lo tienen en lo que respecta a la aprobación del susodicho liderazgo es también clara:


Un 55 por ciento de los que tienen acceso a internet (siempre en esta encuesta internacional) desaprueban ese liderazgo frente al 31 por ciento de los que no tienen acceso a internet. En cambio, 30 por ciento de los primeros lo aprueba frente al 44 por ciento de los segundos que, por cierto, también tienen mayor porcentaje de los que no saben qué contestar.
Se puede entonar aquí un bello canto a internet como fuente de información (al fin y al cabo, es la mía, mayoritaria sin duda respecto a las restantes fuentes). Pero hay un problema y viene en este gráfico:



¿Qué quiero decir? Pues que, gracias a internet, puedo dudar de que sea internet el factor a considerar en la aprobación o desaprobación del liderazgo estadounidense (otros diríamos "hegemonía"). El peso de Europa en el conjunto de los que tienen internet es tan fuerte que necesitaría desagregar los datos por continente para ver si es cierto lo de internet. Igual es una correlación como la que había en las Españas en los años 60 entre el número de cigüeñas y la tasa de natalidad por municipios: era tan alta que podía llevar a pensar que los niños los traían las cigüeñas, cosa que no parece muy probable, que yo sepa. En realidad, había una tercera variable que explicaba a ambas: rural/urbano, con más cigüeñas y natalidad en el contexto rural y menos en el contexto urbano (años 60, no ahora). 
No se fíe de lo que, aparentemente, dice una encuesta. Siempre hay que rascar para ver qué pueda haber debajo y eso no es tan fácil de hacerse si no se accede a los datos de base. Así que nos quedamos con la duda de si los niños los trae la cigüeña o no, de si es internet o el continente en el que se vive lo que hace responder de una manera u otra. 
Desgraciadamente, tampoco lo publicado nos dice cuántos en total, entre los encuestados de un centenar de países, rechazan el liderazgo de los Estados Unidos que, como indiqué hablando de Kosovo, es algo que los opinadores españoles no rechazan sino que aceptan como parte de la realidad. 

miércoles, 25 de marzo de 2009

Kosovo y Afganistán

Fuera de dudas que el gobierno español ha sido algo chapucero al tratar la salida de sus tropas de Kosovo, inexistente según dicho gobierno ya que no ha reconocido su independencia. Pero a los Estados Unidos el asunto no parece preocuparles mucho. Tampoco es que estén tan empeñados en la zona, que dejan a los chapuceros de la OTAN (qué tiempos aquellos de la chapucería de Javier Solana). Afganistán es lo que les preocupa, pero tampoco como para ponerse fieros con Australia, cuyo gobierno no acaba de estar muy convencido de que se tenga que extender el mandato en dicho territorio. El problema está en otro sitio. Como siempre que los prestidigitadores agitan mucho una mano, hay razones muy de peso para pensar que lo importante está pasando con la otra mano. Que es la que no vemos.

Crisis

La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla es un libro de Juan Torres con Alberto Garzón que aconsejo por lo menos darle un vistazo. Pero mejor leerlo aquí. Son varias crisis que se retroalimentan.

"Etnia" y clase

No me gusta la palabra "etnia". La encuentro sospechosa de ocultar jerarquías entre los que no somos de ninguna etnia ("occidentales" blancos) y los que sí lo son (africanos, asiáticos, americanos). Suena a una justificación más del colonialismo: el derecho de "los de arriba" para colonizar a las "salvajes etnias" de "los de abajo". No he visto nada sobre la etnia española, francesa, italiana, inglesa o incluso galesa o escocesa (y no digamos catalana, aunque con el caso vasco tenga mis dudas). Pero la pongo en el título para referirme a los grupos definidos por rasgos culturales (sean la lengua, la religión, las costumbres, la "historia" -normalmente manipulada- o incluso la "raza" -construcción social todavía más problemática que la "etnia"-).
En esta época que parece estar finalizando, se ha asistido a una exaltación de los "grupos étnicos" junto a los "movimientos nacionalistas". La gran diferencia entre unos y otros es que los primeros, si han llegado a suponer algún movimiento social, no han tendido a reivindicar territorios propios sobre los que ejercer la autonomía o que se pudieran secesionar de un territorio mayor (normalmente habitado por una "no-etnia").  Son cosas que pasan, guste o no guste.
Lo que me ha resultado curioso es que estas exaltaciones (como las "guerras culturales" -"cultural wars"- en los Estados Unidos) se hicieran sin tener en cuenta las diferencias de clases o  incluso pareciendo que se hacían precisamente para ocultarlas. Al defender a un "pueblo" ("etnos" en griego, si no recuerdo mal), se olvidaba que no era homogéneo y hasta se presentaba como si lo fuese, como una "unidad de destino en lo universal", con perdón. 
En Bolivia, recientemente un grupo de aymaras ha asaltado la casa de otro aymara (Víctor Hugo Cárdenas, que fuera vicepresidente con el Goni Sánchez de Lozada). El asunto mereció el pasado 22 un buen artículo de Xavier Albó, antropólogo y jesuita, en La Razón (Bolivia), preguntándose qué hubiera dicho el también jesuita Lucho Espinal (ese día se conmemoraba el aniversario de su asesinato) al presidente Evo Morales y al dicho Víctor Hugo, ambos autoclasificados como aymaras. En el mismo medio, hubo a los dos días un análisis del sociólogo Félix Patxi sobre lo que significaba el hecho en términos locales.
Se puede defender a un "pueblo" saltándose sus clases sociales y se puede defender a una clase social (sean "los de arriba" o "los de abajo", incluso a "los de en medio", por seguir la clasificación de Orwell en Mil novecientos ochenta y cuatro) saltándose su pertenencia "identitaria". Preferiría que se hiciesen las dos cosas a la vez, y así se reduciría el peligro de mixtificación y manipulación interesada, sobre todo la de hablar de "etnia" para el propio ascenso en la estructura de clases. La clase política es muy dada a ello. Allí y aquí.

