sábado, 28 de febrero de 2009

You choose

Se puede elegir una de dos: o se cree que Obama, detrás de su anuncio de que va a reducir (no eliminar) las tropas en Iraq, lo que pretende es aumentar las operaciones de guerra en Afganistán y Pakistán, es decir, se cree que Obama va a aplicar la misma doctrina ya conocida según la cual su problema sólo se resuelve con más guerra o se cree que la amenaza de un tic-tac que anuncia que se acerca la confrontación definitiva está reduciéndose y nos dirigimos hacia el desarme, en particular el nuclear. En frases menos grandilocuentes y largas: o se cree que el actual presidente va a seguir los pasos de sus predecesores y va a poner la guerra por encima de la amenaza real o se cree que, como la amenaza se está reduciendo, se van a reducir también los entusiasmos armamentistas.
Usted elige.
Pero si ha elegido una u otra, recuerde que ambas pueden ser verdaderas, por lo menos en parte ya que el papel del belicismo de los Estados Unidos en la generación de violencia a escala mundial tendría que ser reconocido aunque la amenaza se esté reduciendo.

viernes, 27 de febrero de 2009

Gasto en salud

El gasto en salud en los Estados Unidos se disparó hasta casi los dos billones y medio de dólares. Billones, sí: lo que en inglés estadounidense llaman "trillions". Ha aumentado un 9 por ciento con respecto a 2007 mientras el PIB aumentaba un 3,5 por ciento, y se espera que aumente este 2009 un 5,5 por ciento mientras el PIB podría disminuir un 0,2 por ciento. 
Me intriga el dato porque no es porque tengan más dinero para gastar en cuidados de salud ni tampoco que haya aumentado el número de personas con seguro médico. Más bien lo contrario y más en este 2009 que están disminuyendo esas personas ya que aumenta el desempleo: desde que empezó la recesión han perdido su seguro 4 millones de estadounidenses. Tampoco creo que sea porque están más malitos. Supongo que es la neura que está produciendo la llamada crisis y ante la cual desde Obama a Bernanke intentan introducir elementos de optimismo: optimismo de la voluntad por parte de Obama y optimismo de la razón por parte de Bernanke, aunque creo que este último, experto en crisis y depresiones globales, "maquilla" un tanto sus perspectivas.
Volviendo a la salud, me extraña que esperen que, para 2018, el gasto público supere al privado. En ese año llegaría al 51,8 por ciento. No tienen ni idea. Yo tampoco.
De momento, y debido a las "condiciones económicas", el gasto hospitalario que creció un 7 por ciento en 2008 respecto a 2007, se supone que reduzca su crecimiento a un 5,8 por ciento. Optimistas les veo.
De todos modos, podrían tener razón si uno se ve el presupuesto presentado por Obama y sus 600.000 millones de dólares que piensa dedicar, si se lo aprueban, a un fondo de cuidados de salud para los próximos 10 años, con una expansión del servicio sanitario que podría costar un billón de dólares en ese mismo tiempo.  Si eso encaja con las "condiciones económicas" está por ver, aunque parece que no implica realmente (sólo retóricamente) "salud para todos". Y también está por ver si consigue reducir el déficit público. De momento, la previsión para este año es de 1,75 billones ("trillions") de dólares de dicho déficit. 
No se pierdan el próximo capítulo.

jueves, 26 de febrero de 2009

Juicio de intenciones

Hace unos días cité un texto de George Soros en el que se despachaba a gusto sobre lo mal que se iban a poner las cosas, que lo peor estaba por llegar y que esto va en serio. Ni una crisis como la del Japón en los años 90, ni una crisis como la Gran Depresión de 1929, sino algo mucho más grande y peor y de consecuencias insospechables. Está muy feo hacer juicios de intenciones, pero no puedo menos que especular sobre las razones que puede tener un personaje como Soros para hacer unas predicciones como esas. Se me ocurren tres razones, aunque, a estas alturas, no voy a juzgar a Soros por que yo suponga que sea una u otra. 
La primera razón es la del ego satisfecho: ya lo dije yo. Efectivamente, Soros venía haciendo predicciones por lo menos desde hace dos años sobre las pésimas consecuencias que iban a tener las diferentes burbujas que se interconectaban: la inmobiliaria en algunos países (Estados Unidos primero, pero también en España), la financiera (anglosajona y, de ahí, a muchas otras partes) y la económica. Ahora hay gente que recurre al "ya lo dije yo", pero Soros lo puede probar. Fue él el que escribió La crisis del capitalismo global que en España se publicó en 1999.
La segunda razón podría ser que ha olvidado lo que dijo en ése y otros textos sobre la reflexividad. Con esa palabreja, Soros se refiere al carácter tan peculiar que tiene la economía real y que la hace tan diferente de los modelos lineales de muchos económetras: lo que se dice sobre la economía, y más si es de quienes tienen autoridad o poder sobre ella, forma parte de la economía al mismo nivel, si no a mayor, que los llamados "fundamentals", lo básico de la economía (producción, abastecimiento, consumo y todo eso). Algo debe de saber sobre eso cuando fue Soros el que, en una operación especulativa genial y que le hizo rico, consiguió sacar a la libra esterlina del Sistema Monetario Europeo de aquel tiempo. Cierto que otras veces fracasó (contra el rublo, por ejemplo), pero eso no quita para que sepa que lo que dice una persona como él afecta a la economía de la misma forma que pueden afectar las malas cosechas en muchas partes del mundo, su impacto en los precios y en los problemas sociales de muchos países y, también, e indirectamente, en los combustibles. 
Así que hay una tercera razón si se abandona la primera y no se tiene en cuenta la segunda: aviesas intenciones. Sabiendo de la reflexividad, y lo sabe, si dice eso y no es por narcisismo ni por olvido pre-senil, tiene que ser por algo más. Y conociendo su trayectoria, habría que saber que no da puntada sin hilo. Daurigota, que, en esperanto, quiere decir "continuará".

miércoles, 25 de febrero de 2009

Empresa privada

No entiendo que, por un lado, el gobierno español declare que respeta la libertad de empresa en un campo como el del gas, con todo el lío de Unión Fenosa, Enel, Gas Natural, Eni y demás, asunto en el que me declaro super-incompetente, y, por otro, un ministro de asuntos exteriores español se desplace al Ecuador para tener conversaciones con el presidente Correa a propósito de Repsol, la petrolera muchas veces bajo sospecha y no sólo en el Ecuador. 
Que yo sepa, Repsol es privada y con fuerte presencia extranjera en su accionariado, así que no lo entiendo. En la página de la empresa proporciona su accionariado actual, pero hace unos años se veía que los españoles eran minorías y La Caixa era mayoritaria entre estos, si no recuerdo mal. Ahora ya no está La Caixa, pero está el BBVA (a diciembre de 2008) y "España" supone un 26 por ciento sumando el 16 institucional y el 9 por ciento minorista.
Si respetan los gobernantes españoles la libertad de empresa y que compre quien pueda o quiera una gasística española (aunque el comprador sea una empresa pública), tendrían que respetar al gobierno que persigue las malas prácticas de una empresa privada, no necesariamente española, aunque, supongo, con una fuerte presencia entre sus accionistas de entidades financieras "españolas" que han podido financiar el funcionamiento del partido o empresas "amigas" del grupo gobernante. Ni idea, pero todo es posible. 