martes, 24 de marzo de 2009

Kosovo

Hoy hace diez años que comenzó el bombardeo (injustificado desde muchos puntos de vista, uno de ellos aquí) contra Kosovo entonces Serbia, antes Yugoslavia. Se castigaba de esta forma la desobediencia de Milosevic que no había querido aceptar que su país fuese ocupado por fuerzas extranjeras como se anunciaba en los acuerdos de Rambouillet. Los mafiosos no toleran la desobediencia y Milosevic fue castigado.
La cosa ha seguido (los bloques tectónicos de Alemania y Rusia vuelven a chocar en el mismo sitio, en un nuevo ejercicio de "longue durée" à la Ferdinand Braudel) y, recientemente, Kosovo declaró unilateralmente su independencia. España no ha aceptado esa posibilidad como si aceptar un principio supusiese que hay que aplicarlo. Es decir, el gobierno español teme que si acepta el principio de que los políticos de un territorio pueden declarar unilateralmente su independencia, los políticos catalanes y los vascos (por ese orden) podrían hacer lo mismo.
No tiene mucho sentido. Los principios, en el sistema mundial, suelen ser decorativos y sólo se aplican contra los enemigos. "Los de arriba" se reservan el derecho de hacer con ellos lo que les dé la gana, incluyendo el cambiarlos cuando les convenga (en buen marxista -línea Groucho-, "estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros"). Pero ésa es la razón que ha dado la ministra de defensa española para sacar las tropas que, bajo mando de la OTAN, se encuentran en Kosovo.
El asunto ha levantado notable polvareda en los medios hablados y escritos españoles (quiero decir publicados en España, aunque la propiedad de algunos sea sólo relativamente española) y la oposición del Partido Popular lo ha usado para hacer ver la poca fiabilidad del goberno español y su pérdida de prestigio a escala mundial.
Lo del prestigio es demasiado complicado para mí y no sé para qué sirve, excepto para la hidalguía y la pureza de sangre de los cristianos viejos, y lo de la descoordinación es suficientemente evidente como para insistir (Rodríguez Zapatero cada vez tiene más cruda la reelección). Pero lo que me ha interesado del asunto, como "el perro que no ladró" a Sherlock Holmes, es lo que se da por supuesto: Uno, que es un asunto de los Estados Unidos y sólo secundariamente de una alianza supuestamente multilateral llamada OTAN y, dos, que "el que manda, manda" y, por tanto, hay que rendirle pleitesía y no enojarle. La tarea de la rémora, del pececillo que nada bajo el tiburón es aprovecharse de los despojos que caen de la boca de éste, no la de cuestionar su hegemonía.
Los opinadores españoles dan, como parte de la realidad incuestionable (como que el Sol sale por oriente), que el liderazgo de los Estados Unidos ES y no discuten si DEBE SER. Está bien. La vita è così. Realismo, aunque a veces parezca realismo mágico.

lunes, 23 de marzo de 2009

ONU ó G-20

Un panel de reconocidos economistas (mejor hubiese sido algo más heterogéneo, pero ya se sabe que "no hay nada perfecto"), presididos por Joseph Stiglitz, va a llevar esta semana ante la Asamblea de Naciones Unidas la propuesta de que la "gestión" de la presente crisis pase a un Consejo de Economía Global, de unos 20-25 miembros, y no se quede en el problemático G-20. También se va a proponer en el próximo encuentro del G-20, de veinte, por cierto, tal y como aparece en el gráfico del Financial Times (y no está España, claro).
Parece una propuesta razonable que afronta el problema en su "globalidad" (planetaria) y no en su relativa "centralidad". El G-20, al fin y al cabo, está demasiado cerca de "los de arriba" a escala de países y no tiene en cuenta lo que sucede en el mundo, quedándose, como ya he comentado, en las defensas de los intereses de las élites globales, de las élites locales, del respectivo partido gobernante y, sólo al final, recurre al nacionalismo estatal para cubrir las vergüenzas anteriores. 
Un problema "global" tendría que ser afrontado "globalmente" (lo dice hasta Obama) y qué mejor que Naciones Unidas para hacerlo, con dependencia de la Asamblea y no tanto del Consejo de Seguridad del que, por cierto, la propuesta dice que el nuevo Consejo de Economía Global tendría que ser independiente.
Lo único que me mosquea es la lentitud con la que se está reaccionando, pero, insisto, desde mi desconocimiento, las propuestas de Stiglitz me parecen razonables. Lo cual quiere decir que supongo que no serán aceptadas por la estructura de poder mundial.

domingo, 22 de marzo de 2009

Patrón dólar / dólar patrón

Por lo visto, el tema que más me interesaría a propósito de la reunión del G-20 en Londres a principios de abril no se va a tratar. Me refiero al papel del dólar en el sistema mundial, y digo sistema mundial porque creo que va mucho más allá del sistema financiero internacional.
Me hago a la idea de que lo más importante de dicho encuentro, cuyos objetivos se han publicado, serán papel mojado por la simple razón, que ya he apuntado en otras ocasiones, de que los políticos tienen un problema mundial, pero a ellos les eligen en su país, no en el mundo. Es decir, que harán bellas declaraciones, se harán la foto de familia, y como ya sucedió en el encuentro anterior , el de Washington, y he contado, sus prácticas locales irán en función de sus propias elecciones locales y no en función del problema mundial. Ahí estamos atrapados y a eso se añade la falta de consenso sobre el diagnóstico y, por tanto, sobre el tratamiento.
Véanse los objetivos a los que se refiere la página oficial del encuentro, a saber: 