Más para la egoteca

Ya dispuesto y relajado en la sala de espera del aeropuerto de Granada, me ha sucedido una cosa curiosa que cuento para los amigos que creen que tengo una capacidad particular para las lenguas, pero también porque lo creo interesante aunque seguro que los psicolingüistaslo  saben, pero yo no me había dado cuenta.
Resulta que, estando sentadito hojeando la prensa, entró un bullicioso grupo de jubilatas (seniors) en uno de esos magníficos programas que hay en España y que permiten que las personas mayores viajen por el país, utilicen instalaciones turísticas en temporada baja, vean mundo y se diviertan (un colega analizó la basura de algunos hoteles en temporada baja y encontró una gran cantidad de medicinas: los ancianos, encantados con lo bien que lo estaban pasando, echaban las medicinas a la papelera). Pues bien, este grupo llegaba haciendo risas y hablando en voz bastante alta, cosa que no sólo sucede con los españoles sino con muchos otros nacionales en condiciones de excitación sea por el contexto sea por la ingesta de excitantes como el alcohol. Como la cabrita tira al monte, me interesó saber en qué hablaban porque me sonaba a familiar aunque no era capaz de entender lo que, a todas luces, eran chistes de uno de los miembros del grupo. Era lengua romance, de eso estaba seguro. Pero no era capaz de entender nada... hasta que me di cuenta de que se trataba de alguna de las variantes baleares. Y empecé a entender.
Añado que, aunque la lengua en la que pienso y trabajo es el castellano, supe valenciano desde mi infancia aunque no la considere mi lengua. Y también añado que doy por supuesto la unidad lingüística del catalán, valenciano y mallorquín. El cuento que estoy contando no va en contra de dicha unidad: me pasó hace ya años que, al estar conversando con un amigo boliviano,  se acercara uno con un cerrado acento andaluz (de la Sierra de Granada para más señas), que me informara de un par de asuntos, que se fuera y que mi amigo boliviano me dijese "no he entendido nada". Y, obviamente, ambos hablaban castellano. Con ritmos y vocalizaciones bien diferentes de modo que la rapidez y vocalizaciones del segundo hacían incomprensible lo que decía para el primero. Las vocales mallorquinas, para quien sólo tiene, como en el valenciano, vocales abiertas y cerradas y ni siquiera tiene las neutras de Barcelona, son difíciles de encajar.
El cuento tiene que ver con la importancia de conocer el código en que se habla para entender lo que se quiere decir. Si el emisor tiene en mente un significado y emite un significante, el receptor sólo puede entender ese signo si conoce el código mediante el cual se pasa del significante a significado y así recorrer el camino a la inversa.
El asunto del código se puede generalizar. Pruebe a unir el pulgar y el índice de su mano derecha y mostrarlo a un interlocutor. Para un español mayor, es probable que signifique "cero", pero para un español joven significa "ok", efecto de las películas estadounidenses. Pero en Alemania es un feo insulto referido a una parte íntima posterior de las personas, en el Japón significa "dinero" y en Argelia significa "te voy a matar". El mismo signo, distinto significado. Búsquese el código como tuve que buscarlo con mis alegres compañeros de viaje baleares (y digo baleares porque no quiero entrar en líos con las distintas islas: probablemente eran menorquines).

martes, 24 de febrero de 2009

Proteccionismo, no; ayudas, sí

Parece haber un cierto consenso entre los mandatarios del G-20 europeo: hay que evitar el proteccionismo, es decir, hay que evitar generar barreras para los productos propios que deberán poder moverse por el mundo sin encontrar fronteras. Al mismo tiempo, son comprensibles las ayudas a sectores en crisis dentro del propio país ya que permitirán detener la sangría del desempleo creciente y ayudarán a la mejora de las condiciones económicas generales.
De entrada, es innegable el retorno del Estado. Una vez más, ya no hay quien se atreva a decir "menos Estado, más mercado" aunque sigan diciendo "viva el mercado" (faltaría más). En todo caso, vuelve el nacionalismo, en especial el económico simbolizado, de alguna manera, con el "buy American", compre productos "de aquí" que, evidentemente, dificultará que entren los productos "de allí". El problema es que si todos ponen en práctica dicha política la supuesta globalización, ha muerto como puede verse en este recorte que me hace llegar un amigo.
Pero lo más interesante para mí es que esas dos posiciones de esos políticos europeos son contradictorias: proteger a las empresas en crisis es una forma de subvencionarlas o para que se defiendan de los productos alternativos que vienen de fuera o para que sean competitivas en un mercado que se supone mundial. Proteccionismo no es sólo poner barreras arancelarias "aquí" contra los de "allí", sino dar dinero a las empresas de "aquí" para que sean "competitivas" con las empresas de "allí".
Supongo que en todos los países han un consenso generalizado para negar el proteccionismo de los demás países reservándose el derecho de ser proteccionistas. Es como cuando decían que la estrategia óptima de desarrollo era exportar más e importar menos: tenía como problema que si todos la practicaban, es decir, todos se dedicaban a exportar y nadie se dedicaba a importar, pues es obvio que había algún problemilla. Como ahora: si yo voy a ser proteccionista (por nacionalismo económico) y voy a procurar que los demás no lo sean (porque hay que defender el "libre mercado"), la conclusión es obvia: se trata de una cuestión de poder, no de "libre" mercado. El que manda podrá imponer sus condiciones de proteccionismo y exigirá que "los de abajo" no sean proteccionistas. Llevamos años así.
Nada nuevo, por tanto.  Excepto que los llamados "países emergentes" ya no están tan "abajo" como estaban y pueden hacer oír su voz con mayor intensidad que hace, digamos, 25 años. Y el problema para "los de arriba" igual resulta que no es la China sino la India, cosa que digo no por "Slumdog millionaire", sino porque igual tienen mayores probabilidades de sustituir, en 25 años, a los Estados Unidos como potencia hegemónica: tecnología, mano de obra y capitalización (el artículo que cito más arriba muestra que, junto a los otros "emergentes", ha tenido en 2008 un aumento de la inversión extranjera directa frente a las disminuciones de los EE.UU., Inglaterra, Francia o Alemania). A su favor juega también la cultura. Aunque hay un hinduismo fundamentalista, la actitud general es menos centralizante en apariencia que la del Imperio del Centro. Y, aunque se trate de un país muy heterogéneo desde el punto de vista lingüístico, tienen el inglés que ya es una lingua franca en el mundo mundial. Se verá.
De momento, los líderes políticos siguen sin saber qué hacer para aguantar el tirón y lo prueban reunión tras reunión. Tal vez haya que ver qué pasa en México para tener una visión de hacia donde nos diriginos, y me refiero a la cuestión de la violencia de raíz económica que hay quien tilda de pandemia. Un artículo de Foreing Policy termina de forma clara: la volatilidad económica, la desintegración étnica y un imperio en decadencia son un mal cóctel que puede hace que la nueva era sea todo menos pacífica:

Economic volatility, plus ethnic disintegration, plus an empire in decline: That combination is about the most lethal in geopolitics. We now have all three. The age of upheaval starts now.


Añadido el 26 de febrero:
El Global Outlook 2009 accesible a través de Forbes cuenta, por un lado, que México, como los demás exportadores de petróleo de la zona, la van a tener bastante cruda esta temporada y, por otro, que la India tal vez no sea lo fuerte que se supone podría ser.

lunes, 23 de febrero de 2009

Coger

He tenido una confirmación de mi ignorancia respecto al mundo indígena andino. Ya sabía que, cuando hice la tesis, tendría que haber conocido mejor Extremadura y Andalucía si quería entender algunas costumbres quechuas supuestamente "originarias", incaicas o incluso pre-incaicas. Sin embargo, eran costumbres que los conquistadores las habían importado y, mientras desaparecían en la Península, seguían en vigor en los Andes. José María Arguedas, peruano, fue suficientemente inteligente como para irse a Extremadura para entender algunos ritos quechuas que nada tenían de "originarios".  Incluso algunos trajes supuestamente indígenas pueden verse en museos de Cáceres como propios de los campesinos locales siglos ha. No todo lo "originario" es originario.
Ahora es un amigo, muy versado en las lides lingüísticas, el que me ha hecho ver una posible explicación al cambio de sentido que tiene la palabra "coger" a lo largo del continente americano. En México puede ser malsonante con el significado de copular y lo mismo sucede en el Cono Sur. Sin embargo, ese sentido malsonante desaparece prácticamente en los Andes. Cierto que en Bolivia no se suele "coger" un autobús (o un colectivo), pero no porque no se puedan tener relaciones sexuales con el vehículo, sino porque se prefiere otra expresión. En cambio, en Argentina no se puede "coger" un autobús por puros motivos fisiológicos. 
Pues bien, la explicación que me da mi amigo es: colonización extremeña con latifundio ganadero. Cuanto más haya habido, mayor probabilidad de que "coger" sea una mala palabra. ¿Razón? Sencilla: en Extremadura "coger" se refería a la cópula de los animales, no de los humanos, como usamos pierna para estos y pata para aquellos. "Coger" sería malsonante porque se refiere a animales. Se non è vero, è ben trovato. Y de este colega y, a pesar de ello, amigo, me fío. Cuando vuelva a mi pueblo extremeño tengo que contrastarlo con los viejos del lugar. De momento, lo he contrastado con amigos que conocen la sierra granadina y me lo confirman: en el lenguaje popular de los pueblos, los animales "cogen", es decir, copulan.
Efectivamente, las colonizaciones dejan huellas. La de los señores normandos en Inglaterra, teniendo sajones como siervos, hace que el animal que el señor se encuentra en la mesa se llame "pork" (a la francesa), mientras que lo que cuida el campesino es "pig". En general, el afrancesamiento es de clase alta.
En el caso de los españoles, no sólo llevan la lengua de la clase alta y de los que quieren parecerse a ella, sino que llevan los significados regionales que, una vez importados, adquieren una dinámica propia. 
Ya sé que es un conocimiento inútil, e igual no se acepta con los criterios mercantiles que algunos quieren imponer en las universidades. Pero no me parece que comprender mejor las cosas sea tan inútil si lo que supone es ir abandonando los propios errores e ir adquiriendo criterios que no necesariamente son los de "los de arriba".

domingo, 22 de febrero de 2009

Ironías

He comido con dos amigos que estoy seguro no leen el blog, así que puedo hablar bien de ellos. Les aprecio a los dos y les tengo un gran respeto intelectual hacia los dos. Uno es sacerdote católico, el otro es un colega, de tradición luterana, pero sin religión conocida, tal vez ateo o, por lo menos, agnóstico. Hasta ahí, nada de particular. Lo irónico ha sido que, ante el papel de las religiones en las violencias, han tenido posiciones contrarias.
Uno decía que la religión suele ser un pretexto, que lo que hay que ver es de qué se trata realmente. Y ha contado con todo lujo de detalles un caso en la India en el que el ataque contra católicos no estaba motivado por su conversión (y más en contextos de fundamentalismo hindú) sino que lo que había realmente era un problema económico, de tenencia de tierras que los dalits podían conseguir cambiando de estatus en una sociedad como la india.
El otro decía que para entender muchas violencias, hay que ver qué tipo de religión hay, eso sí, en su versión dura y su versión blanda. Para él, las religiones vienen en esas dos versiones (digamos, para los cristianos, Urbano II, el racista que clama por la guerra santa, y el mínimo y dulce Francisco de Asís, ambos cristianos romanos y bien diferentes en su actitud ante la violencia, belicoso el primero -cruzado al fin y al cabo-, pacifista avant la lettre el segundo). En general, las religiones, en su versión dura, tienden a la violencia porque son intransigentes, tienen una idea de la realidad en la que el Mal está presente, puede aparecer en cualquier momento y hay que prepararse para afrontarlo. 
Como habrá comprendido el paciente lector, el primero es el sacerdote y el segundo el colega.
¿Qué pienso yo? Que no hay una regla general (no creo que existan "leyes sociales") y que hay que hacer análisis concretos de situaciones concretas y ver si la religión juega el papel que los medios le atribuyen cuando no entienden lo que está sucediendo o más bien oculta otros fenómenos más importantes que son los que hay que abordar. Por supuesto, reconocerá el jesuita, que hay que promover las versiones blandas, dialogantes, suaves de las religiones, que no es exactamente lo que parece estar promoviendo Ratzinger, dicho sea de paso. Pero también hay que ver qué papel juega la desigualdad, la pobreza, la competencia extrema, la frustración, la insatisfacción, la inseguridad.
Si alguna violencia me preocupa (y no sólo a mi, sino también al nuevo director de la CIA, Panetta, a Dennis Blair el nuevo jefe de inteligencia, y a algunos informes del Strategic Studies Institute -gubernamental estadounidense-) no es la que se puede derivar de los fundamentalismos (musulmán, de los cristianos sionistas, de los sionistas tout court o el  hindú) sino la violencia que va a provocar la depresión económica. Porque no hay preparación para afrontarla.