Que eso se pueda hacer sin plantearse la cuestión del dólar es una razón más para no declararme excesivamente optimista al respecto. Y no se hará por hay una cuestión de poder interno: por muy en crisis que esté la hegemonía estadounidense, sigue siendo la potencia hegemónica, lo cual significa que tiene la capacidad para satisfacer los intereses de sus élites con relativa facilidad.
Sin embargo, no hace falta ser un experto en el asunto para darse cuenta de que los Estados Unidos han podido ir aguantando sus inmensas deudas gracias al peso que el dólar todavía tiene en el comercio internacional (en especial, materias primas y, mucho más en especial, energético) y en las reservas de divisas, amén de esa sed insaciable de dólares que aqueja a amplias zonas del Planeta (en especial, que yo sepa y constate, en América Latina sin necesidad de estar dolarizada oficialmente como el Ecuador, basta estarlo en la práctica). Ése papel se está tambaleando y la propuesta de sustituir el patrón dólar por una canasta de monedas parece sensata ante la que está cayendo. Sería sensato, lo cual no quiere decir que se vaya a hacer (ni siquiera a plantear aunque Sarkozy haya hablado de un "nuevo Bretton Woods"). Y no se hará porque el dólar sigue siendo el patrón, el que manda. Pero no en la economía (patrón dólar): en la política (dólar patrón).
Ya puestos, me atrevo a pronosticar que se hará poco por limitar el papel de los paraísos fiscales y no sólo por su abrumadora mayoría anglosajona. Resulta que dichos paraísos se encuentran entre los primeros tenedores de bonos del tesoro estadounidense (aunque sin llegar al nivel de la China y el Japón) y son utilizados por el mismo gobierno estadounidense para "autocomprarse" cuando le conviene. Donde manda patrón...

(Añadido el 24: El gobierno chino también propone una nueva divisa gestionada por FMI -dominado por los Estados Unidos, añado por mi cuenta-. Curioso que se haga desde el país primer tenedor de bonos del tesoro estadounidense. Lo que no es curioso es que el asunto no resulte del agrado del gobierno de los Estados Unidos).

(Añadido el 25: De momento el GCC -Consejo de Cooperación del Golfo-, retrasa la creación de una moneda común para los 6 países que lo componen, aunque tarde o temprano se producirá y producirá un nuevo golpe debilitador al patrón dólar como lo fue la creación del euro o lo está siendo, de momento, la ACU, la Unidad de Cuenta Asiática de ASEAN, la Asociación del Países del Sureste Asiático, parecida a los que fue el ECU en su momento. Esta tendría detrás como una cuarta parte de la economía mundial. Panta rei, todo fluye).

Deuda externa ¿deuda eterna?

Un editorial de Le Monde sobre las lecciones que hay que sacar de la actual crisis financiera (no fiarse de las agencias de calificación de riesgos y, sobre todo, saber que, pase lo que pase, los poderes públicos acudirán a salvar a los bancos en dificultades) unida a un artículo  de Damien Millet y Eric Toussaint publicado en el mismo lugar me han hecho ver lo equivocado que yo estaba cuando pensaba que la deuda externa no se podía cancelar así como así porque pondría en peligro la estabilidad financiera mundial y, al final, pagarían los de siempre: "los de abajo". Ni hablar. Lo que sucede es que el interés de los gobiernos en resolver los problemas de los bancos es mucho mayor que el interés en resolver los problemas de los parias de la Tierra, les damnés de la Terre. Así de simple.

(Importado de mi antiguo blog debido a los repetidos ataques de spam. Lo publiqué el 20 de marzo del año pasado)

sábado, 21 de marzo de 2009

Guerra dentro del Ejército (israelí)

Adapto el titular del New York Times que se refiere a los soldados israelíes que han hablado de serias violaciones del derecho de guerra y los derechos humanos por parte del ejército israelí en el reciente ataque a Gaza. Lo interesante no es que los soldados dijesen tales cosas y que trascendiesen a la prensa, tratándose del "ejército más ético del mundo". En realidad, no han dicho nada que no pudiese haberse imaginado. Lo que me ha interesado del artículo es que relaciona esas filtraciones con una pugna, dentro del ejército israelí, entre los "progresistas seculares" y los "nacionalistas religiosos" por controlar el ejército, columna vertebral de aquel Estado -y de muchos otros, pero que en Israel adquiere tonos más exacerbados-. No se olvide que todavía no se ha llegado a un acuerdo sobre el nuevo gobierno y que las bochornosas declaraciones tienen diferentes lecturas según en qué campo se sitúe uno: los "progres" las verán indicadoras de algo horroroso y los "nacionalistas" las verán como una prueba más de que el ejército ha hecho lo que tenía que hacer con esos desarrapados gentiles que se atrevían a enfrentarse con los designios de Yahweh, donante de dicho territorio a los judíos.
Hay, pues, intereses políticos que usan de percepciones más o menos religiosas para lograr sus propósitos. Sin duda que las religiones tienen un peso en la acción social, pero si los sentimientos religiosos se exacerban a propósito para lograr objetivos políticos, dudo mucho que la religión sea la causa principal. Pero nadie discute las atrocidades producidas por el ejército israelí en Gaza.
Por eso me resulta curioso que el diputado británico George Galloway, por muy discutible que sea su trayectoria, haya visto que el gobierno canadiense le ha prohibido la entrada en Canadá dado su apoyo financiero a Hamás. Según el ministerio de inmigración, aceptar la entrada de Galloway sería correr un riesgo para la seguridad nacional. Curioso si es así.