sábado, 21 de febrero de 2009

Nacionalizar la Banca

Un antiguo alumno, muy metido en el mundo financiero y nada sospechoso de veleidades izquierdistas, me lo dijo rápidamente: "Llámame y te explicaré por qué la única solución va a ser nacionalizar la Banca". Se refería a España. No le he llamado, entre otras razones porque he perdido su teléfono. Pero encuentro que es lo que una serie de autores estadounidenses, bastante heterogéneos ideológicamente y algunos de reconocido prestigio, están proponiendo para su país, hartos de la política de Bush, seguida por Obama, de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. ¿Dinero de los contribuyentes para asegurar los sueldazos y los beneficios privados? No, gracias. El argumento se repite y ahí va una lista de opiniones favorables a la nacionalización y, por tanto, contrarias a lo que su gobierno se está proponiendo:
Paul Krugman, en el New York Times.
Joseph Stiglitz, para la Deutsche Welle
Naomi Klein, en el Urban Coster
Nouriel Roubini, en Forbes (¡sic!)
Nassim Taleb, para Reuters
Por si falla la memoria, los dos primeros son premios Nobel de Economía, la tercera es una activista y los dos últimos son expertos en gestión empresarial y financiera y de los que avisaron de la que se nos venía encima. Que el miedo a la nacionalización sacuda a los propietarios, es visible. Por lo visto, ellos se creen más el argumento de autoridad que yo: la lista de equivocaciones en boca de grandes expertos puede compararse a la mía propia, que no soy experto. Ya reproduje aquí la lista que había hecho Foreign Policy. 
Porque, en general, una cosa es decir cómo están las cosas (que están mal, eso no se duda y el primero en decirlo es Soros) y otra muy diferente decir lo que habría que hacer. Para nuestra desgracia, carecemos de mapas para movernos en estas "procelosas" aguas y las recetas sólo se sabe si funcionan una vez aplicadas. Pera mayor desgracia, como nadie se baña dos veces en el mismo río, las recetas que funcionaron en otro tiempo o lugar no tienen por qué funcionar ahora y aquí. Porque, ya para rematarlo, en un mundo desigual y polarizado, lo que "habría que hacer" dependerá de a favor de quién se haga. No hay, pues, recetas, ni recetas generales, ni recetas interclasistas. Mi dispiace, la vita è così; non la ho inventato io.

viernes, 20 de febrero de 2009

Y estos son los "progres"

Desde el punto de vista de la extrema derecha del Partido Republicano, "Hollywood" es un montón de "progres" ("liberals" dirán en inglés) dispuestos a apoyar todas las causas que otros llamarían progresistas. Algo deben de acertar: el hecho es que "Hollywood" ha apoyado con más dinero la campaña de Obama que la campaña de McCain. Y, bueno, hay bastante "estrella" dispuesta a defender las causas de los homosexuales, las minorías, la sanidad, los impuestos y lo que haga falta. Pero...
Pero, efectivamente, hay que llegar a la política internacional para darse cuenta de hasta dónde llega esa progresía. El artículo de John Pilger (que algo sabe de cine) traducido en Rebelión es demoledor a este respecto. Claro que hay excepciones, y el artículo las reconoce, pero la línea general es la de la defensa de los intereses imperiales o hegemónicos de los Estados Unidos o, para ser exactos, de las élites de los Estados Unidos. Han dado la versión que mejor encajaba con esos intereses desde convertir la conquista del Oeste en una epopeya (ciertamente no desde el punto de vista de los indios conquistados) o la II Guerra Mundial en una guerra entre el Bien (los Estados Unidos) y el Mal (todos los demás, aunque con curiosas ausencias). Y han colaborado activamente en difundir dentro y fuera del país precisamente esa versión. No vendrá mal recordar que a los pocos días del 11-S hubo una reunión de urgencia entre miembros del gobierno y algunos guionistas de Hollywood para discutir el tipo de enfoque que había que dar a la máquina de propaganda que es Hollywood.
Claro, y ahí comienza el artículo de Pilger, todo eso viene envuelto en el oropel del estrellato, los oscars, el glamour y la alfombra roja. Pero eso es parte de la propaganda, cosa más que evidente. No importa: preparémonos para asistir a toda la ceremonia (de la confusión) desde el principio al final y esperemos que los "nuestros" (y "nuestras")  sean premiados o premiadas como sin duda merecen. 

Añadido el 2 de marzo: Una razón de que no sean tan "progres" es quién tiene la propiedad de estudios y distribuidoras. Aquí se cuentan algunos casos sintomáticos.