Capitalismo

The present economic crises do not, I would argue, call for a "new capitalism," but they do demand a new understanding of older ideas, such as those of Smith and, nearer our time, of Pigou, many of which have been sadly neglected. What is also needed is a clearheaded perception of how different institutions actually work, and of how a variety of organizations—from the market to the institutions of the state—can go beyond short-term solutions and contribute to producing a more decent economic world.
Así concluye un ensayo de Amartya Sen (Capitalism beyond the crisis) que se acaba de publicar en el New York Review of Books.
De entrada, me ha hecho recordar lo que Andre Gunder Frank repetía a quien se lo quisiese oír: darle un nombre u otro a un sistema no garantiza entender cómo funciona. Cierto que "capitalismo" lleva implícito un funcionamiento a favor del capital, favor que puede ser atemperado por el "egoismo ilustrado" de quienes saben que la defensa del capital no puede ser absoluta en una sociedad de clases como es la mundial. 
Sen argumenta que el capitalismo realmente existente no es sólo mercado ni su motor es sólo el interés. Hay más actores y hay otros motores y valores que actúan en la realidad, con independencia de lo que digan la ideología y los libros.
Sobre los libros (los autores) es bastante claro: Adam Smith, el santo patrón de los "fundamentalistas del mercado" como otros les llaman, lo es equivocadamente. Bien lejos de Smith dicho fundamentalismo. Como Sen dice, se le ha citado más que leído. Pero tampoco es que el resucitado Keynes lo sea con motivos indudables. Hay muchas cosas que Keynes no dijo y asuntos hoy relevantes que no le interesaron nada y que ahora tendrían que ser puestos sobre la mesa como hizo su colega Pigou, aunque no fuese más que introeduciendo el factor psicológico y alertando sobre los excesos del pesimismo (mea culpa). 
Es frecuente que en conferencias y clases se pregunte sobre el fin del capitalismo y su posible sustitución por otro sistema o por su renovación. No es mala pregunta, pero a lo que hay que estar atento es a cómo está cambiando ante nuestros ojos el mundo real (se le llame como se le llame) de las relaciones socio-económicas, de la estructura del poder mundial y de los ganadores y perdedores por el funcionamiento de ese mundo concreto. Si para eso hay que releer a los clásicos (cosa que no creo) bienvenidos sean. Y no lo creo porque su mundo fue tan diferente del que se avecina que tal vez sus recetas no tengan mucho que ver con la que está cayendo por ahí fuera. 
Pero aceptemos lo que dice Sen, que al fin y al cabo es Premio Nobel de Economía y yo nunca lo podré ser. En todo caso, habrá que replantear el análisis del funcionamiento real del mercado real y de las instituciones que lo acompañan y que sólo analíticamente se diferencian entre sí. Pensar en un mercado sin clases sociales es condenarse a una arbitraria separación entre economía y sociología que se produjo a finales del siglo XIX, precisamente porque el "capitalismo" de los ganadores podía alterar el reparto de la tarta en la medida en que generaba sus propios sepultureros.
Tal vez por eso mejor sería hablar de los capitalistas (los ganadores, los beneficiados, los avispados de AIG que se embolsaron legalmente -y no son los únicos- el dinero del "rescate" pagado por los contibuyentes) y de los movimientos sociales asociados con la defensa del "capitalismo" , que haberlos háylos, o con su transformación, que haberlos háylos también, y el foro de The Nation proporciona numerosos ejemplos de esa alternativa. En particular, aconsejo leer la contribución de Immanuel Wallerstein a dicho foro. Sin duda que no se plantean las cosas de la misma forma a corto plazo (eso también lo dice Sen, aunque con contenidos bien diferentes, en todo caso urgentes) que a medio plazo.
Tiempos interesantes, gusten o no gusten.

viernes, 20 de marzo de 2009

Gobernantes mentirosillos

No me refiero a George W Bush que, como presidente, dijo aquello de que para defender al libre mercado tenía que saltarse las reglas del libre mercado, cuando lo que debería haber dicho es que para defender los intereses de "los de arriba" ahora tocaba saltarse las reglas del mercado como antes tocaba predicar el "menos Estado, más mercado". Son aquellos intereses los que cuentan, no la ideología, que es pasajera.
Pero también cuentan los intereses de los electores. Por muy "business politics" que sean, al final casi todos los países del G-20 (o del G-20+n) son democráticos en el sentido de que sus líderes y/o sus partidos se someten periódicamente al dictamen de las urnas. Por eso me resultaba raro que lanzasen aquellas soflamas a favor del mercado libre en su anterior reunión para afrontar la crisis. Ahora sabemos que mentían y que 17 de ellos (por ser benévolos) han puesto en práctica numerosas políticas proteccionistas anti-mercado: defienden, en el corto plazo, los empleos de sus electores sabiendo que estos no van a hacer análisis muy sofisticados y que, respectivamente, culparán a Obama o a Zapatero (aunque tal vez no a Berlusconi) por los efectos sentidos de la crisis en lo local. Así que a prometer libre mercado y a practicar proteccionismo. Si eso tiene el efecto perverso de agravar la crisis, el que venga detrás, que arree. Los políticos a lo suyo, que, los pobres, también tienen sus intereses: el poder. 
Pobre Maquiavelo si levantara la cabeza: vería a su Fernando el Católico como un aficionado.

jueves, 19 de marzo de 2009

Lo que diga la mayoría

Un reciente estudio holandés ha vuelto a sacar el tema de los mecanismos mediante los cuales nos sometemos a la opinión mayoritaria. No sé si su neuropsicología es buena o mala, pero sí sé que el hecho (no la explicación) va en la misma dirección que los experimentos de Ash que el artículo del que he tomado la referencia también cita y tantas veces he contado en clase para explicar el sometimiento a las modas de cualquier tipo (intelectuales incluidas).
Lo que hizo Ash fue presentar estas dos tablas que adjunto a un grupo de sujetos voluntarios para el experimento y preguntarles qué línea de la segunda tabla tenía la misma longitud que la línea de la primera. Obviamente la C: la A es demasiado corta y la B demasiado larga.