Generalista

Entre clase y clase, esta semana que he estado fuera de mi pueblo habitual y he estado dando clases en un pueblo algo más grande pero igualmente pueblo, una estudiante, rusa por más señas, se me acercó para preguntarme algunas cuestiones sobre bibliografía y esas cosas que los ya graduados suelen preguntar al tipo que aterriza en el curso desde el espacio esterior. Le contesté que no tenía ni idea, lo cual era verdad, y no pudo reprimirse y me preguntó a su vez en qué era yo especialista. Le dije de nuevo la verdad: en nada. Cada vez sé menos detalles sobre más asuntos así que mi futuro es claro: al final no sabré nada sobre todo. Pero es que lo que me interesa es el conjunto. Entre el callejero (importante para encontrar una dirección) y el mapamundi, elijo el mapamundi. Cierto que, en este caso, se pierde muchísima información, pero se tiene una visión de conjunto. Por supuesto que tiene sus limitaciones. Mi director de tesis me decía que el riesgo de hablar de lo general es que se acaba diciendo generalidades. Sigue teniendo razón. Es un riesgo. Pero no puedo evitar el gusto por procurar ver los grandes volúmenes antes que los pequeños detalles.
Paseando después con una amiga, ella hacia su casa y yo hacia el hotel, volvió a salir el tema: hay asuntos sobre los que sé por encima de la media, pero no hacen de mí un especialista en el asunto. Claro que conozco cosas de Bolivia o del Ecuador o de México o de Italia, pero no me hacen un experto en tales países (y menos en el país cuyo pasaporte llevo). Pero hay que ser cauto en lo que se dice para que no suceda lo que otro amigo me acaba de comentar por correo electrónico a propósito de los "post-coloniales" estadounidenses: que no conocen bien aquello de lo que hablan.
Saber demasiado como para ser un aficionado y demasiado poco como para ser un profesional era el problema de Steniner, un personaje de "La dolce vita" que, por cierto, acaba suicidándose y da paso a una escena que llevaría al nombre de "paparazzi". Pero ésa es otra historia.

La crisis en dos folios

Se traducirá en La Jornada (México) a su debido retraso y ya lo contaré aquí (porque igual lo hicieron ayer), pero para los que no puedan reprimir sus ansias de saber y, ya puestos, ya sepan inglés, aconsejo leer el último comentario de Immanuel Wallerstein. Está aquí, es el 251, y es de lo mejor que he leído sobre la tantas veces mentada crisis. Si tiene razón, la seguiremos mentando muchos años y, si acierta, cuando pase este tornado no reconoceremos el mundo que tendremos ante nosotros o que tendrán ante si los supervivientes (he revisado las tablas actuariales para ver si mi esperanza de vida me da para ver ese "nuevo mundo" y no está muy claro). Pero como del futuro nadie sabe nada, lo interesante es que sobre los remedios para atajar, reducir y acabar la crisis tampoco se sabe mucho y lo que es bueno para unos (sabios y con base empírica) es malo para otros (sabios y con base empírica).
Lo mejor del artículo, el problema político de la crisis: los gobiernos van a tener que torear crecientes descontentos de sus ciudadanos y van a tener que echar mano de muy pocos instrumentos que han quedado a su alcance. Más o menos socialdemócratas (pero con muchos problemas), más o menos liberales (pero con muchos problemas) y una fuga hacia adelante a través de populismo: la culpa, los gitanos. Como en Roma.

jueves, 19 de febrero de 2009

USA no mola(ba)

Este es otro reto que tiene que afrontar el presidente Obama: la decreciente opinión que merece su país en algunos países europeos que muestra el gráfico.



Ligera recuperación reciente de Francia, auge y retroceso de España después de un gran bajón, pero la tendencia parece clara. Claro que lo que digan los ciudadanos no es importante. Lo sería en una democracia participativa. Pero en esto que tenemos, los politicos son elegidos para que después hagan de su capa un sayo y decidan lo que les dé la gana en temas que no han discutido con sus electores, y menos si van a las elecciones en listas cerradas y bloqueadas. El impacto de la mala idea de ocupar Iraq por motivos todavía no aclarados y las paralelas violaciones de derechos humanos desde Abu Grahib a Guantánamo pasando por los "vuelos irregulares", no son el mejor caldo de cultivo para unas buenas relaciones. Y a ese asunto Obama sí que puede darle la vuelta, basado en la todavía existente "obamanía" (¿misunderestimated?) en amplias capas de la población mundial que sigue la televisión (porque no se debe creer que todo el mundo está pendiente de lo que sale de ahí ni, mucho menos, que todo el mundo tiene acceso a los blogs de internet).

miércoles, 18 de febrero de 2009

Moderno y postcolonial

Por suerte la manía de usar la palabra modernidad (y post-modernidad) se está apagando, y habría que preguntarse por qué. Pero también habría que preguntarse por qué se usó tanto. Octavio Paz, en su discurso del Nobel en 1990 lo decía:
¿Qué es la modernidad? Ante todo, es un término equívoco: hay tantas modernidades como sociedades. Cada una tiene la suya. Su significado es incierto y arbitrario, como el del período que la precede, la Edad Media. Si somos modernos frente al medievo, ¿seremos acaso la Edad Media de una futura modernidad? Un nombre que cambia con el tiempo, ¿es un verdadero nombre? La modernidad es una palabra en busca de su significado: ¿es una idea, un espejismo o un momento de la historia? ¿Somos hijos de la modernidad o ella es nuestra creación? Nadie lo sabe a ciencia cierta.
Efectivamente, hay tantas modernidades como sociedades y pretender que LA modernidad es la nuestra sólo tiene un nombre: etnocentrismo. Y cuando lo oigo o leo en textos de colegas sociólogos me doy cuenta de hasta qué punto es etnocéntrica la sociología que cree que sus ideas de clases sociales (las marxistas) o de estratos sociales (de la sociología estadounidense) se aplican a las sociedades latinoamericanas o se intentaban aplicar a las sociedades africanas antes de su conquista. El estudio de las sociedades latinoamericanas ha tenido que superar el etnocentrismo de las distintas corrientes que la han colonizado, incluyendo la post-modernista. La complicada relación entre poder, privilegio, prestigio y antepasados que se observa en las sociedades andinas no permite aplicar sin más las teorías etnocéntricas nacidas de "la modernidad".
También fue curioso pensar que la sociología de la comunicación sirve para todo el mundo. De hecho, a los japoneses les costó un montón de malentendidos sobre su propia realidad el dar por buenas las teorías importadas de los Estados Unidos.
Y así sucesivamente.
Pero todavía más curioso es cuando pasamos de ese origen "moderno" de estas ciencias sociales a la exaltación de los estudios post-coloniales. Con muy buen sentido, someten a revisión los conceptos aportados por los ocupantes (los "colonos") sean en África o en América. Y se habla de la colonialidad del poder y la colonialidad del saber. Pero, para mi gusto, tiene dos pequeños defectos: no reconoce las colonialidades previas a las colonias europeas y no reconoce la colonialidad producida después de las independencias.
La colonialidad previa tendría que ser obvia: hay pueblos originarios en el Ecuador que están allí porque fueron objeto de desplazamientos forzosos (mitimaes) por parte de los Incas que, además, impusieron la lengua (de ahí las diferencias en el quechua del norte y del sur, resultado de las respectivas infraestructuras lingüísticas sobre las que se impone la lengua oficial del imperio) y aquellos elementos de la religión que servían de legitimación del poder y la extracción de impuestos por parte de los gobernantes centralistas. 
La colonialidad posterior es menos visible, pero no menos real. Se ha intentado llevar a cabo mediante las ciencias sociales. Eso fue el Proyecto Camelot en la América Latina de los años 60: una planificación de la penetración ideológico-cultural de las universidades latinoamericanas a través de las ciencias sociales del centro, es decir, de los Estados Unidos. Y no deja de ser curioso que el post-modernismo, aunque originado en Europa, haya llegado a América Latina a través de los Estados Unidos. En cambio, los estudios post-coloniales tienen una andadura más complicada ya que su origen puede fijarse en la periferia pero, de nuevo, su gran expansión viene a través de universidades estadounidenses.
Hacer de la identidad el centro de una investigación y olvidar los elementos de desigualdad y heterogeneidad interna puede llevar a engaños no sé si voluntarios o malintencionados: por ejemplo, negar la desigualdad interna de los grupos identitarios (pueblos originarios, por ejemplo), puede impedir solucionar el problema real de dichos pueblos que, sin duda, tiene que ver con la opresión externa y las colonialidades que subsisten, pero que también tiene que ver con la desigualdad interna que hace que también ahí se produzca el "reparto del león".
Tal vez sean cosas demasiado abstractas. Pero hay quien hace una carrera basándose en ellas y, además, con esa peculiaridad de las ciencias sociales: el que se inventa una palabrita, ya puede vivir toda la vida de ella. Y peor para la realidad (social, por supuesto).

martes, 17 de febrero de 2009

Café para la señora

Bueno, pues ahora resulta que el café reduce el riesgo de infarto para las mujeres que no tenían otro factor de riesgo. Lo cual no significa que tomar café les garantice la inmortalidad, que es lo que el lector creyente y crédulo tiende a creer: que la inmortalidad está al alcance de su mano si hace una larga lista de recomendaciones derivadas de investigaciones inconexas entre sí.
Ahora falta saber si la jubilación del marido (largamente deseada por el mismo) reduce el riesgo de algo en la esposa o si lo aumenta en el maromo. Pero los datos que he visto no me convencen porque no hablan del tipo de profesión que se tenía con anterioridad, el grado de utilización del trabajo como droga para olvidarse de otros problemas y la presencia o ausencia de cosas más interesantes que hacer o, por lo menos, menos enmerdantes.

Expertos españoles

Vuelvo a encontrar datalles sobre la participación de españoles en la "revolución silenciosa" que suponen las constituciones latinoamericanas. Ya me hice eco aquí de una extraña campaña en el ABC que más sonaba a envida de los académicos que no habían conseguido las prebendas de estos expertos constitucionalistas participantes en aquellas redacciones (Venezolana, Boliviana y Ecuatoriana, que yo sepa).
Algunos detalles no me gustan (y de hecho, rompí mis relaciones con estos españoles antes de que versiones interesadas saltaran a la prensa) y tampoco me gusta que otros detalles no los haya sabido a su tiempo, más habiendo amigos de por medio que podía saber que distingo entre confianza e información.
Pero no encuentro ilegítimo que expertos en una materia asesores a otros. Claro que siempre lo harán desde el pié del que cojean, pero eso es válido para cualquier cojo, es decir, para todos los expertos, ya que no se conoce ningún caso de ideológicamente puro. El país de origen, es lo de menos. Si eso es problema, es pura contaminación de la ideología más perniciosa que ha producido en el sistema mundial: el nacionalismo según el cual uno debe lealtad a un país por el mero hecho de haber sido nacido en él y debe procurar mejorar lo de su país frente a los demás. El Internacionalismo es una bella retórcia.

Las chicas de Vogue

El mes que viene tendremos a Michelle Obama en la primera página de Vogue y hay todo tipo de especulaciones sobre quién será el estilista que la vista. No es la primera vez que una primera dama aparece como tal en la portada. Hillary Clinton ya estuvo en 1998. Son las únicas del "front page", pero todas las demás han pasado por las páginas de la revista, aunque en páginas interiores. Es parte de la política de esa casa y nadie se extraña de eso. Claro, se mira con lupa de quién es el traje, qué tipo de complementos y de quién lleva y esas cosas para las que me declaro totalmente ciego.
En las Españas hubo un cierto sarao cuando las ministras (no la primera dama) del primer gobierno Zapatero aparecieron en Vogue luciendo sus modelitos aunque no en primera página. Como ciego para el asunto y sin ninguna gana de ir a las hemerotecas, no sé de quién eran los susodichos. Pero el "tolle-tolle" que se montó fue divertido porque iba desde los "progres" que negaban a esas mujeres el derecho a aparecer donde aparecen muchas otras a los "carcas" que les echaban en cara ser miembros (¿miembras?) de un gobierno socialista, es decir, zarrapastroso y, sin embargo, salir en papel couché y con glamour. Las feministas también protestaron por el carácter de mujer-objeto que tienen este tipo de fotografías que, por lo que sé, poco tienen de pornográficas. 
Tuvo que salir en deshabillé en primera página de un periódico español una alto cargo (ni "alta" ni "carga") del Partido Popular  para que su todavía presidente, Mariano Rajoy, reconociera que el ruido creado en torno a las ministras de Vogue había sido una exageración. Ambas lo fueron.
Pero en política todo vale y, si lo hacen los míos (o las mías), bien está. Ahora, si es cosa del otro bando, eso sí que no. Hasta ahí teníamos que llegar.