Sin embargo, el investigador se había puesto de acuerdo con los participantes para que contestasen con una respuesta evidentemente incorrecta (pongamos la A). Todos menos uno que se asombraba de que tanta gente antes que él diese respuestas que él veía como incorrectas... así que contestaba lo mismo que decía la mayoría e incluso algunos llegaron después a confesar que es que lo habían visto así. El estudio tuvo sus variantes, muy jugosas también, como que el incauto no fuese uno, sino dos o que sólo uno estuviese de acuerdo con el investigador para dar una respuesta incorrecta. En el primer caso, tenderían a aliarse; en el segundo, recibían las risas de los que veían “la verdad”.
Lo que funciona es la autoridad del grupo como Milgram estudió la obediencia a la autoridad de la ciencia, y explica por qué algunas encuestas son utilizadas para crear conformidad: diciendo que eso dice la mayoría, se consigue que más gente, que no pensaba así, acabe pensando así y más si se trata de algo mucho más discutible y menos verificable que la longitud de las líneas de Ash. Una encuesta, en tiempos de Galileo, sobre si la Tierra se movía o era el Sol, habría dado casi unanimidad a los que ponían a la Tierra en el centro y se habría convertido, dado el prestigio de la ciencia y de los números, en un argumento adicional al de la autoridad de la Iglesia en dicho campo.Este mecanismo de conformidad también está detrás de esa muletilla de tertulianos que dicen "lo que los ciudadanos quieren..." o "lo que piensan los españoles (o la nacionalidad que sea)..." y está detrás de lo que ya criticaba Ortega y Gasset en los intelectuales que hablan en nombre de colectividades como truco para ganar credibilidad. En colaboraciones (para decirlo todo, en otro periódico) he leído lo del “desagrado unánime de la opinión pública” en pluma de un reputado columnista que, obviamente, no puede saber si ese desagrado es realmente unánime, pero que afirma que lo es para darle mayor fuerza a su argumento.
Como, en el fondo, somos perezosos, ese mecanismo de conformidad explica que busquemos rodearnos de personas que piensen lo mismo que nosotros: nos refuerzan en nuestras creencias, opiniones y gustos, aunque la cosa se complica con los grupos a los que uno deja de pertenecer (clubes, religiones, partidos, organizaciones). Es lo que el sociólogo Merton llamaba grupos de referencia de ex-pertenencia y, por lo general, eran de referencia negativa: el converso tiene muy mala opinión del grupo que ha dejado.  Por supuesto, no todo el mundo es así. Hay quien mantiene excelentes relaciones con los grupos que deja y hay quienes no se dejan influir por el "dónde va Vicente, donde va la gente". Aproximadamente, una cuarta parte de los que se han sometido a ese tipo de experimentos no se ha dejado llevar por el conformismo respecto al grupo o no se ha sometido a las órdenes de una autoridad que proponía cosas que el individuo nunca hubiese hecho de no mediar dicha autoridad. Digámoslo todo: no siempre por motivos sanos, ya que hay disfunciones de la personalidad de “sola frente al mundo”. 
No somos todos clónicos, por lo que se ve. Pero el mecanismo de conformidad funciona para lo bueno y para lo malo, y si es conformidad respecto a una autoridad personal con fuertes disfunciones psicológicas (el viejo libro "Psicopatología y política"), la cosa se puede poner marinera. Pasó con Hitler y Musolini en la crisis anterior, la del 29-39. Habrá que ver qué pasa en la comenzó allá por el 2007 y nadie sabe cuándo terminará ni qué tipo de pescadores pescarán en el río revuelto del actual descrédito de la política.

(Este artículo debió salir ayer en el periódico Información -Alicante-, pero se me olvidó adjuntar el archivo y se quedó en el disco. Así es la vida)

Detengamos Bolonia

A la entrada de la universidad en la que estoy ahora hay una gran pintada, en la lengua local, que dice eso: detengamos Bolonia.
Suponiendo que se sepa de qué se está hablando (cosa que es razonable pensar que no), es un objetivo inútil: eso que llaman "Bolonia" se detendrá solito: para lo central de dicho plan, no va a haber dinero ni privado ni público. ¿Nueva pedagogía? ¿Otro ratio profesor-estudiantes? Ni de vainas.
Eso sí, mientras en el día de ayer, en otra universidad pública de la ciudad, había encontronazos entre la policía y los estudiantes, en esta en la que estoy es como si no pasase nada. Caso de desproporción entre los implicados y su impacto mediático y los indiferentes que no aparecen en los medios.

Plan Estados Unidos

Me permito reproducir una antigualla que presenté en la Gobernación de Cundinamarca (Bogotá, Colombia) en diciembre de 2000 y que retoqué para su publicación en 2001, antes del 11-S. Está en Papeles de cuestiones internacionales (revista hoy desaparecida) y en un apéndice de mi librillo El largo camino De la violencia a la paz. Cobra actualidad por las semejanzas que el Plan Colombia podría tener con la Iniciativa Mérida (de los Estados Unidos contra México). Tal vez ahora no lo llamaría Plan Estados Unidos (obsérvese, no "Plan de Estados Unidos"), sino que lo llamaría Plan Estados Unidos/España. Además, ya es "oficial" que los Estados Undios no son ajenos al problema (Hillary Clinton reconoce que el fracaso estadounidense con las drogas ha "goteado" a México) y mucho menos son ajenos por su participación en el comercio de armas hacia México, asunto al que hice referencia en el libro que acabo de citar. Ahí va, imitando el estilo de los documentos parlamentarios estadounidenses:

Plan Estados Unidos

a) Hechos

  1. La situación interna de los Estados Unidos amenaza a la estabilidad mundial, sobre todo después de las recientes elecciones presidenciales que han dado como resultado una presidencia débil que fácilmente puede tener la tentación de hacer demostraciones de fuerza hacia el exterior para así mostrar “who is in charge” hacia el interior. La historia de dicho país ya incluye algunos ejemplos en esa misma dirección. No sería, pues, la primera vez que tal cosa sucede.
  2. La raíz última, aunque no única, de sus problemas está en el consumo masivo de drogas del que se deriva la criminalidad, la tenencia masiva de armas y la alienación. Los Estados Unidos son, de hecho, el país que consume la mitad de las drogas ilegales del mundo. Es particularmente preocupante la relación entre consumo y criminalidad, sobre todo cuando esta última se convierte en criminalidad organizada y exporta sus actuaciones al resto del mundo y, en particular, a sus vecinos. Estas mafias, en efecto, son las causantes de la aparición de cárteles (Medellín, Cali) y de mafias subordinadas que han llegado a infiltrarse y corromper incluso la fiscalía anti-droga mexicana.
  3. La criminalidad interna se ha reducido en los últimos años pero sigue siendo preocupante en muchas zonas del país y lo mismo puede decirse del consumo de drogas que sólo conoce descensos coyunturales y efímeros. Otra cosa es la criminalidad internacional del país que, en cambio, sí parece seguir incrementándose.
  4. El consumo de drogas permite la acumulación en los Estados Unidos de riqueza derivada de la comercialización de aquélla. El lavado de estas ingentes cantidades de dinero es un factor más en la inestabilidad financiera internacional y en los riesgos de una repetición del crash del 29 como punto final de la burbuja especulativa que se ha padecido en los últimos años. El sector de las drogas ilegales es el cuarto por cifras de ventas a escala mundial después del petróleo, los coches y el turismo y por encima del sector farmacéutico. Para el caso del comercio de drogas ilegales entre Estados Unidos y Colombia, es sabido que la mayor parte del beneficio de tal comercio queda en los Estados Unidos mientras que Colombia no llega al 10 por ciento del total.
  5. En paralelo a este enriquecimiento, en los Estados Unidos se observa con preocupación el aumento de la desigualdad y la pobreza de masas que carecen de los medios para el acceso a drogas, a su vez encarecidas artificialmente por el hecho de su ilegalidad. Esta desigualdad es, a su vez, un factor más en la inestabilidad general del país y este factor social refuerza la inestabilidad política de la actual presidencia débil y las incertidumbres económicas, creando la situación explosiva que se trata de evitar.

b) Definiciones

  1. Países garantes: son los cinco países que componen la Comunidad Andina de Naciones (Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela) y que son, junto con México, los máximos perjudicados por la demanda de droga en los Estados Unidos. Esta demanda es la que genera la producción (la oferta) y es organizada, básicamente, en los Estados Unidos, pero con efectos devastadores sobre la economía y la sociedad de los países garantes y sin ningún efecto positivo en los mismos, cosa que no sucede en los Estados Unidos.
  2. Certificación: es el acto administrativo mediante el cual los países garantes evalúan el éxito de las políticas estadounidenses contra el consumo de drogas, políticas a las que se ha comprometido públicamente. En el caso de que el país no consiga la certificación, los países garantes dejan de comprar los productos de aquél y dejan de seguir las políticas del mismo.

c) Acciones que se proponen

  1. El Plan pretende erradicar el consumo de drogas en los Estados Unidos mediante el “peinado” del país por una fuerza de 130.000 hombres aportada por los países garantes. Dicha fuerza, que podrá contar con soldados pertenecientes a fuerzas militares privadas, procederá a la detención de cualquier consumidor de droga que se encuentre ciudad a ciudad, barrio a barrio, casa por casa y habitación por habitación. La función de estas fuerzas privadas es desresponsabilizar a los gobiernos de los países garantes ante cualquier eventualidad o cualquier exceso cometido aunque sea exceso de celo, cosa que no sucedería si fuesen fuerzas regulares. También se evitan así las penosas situaciones en las que los féretros de los soldados regulares muertos en acto de servicio vuelven a su país de origen.
  2. Los detenidos por consumo serán internados en campos de concentración construidos ad hoc por empresas radicadas en los países garantes y que hayan contribuido a las campañas presidenciales recientes de los países garantes o que tengan entre sus accionistas a destacados miembros de las respectivas clases políticas. La compra del material militar necesario para estas operaciones (aviones, radares, armas inteligentes etc.) se hará también según este mismo criterio.
  3. Los delincuentes internacionales detenidos en Estados Unidos por pertenecer a bandas armadas y organizadas para la distribución de drogas serán extraditados, juzgados según la ley andina y, eventualmente, recluidos en las prisiones de los países garantes según un sistema de cuotas que asigne un número de presos en función de la población de cada país receptor.
  4. En el caso de que la invasión por tierra fuese insuficiente, se procederá a bombardear con napalm, ya puesto a prueba en Vietnam, las zonas de alto consumo de drogas según el principio que dice que si desaparecen los consumidores, desaparecerá el consumo. El napalm será proporcionado por empresas que se encuentren en las mismas condiciones que las indicadas en la sección 9 del presente Plan.
  5. Paralelamente, se procederá a incautar los bienes de los grandes distribuidores de droga estadounidenses y dichos fondos se dedicarán al desarrollo de las zonas subdesarrolladas del país, por ejemplo el Bronx, donde la esperanza de vida es semejante a la de Bangladesh.
  6. La duración del Plan es indefinida mientras no se consiga erradicar totalmente el consumo y los países garantes certifiquen positivamente los esfuerzos del gobierno de los Estados Unidos en pro de la erradicación del consumo. Es cierto que los sucesivos gobiernos estadounidenses han hecho, aparentemente, mucho por erradicarlo, pero quedan serias dudas sobre si el evidente fracaso de esas políticas ha sido intencionado o no. No obstante, mientras dure el Plan, las fuerzas de los países garantes permanecerán en los Estados Unidos asumiendo cuantas tareas policiales, administrativas y contrainsurgentes sean necesarias.

d) Acciones complementarias

  1. Ante el posible rechazo de este Plan por parte del pueblo estadounidense, es preciso explicar los beneficios que de él se derivan para la población local que tendría mayor esperanza de vida y mejor salud y vería una clara disminución de la criminalidad (“la droga mata, las balas no”). Lo mismo sería preciso hacer para la población mundial: convencerla de lo conveniente y deseable que sería un descenso de la belicosidad estadounidense, una menor tendencia a la desestabilización de otros países entre ellos algunos de los garantes y la reducción del intervencionismo estadounidense sea o no humanitario. Al fin y al cabo, buena parte de los problemas que causan los Estados Unidos al exterior no son más que proyecciones hacia fuera de patología internas, algunas muy profundamente enraizadas.
  2. Como este es un Plan “pro-paz y anti-droga”, irá acompañado de políticas de democratización del país fomentando la participación electoral, claramente insuficiente en la actualidad, las elecciones limpias, transparentes y con recuento fiable de los votos y la rendición de cuentas transparente y clara por parte de los gobernantes a sus ciudadanos. Es contrario a la democracia que unas elites tomen decisiones sin contar con el pueblo, engañándole o manipulándole o de espaldas al conjunto de la ciudadanía.
  3. Se fomentará el respeto escrupuloso a los derechos humanos por parte de los Estados Unidos para lo cual tendrá que revisar sus prácticas contra los mismos que van desde algunas esporádicas como la brutalidad, a veces racista, de la policía, hasta otras continuadas como la extensión de la pena de muerte sin suficientes garantías jurídicas para el reo.

e) Recomendaciones

  1. Se pedirá a la Unión Europea que aporte fondos adicionales para la aplicación de este Plan, aunque hay pocas esperanzas de que lo haga ya que la Unión Europea parece más preocupada por las causas que provocan el consumo (desigualdad, pobreza, violación de derechos humanos, alienación) que por el consumo mismo.
  2. En el caso no deseado de que el Plan se convierta en una guerra convencional y de larga duración semejante a la que se produjo en la antigua Indochina, hoy Vietnam, se pondrá particular cuidado en que no se internacionalice y acabe implicando a Canadá y a México o incluso a Cuba.