lunes, 16 de febrero de 2009

Self-reliance

También ujamaa (tiene nombre chino, pero hasta ellos lo han olvidado). Confiar en las propias fuerzas era una estrategia para promover el bienestar de un país y se proponía hace un cuarto de siglo. Nada de "sustitución de importaciones", "crecimiento con equidad" ni los implícitos reconocimientos de la derrota que fueron la "perspectiva de género", la "democracia", la "gobernabilidad" o la "sustentabilidad / sostenibilidad" (curiosamente, en castellano no se usa la misma palabra a un lado y otro del Atlántico, en esa lengua común que les divide).
Antes de que, con el auge del neoliberalismo ("menos Estado, más mercado"), el país dejase de ser una unidad de análisis e intervención para el llamado "desarrollo", esas eran las cosas que se discutían. Cuando desaparece el Estado como activista en esos procesos, tenemos "cooperación", "ayuda al desarrollo" o, en concreto, "proyectos", la dictadura del proyectorado como ha titulado Rodríguez-Carmona su excelente libro sobre Bolivia.
No hace falta decir que, con la crisis, el Estado ha vuelto a donde había estado. De hecho, ya había indicaciones en esa dirección desde los años 90. Pero ahora resulta difícil negar que los gobiernos tienen que intervenir el mercado aunque no sea más que para salvar el mercado (Bush II dixit).
Hay dos extremos opuestos a la "confianza en las propias fuerzas" y ambos nos han llevado a donde estamos. Por un lado, confiar todo en las exportaciones. Ha sido el caso de la China y, cuando aquellas se han reducido, ésta podría venirse abajo y con cierta rapidez. El otro ha sido la madre de todas las crisis: un país que ha creído que podía pedir prestado indefinidamente al resto del mundo, los Estados Unidos, generando la espectacular deuda, convertida a su vez en mercancía que incluía algunos productos tóxicos, como es bien sabido. Esta combinación de excesos de confianza en las fuerzas de los demás, y no en las propias fuerzas, nos ha traído a donde estamos. No es idea mía: es alegato pronunciado por Vladimir Putin en el encuentro de Davos del mes pasado. Un país imprime la moneda que le da la gana mientras se la pidan los demás países (incluyendo a los dolarizados totalmente como el Ecuador y a los dolarizados informalmente como el resto de América Latina) y otro país exporta de todo... e importa bonos del tesoro de los Estados Unidos. Mala barraca.
¿Se puede salir con self-reliance? Lo que sí parece es que cuanta más confianza práctica en las propias fuerzas, más probabilidad hay de capear el temporal. En todo caso, la globalización, desde ese punto de vista, ha muerto.

domingo, 15 de febrero de 2009

Poco importa el referéndum en Venezuela

Parece como si lo de Luis Herrero, expulsado de Venezuela, fuese importante. No lo es, visto lo que dice la prensa de oposición en dicho país. Pero es que incluso el referéndum no es tan importante. A estas horas, no sé quién ha ganado, aunque mi impresión es que ganará el NO, por tan poco como podría ganar el SÍ. Tanto da. El que un líder pueda seguir en el cargo como en España, Italia, Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda, Bélgica, no es lo importante. O que tenga sólo un mandato para repetir, al estilo estadounidense. O que no pueda repetir bajo ninguna hipótesis, como sucede en México. Ésa no es la cuestión. El asunto es más estructural y menos anecdótico.
El referéndum en Venezuela es sobre el funcionamiento de un sistema que ahora está haciendo aguas debido al precio del petróleo y al aumento de la inflación y, en concreto, al aumento de los precios de los alimentos (que es lo que, en los presupuestos de las familias más necesitadas, tiene mayor peso y son las que, en teoría, podrían votar según la línea del PSUV).  Esa es mi razón para pensar que ganará el NO, porque lo que se discute no es si el líder puede seguir o no indefinidamente, según los diferentes modelos citados, sino si la gente está contenta con lo que allí sucede. 
Lo del petróleo, obvio, influye también en el peso que el gobierno de Venezuela quiere tener en el Continente y que el del Brasil, que también tiene sus planes de potencia regional, no está dispuesto a favorecer.
Cierto que los indicadores sociales hacen pensar en una mejora notable de la situación de "los de abajo". Pobreza, sanidad, educación, servicios básicos. Pero la gente no reacciona ante ese tipo de datos sino ante lo más inmediato. Ya pasó con el anterior referéndum que también perdió el oficialismo: en las tiendas había güisqui pero no había leche y lo primero es para ricos y lo segundo para pobres. Los pobres, beneficiarios del chavismo, castigaron al chavismo. Y ahora hasta el Christian Science Monitor se pregunta si los pobres votarán por Chávez.
Por supuesto, hago estas afirmaciones y mañana me las tragaré si hace falta. 
Algún muy querido amigo, diputado chavista, ha tenido una encendida intervención en el Congreso defendiendo el SÍ. Amigo de Platón, pero más amigo de la verdad. El SÍ (o el NO) no van a cambiar los datos más crudos y no hace falta ser marxista (aunque sea "del siglo XXI"), para reconocer que esa superestructura no hace desaparecer la tiranía de la infraestructura: que el gobierno ya no tiene el dinero que tenía y que se les ha escapado de las manos la economía, con el agravante de que esta vez no puede decir que es culpa de la oposición que dificulta el abastecimiento de leche. Las economías extractivistas no son una solución ni a corto plazo. 

Pájaros poco negacionistas

No sólo el Holocausto tiene sus negacionistas. El cambio climático también, aunque el asunto es asimétrico. Si hay una fuerte presión (económica, política) para que el Holocausto no se niegue (que se lo digan al obispo Williamson, excomulgado por negarlo), el cambio climático recibe una fuerte presión económica para que se niegue. Las empresas (petroleras en concreto) que obtienen beneficios a corto plazo (el plazo habitual del sistema mundial) no están dispuestas a que una hipótesis sobre el medio plazo les arruine la cuenta de resultados del corto plazo, que es donde realmente actúan las pobres. Son años ya de denuncias, sobre todo en los Estados Unidos e Inglaterra, de los dineros que van a centros de investigación, medios de comunicación y universidades "a cambio" de sembrar dudas sobre el susodicho cambio, a favor del cual poco puede hacer el impresentable Al Gore.
Ya he dicho otras veces lo obvio: no tengo capacidad para saber si hay o va a haber tal cambio climático. Los datos observables son aumento de las temperaturas (que podrían volver a bajar, aunque los niveles de CO2 lo hagan poco probable), deshielo de nieves perpetuas desde el Ártico a los Andes pasando por los Alpes y algunas catástrofes cuyo origen humano puede rastrearse con relativa facilidad. Hasta yo podría. Calentamiento global, pues, sí que lo hay. Si eso va a suponer un cambio climático irreversible, está por ver aunque todo parece indicar que sí, que en esas estamos. Hay quien dice que ya no hay vuelta atrás.
De momento, observadores sistemáticos encuentran lo que ya yo mismo venía observando: los comportamientos migratorios de los pájaros están cambiado. Por lo visto, tienen mejor información que los negacionistas o todavía no han recibido el sobre de la petrolera para que hagan crecer las dudas razonables y las conviertan en irracionales. Yo, si fuera pájaro, haría lo mismo que ellos.