Dudar para saber

Dubitando quippe ad inquisitionem uenimus; inquirendo ueritatem percipimus.

Y, antes,

Haec quippe prima sapientiae clauis definitur assidua scilicet seu frequens interrogatio.

(Pierre Abélard, Sic et non, 1120)

El bueno de Abelardo creía que se podía llegar a la verdad de las cosas (que eso es la sabiduría) preguntándose frecuentemente sobre ellas y dudando siempre. La duda, decía, llevaba a la búsqueda y sólo buscando podemos percibir la verdad.

Popper añade algo preocupante: la ciencia no consiste en establecer lo que es verdadero, sino es conocer lo que todavía no se ha demostrado que sea falso. Lo que conocemos como verdadero es provisionalmente no-falso, de ahí la necesidad de estar dudando continuamente y de exponer con claridad bajo qué condiciones lo que uno dice dejaría de ser verdadero (porque sólo es provisional). Ciencia no es fe, pero tiene elementos en común. La diferencia está en que la fe es para siempre, mientras que la ciencia no.
Otra cosa que me gusta de Abelardo es su nominalismo: los conceptos que usamos no son cosas, sino instrumentos que utilizamos para relacionarnos con el mundo.

Pongámoslo con peras y manzanas. Se suele oír o leer: “La globalización es tal o cual cosa”. El que dice eso está convencido de que la palabra globalización sólo tiene un sentido: el que le da el que lo dice. Eso es autoritarismo del tipo Humpty Dumpty en “A través del espejo”: lo que importaría es tener poder para que las palabras significaran una cosa u otra. Nadie tiene esa autoridad, aunque muchos trabajan por tenerla (y muchos trabajamos por defendernos de ese autoritarismo). “Globalización” es una palabra que usamos para denominar determinados fenómenos materiales, pero tiene tantos significados que es inútil proseguir una discusión sin saber a cuál de ellos se está refiriendo el que tal cosa pronuncia. Pasa lo mismo con pueblo, nación, clase…

Si para las cosas materiales el asunto puede ser claro, mucho más lo tendría que ser para las cosas políticas, económicas, sociales, hechas por los hombres y en las que el humano deja sus huellas de falsedad y engaño. “Globalización”, en efecto, fue un banderín de enganche, en tiempos de Bill Clinton, para mover a los países periféricos a hacer las cosas que convenían a los países centrales y, en particular, al país hegemónico. Después, acabado aquel banderín con la llegada de los neoconservadores, “globalización neoliberal” se ha convertido en un banderían de enganche, en tiempos de George W. Bush, para mover a hablar a personas de clases medias de los países centrales (y algunas de la periferia), pero sin que se sepa bien qué tipo de comportamiento (más allá del verbal) tendría que acompañar a la palabra.

El realismo (las palabras son cosas) no es un buen principio que lleve a mejor conocimiento. El nominalismo (nomina nuda tenemos, como termina El nombre de la rosa) parece mejor principio metodológico porque se asocia mejor con la duda metódica.

Todo esto, hay que repetirlo, para los preocupados por comprender la realidad. Los que creen que pueden cambiarla (a recordar la Tesis 11 sobre Feuerbach) pueden obviar las dudas y el nominalismo sólo si tienen poder para cambiarla. Si fuese así, si tienen poder, no hay duda que valga y la palabra significa lo que dice el que manda. Pero los que no tenemos poder, ni nos interesa lo más mínimo tenerlo, no nos queda más remedio que buscar, dudar, buscar, dudar y, para buscar, usar palabras de las que dudamos.

(Comencé por el latinajo para disuadir al lector de periódicos -como yo- de que siguiese leyendo. Si hubiese buscado lectores ávidos, me habría dedicado a contar chismes de “aquí hay tomate” sobre Abelardo y Eloísa y cómo quedaron los órganos sexuales del primero por culpa de su relación íntima con la segunda, que había sido su alumna: cortados por orden de Fulberto, un tío furibundo por el embarazo de la sobrina y el posterior nacimiento de Astrolabio y, seguro, por algún que otro asuntillo más que contaré después de la publicidad)

(Importado de mi antiguo blog, en donde lo he borrado harto de que me entrara correo basura. Lo escribí el 16 de diciembre de 2007)

miércoles, 18 de marzo de 2009

Al rescate

Que la Reserva Federal estadounidense (su Banco Central) vaya a dedicar un billón doscientos mil millones de dólares a operaciones de rescate diversas es algo que supera mi imaginación. Pero que, de ellos, vaya a dedicar 300.000 millones a la compra de Bonos del Tesoro es algo que supera mi capacidad de comprensión. Conste en acta.
Y, ya puestos, véase el post de Jürgen Schuldt (en castellano, por supuesto) situando estos "pantagruélicos rescates" en un contexto más amplio. Y si no se quiere ver, tampoco pasa nada.
Lo que sí sé es que dicen que tamaña operación ha debilitado al dólar. Nada, ni idea.

Expresivo/Instrumental

Dos filas por delante de la mía, en el tren que me trae a Barcelona, una señora gesticula mientras habla por su teléfono móvil, celular o telefonino. Es evidente que sus gestos no se producen para trasmitir información a su interlocutor, que no puede verlos, sino que tienen que ver con su propia expresividad. No son un medio comunicativo para conseguir un fin igualmente comunicativo, sino que se agotan en sí mismos. Si el interlocutor estuviese presente, el gesto podría entenderse como un signo para trasmitir énfasis, sentimientos, detalles, lenguaje no verbal que complete los signos del lenguaje verbal.
Conviene distinguir una cosa de otra: lo que se hace para conseguir un fin y lo que se hace para expresar una emoción sin ánimo de trasmitir nada. Instrumental y expresivo.
Algunas pintadas que observo en esta universidad son puramente expresivas: "acabemos con el patriarcado", "no a Bolonia" son buenos ejemplos. Poniéndolas en las paredes de la universidad no se consigue ni que acabe el patriarcado ni que se detenga el llamado proceso de Bolonia. Expresivos, no instrumentales.
Pero es que lo mismo se puede decir de algunas "luchas" que consisten en la sola manifestación, ocupación ritual y simbólica de territorios o manifiestos "exigiendo" el inmediato cese de algo y la "inmediata" disolución de los cuerpos represivos. El carácter instrumental no es evidente y sólo queda el carácter expresivo.
Nada que objetar. Sí objetaría, pero por pura gana de hacerlo, a la confusión entre un comportamiento y otro en los que piensan que esas "luchas" expresivas son instrumentales. No lo son de hecho: no son un medio para obtener un fin (a no ser que el fin sea la propia satisfacción de sentirse importante, parte de una ola de opinión que va a detener algo -el patriarcado, Bolonia-) No es tan evidente y ese autoengaño lleva a ulteriores frustraciones que pueden generar innecesarias agresividades y terminar en todavía más inútiles violencias.
Para el caso de los antisistema antibolonios (puedo compartir lo primero, no acabo de entender lo segundo, que más me parece un cajón de sastre en el que los objetivos para el comportamiento instrumental no están muy claros), el medio que utilizan, si es que es comportamiento instrumental, no lleva al fin que persiguen. Más frustración. Y, de hecho, ya comienzan a aparecer visiones críticas desde dentro mismo del movimiento y que no parecen propias de infiltrados (que seguro que los hay, como los ha habido en el movimiento por la paz estadounidense).
Personalmente, me molesta el simplismo casi tanto como "la complexité de la complexité". Prefiero quedarme entre ambos.

miércoles, 11 de marzo de 2009

La era de la agitación

Parece que se nos viene un mundo un tanto movido y violento. La frase que da título a esta colaboración es la frase final de un reciente reportaje de la revista “Foreign Policy”. Su argumento es muy sencillo: por separado, la volatilidad económica, la desintegración étnica y la decadencia de un imperio ya son de por sí factores que llevan al malestar social; pero el problema es que ahora se están dando juntas las tres cosas. La revista va desgranando los casos que ya se conocen y añade sus especulaciones sobre las que podrían venir, en la misma línea que hace LEAP/Europe 2020.   
Sí parece que la inquietud social aumenta, por ejemplo, no según el nivel de desempleo sino según el aumento del nivel de desempleo, ya que genera mayores frustraciones e inseguridades, y la insatisfacción de algunas necesidades puede llevar a erupciones callejeras. Las cuestiones étnicas son siempre complicadas aunque no sea más que porque se trata de entidades no cuantificables, divisibles o negociables sino de símbolos y sentimientos a veces muy viscerales. Una crisis económica que se añade a divisiones étnicas puede hacer que éstas se conviertan en la bandera para tener objetos sobre los que descargar las frustraciones producidas por la crisis. Y si, finalmente, el “orden mundial”, es decir, el orden jerárquico de “quién manda aquí”, se viene abajo y aparecen países “emergentes”, países “descontrolados”, países “canallas”, Estados “frágiles” con divisiones étnicas y crisis económica, parece razonable el negro presagio de la revista.   Parece una exageración, pero no se aleja mucho de lo que dijo Dennis Blair, nuevo coordinador del espionaje estadounidense, ante el Senado de su país, a saber, que la amenaza a la seguridad nacional no está ante todo en el “fundamentalismo islámico” sino que está en la “crisis económica”.  
Durante algunos años hemos vivido en “guerra contra el terrorismo” (no el de la ETA, sino contra el llamado “terrorismo internacional”). Cierto que, bajo ese paraguas, cabía lo que en cada caso interesaba a los gobiernos de los países centrales en general y al de los Estados Unidos en particular. Y cierto también que ese señuelo fue utilizado con los propósitos más heterogéneos mientras se dejaba en paz a Arabia Saudita, poco democrática, difusora del “wahabismo” (variante radical del Islam), financiadora de grupos violentos, cuna de muchos “yihadistas”, pero aliada de los Estados Unidos siendo su segundo proveedor de petróleo después de Canadá y antes de México (el cuarto, según lo publicado en enero, es Venezuela). Pero parece que el nuevo gobierno estadounidense ha preferido buscar otros señuelos para su armamentismo y reconoce que los “desórdenes” van a ser más preocupantes que los “ataques”.   
No es el único. En noviembre pasado, el estadounidense Strategic Studies Institute, gubernamental, publicó un informe (“Known Unknowns”) que incidía en lo mismo y reconocía la importancia que iban a adquirir esos “choques estratégicos” como le llamaban sus autores para los cuales no había preparación conocida y anticipatoria. Difíciles de predecir, difíciles de afrontar y ajenos a la lógica militar-policial convencional, podían ser una mala noticia para la tranquilidad de los relativamente a salvo del cambio de época que muchos ven que se está produciendo. A eso se añadía que “las amenazas contextuales pueden incluir, aunque la lista no es completa, la ingobernabilidad o la sub-gobernabilidad contagiosa, la violencia civil, los efectos de un desastre natural, medioambiental o humano; una epidemia transregional expansiva e incontrolada; y la inestabilidad súbita y paralizante o el colapso de un Estado grande e importante".   
John Arquilla ha publicado hace poco un libro (“Worst Enemy”) sobre las dificultades del ejército estadounidense para adaptarse a las nuevas circunstancias (al margen, añado, de algunos recortes de presupuesto que quiere hacer Obama, aunque los recortes en salarios no sean tan evidentes). Porque el problema para el “orden” no es ya sólo que la gente se eche a la calle (cosa que, como digo, parece que va a aumentar a escala mundial), sino, sobre todo, que muy poca gente, profundamente enfadada y bien organizada, pueda producir un caos como el del 11-S o como el de Mumbai, que es el que se usa en el libro como ejemplo de lo que puede hacer un grupo muy reducido de personas.   
En resumen: los motivos para la agitación aumentan, los medios han mutado, y no nos preocupamos de los motivos ni de los medios que serían apropiados. Pues sigamos discutiendo de lo que se sigue ocupando las primeras páginas. Habría que fijarse en México, tal vez el tipo de sociedad a la que nos estaríamos dirigiendo las demás.

(Publicado en el periódico Información - Alicante-, mientras estoy en México)
(El 21 de marzo traducen en La Jornada un comentario de Immanuel Wallerstein sobre la "guerra civil" en los Estados Unidos que también cita el texto de LEAP)