sábado, 14 de febrero de 2009

Recortes

Si, entre muchos otros factores, en la crisis aparece una constante de tipo moral, a saber, el exceso de codicia, no veo razones para pensar que, debido a algún tipo de sacramento católico, la codicia haya desaparecido como componente de las acciones de muchos humanos. 
Conste, antes de seguir, que los humanos tenemos esa doble tendencia al egoísmo y al altruismo, como las sociedades tienen esa doble propensión a la "lucha por la existencia" (caiga quien caiga) y a la "ayuda mutua, factor de evolución". En nuestras sociedades hay darvinismo social, feroz, selvático, y solidaridad a veces heroica. Las proporciones de uno y otra son cambiantes de sociedad a sociedad y, dentro de una misma, a lo largo del tiempo. En este último caso, como si hubiese un termostato social que introduce algo de solidaridad cuando el darvinismo se hace excesivo y pone en peligro la existencia misma de la sociedad.
Lo mismo, pues, con los individuos. Somos despiadados en unos contextos y tiernos y dulces en otros. Interesados hasta el céntimo por un lado y desprendidos y generosos con nuestro tiempo y esfuerzos por otro. Y vemos cómo, a medida que pasa el tiempo, as time goes by, nos vamos haciendo más de lo uno o de lo otro. Unos se van a cuidar leprosos a África en sus últimos años y otros se convierten en egoístas cascarrabias con independencia de qué hicieron antes.
Todo esto para decir que el exceso de codicia no regulada que llevó a la crisis actual no tiene por qué haber desaparecido, así que hay motivos para pensar que algunas reducciones de salarios (a mí, sin ir más lejos, me han bajado el pago que me hacían por algunas colaboraciones) y algunos despidos, más o menos masivos, tienen que ver todavía con la codicia y aún no con la crisis. Que hay problemas de tesorería para atender las nóminas y que la reducción de ventas hace pensar en reducir puestos de trabajo, no lo dudo. Pero dudo que todas las bajadas de salarios y nuevos despidos se deban a la crisis. Más bien, pienso que los codiciosos de siempre (los de antes) aprovechan esta nueva circunstancia (por ellos creada, aunque no sólo por ellos) para seguir satisfaciendo su codicia.
Insisto: puedo pensar en todas las cosas solidarias que son capaces de hacer estos codiciosos despiadados. Pero aquellas solidaridades no quitan estas codicias.

viernes, 13 de febrero de 2009

No mires la tele

Un reciente estudio llevado a cabo con adolescentes estadounidenses llega a la conclusión provisional (todas las conclusiones son siempre provisionales) de que dedicar mucho tiempo a la televisión trae consigo un mayor riesgo de sufrir depresión.
Se tomaron unos 4.000, se les hizo seguimiento, se vieron sus hábitos y se vio cuántos de ellos habían caído en la depresión (en sentido técnico, no en el de la "depre") en correlación con las horas dedicadas a la televisión. El uso de videojuegos, ordenata o radio no pareció que tuviese ninguna relación significativa con la depresión.
Se pueden dar por buenos los datos y decir que la televisión (sobre todo en sus anuncios) genera frustración. Frustración porque te muestra un mundo que no está a tu alcance, sea en películas y series con personajes ricos, famosos, sexuados, fuertes, heroicos, divertidos, ligones... sea en anuncios con todas las cosas que están a tu alcance... y nada de eso lo está realmente, uno cae en la realidad y la frustración genera agresividad y la agresividad se dirige hacia fuera (violencia) o hacia dentro (¡depresión!). Vale.
Pero los investigadores no van tan rápidos y añaden que no se sabe qué significa exactamente esa visión de la tele: si es soledad, si es aburrimiento, si es (añado) clase baja o familia desestructurada o desempleo o pobreza.  Y los investigadores tendría que añadir que no es posible generalizar sus resultados a la especie humana en su conjunto. Ver la tele no significa lo mismo en una parte y en otra del Planeta. Lo que vale para los Estados Unidos no vale para todo el mundo y viceversa. 
Ya se sabe: correlación no significa causalidad. Y si sólo se refiere a una pequeña parte del Planeta, puedo apagar este trasto e irme a ver la tele, que mi depresión no estará causada por haberlo hecho.

jueves, 12 de febrero de 2009

Antilíder

Las personas producimos atracción y repulsión. Unos más de una que de otra, pero nadie es objeto sólo de atracción o sólo de repulsión. Los líderes políticos no son, a este respecto, excepcionales.
Un viejo sociólogo-economista, Max Weber, hablaba de las tres formas de autoridad: tradicional, carismática y burocrática (legal-racional). Sin embargo, vengo observando fenómenos de rechazo de los líderes, repulsión ante los mismos.
Es posible que conozca a alguien que ha votado a Berlusconi. Lo que sí tengo claro es que no conozco a nadie que me lo haya reconocido y sí a muchos italianos que han mostrado su repulsión más visceral ante il Cavaliere. No voy a discutir sus razones.
En España sucedía con Aznar. Sin duda había (y hay) gente que lo adoraba y le adora. Pero también había gente a la que producía un rechazo casi físico, de desagrado, de repulsión. Ahora le está tocando el turno a Rodríguez Zapatero: lo que escucho en algunas tertulias radiofónicas nocturnas es, desde una perspectiva diferente a la del anti-aznarismo, muy parecido al mismo. Es gente que, en lugar de aportar información y claves de interpretación de lo que está sucediendo (que es lo que uno esperaría de estos "expertos" nocturnos y diurnos) se dedican a llamar "indigente intelectual", "mentiroso", "repugnante" al personaje, las más de las veces con argumentos discutibles, pero que se ve que no es cuestión de argumentación racional sino de visceralidad y sensibilidad. Simplemente, sólo de verle ya sienten asco de sus cejas, sus gestos, su tono, su lenguaje corporal (el que le enseñan sus asesores, dicen estos tertulianos), todo.
No sé qué significa exactamente esta epidemia de antilíderes (ya comenté en su día que el segundo Bush había sido el segundo presidente menos valorado en la historia de valoraciones de presidentes estadounidenses). Cierto que los hay muy valorados, y también aquí reproduzco las encuestas que recoge Consulta Mitofsky en México o Consulta Cedatos en el Ecuador y que muestran las fuertes valoraciones positivas de Chávez, Correa o Uribe (nada que ver con su respectivo "talante" ni con su ideología en el caso de que la tengan).


A efectos comparativos, ahí van las popularidades de algunos europeos (obsérvese que Berlusconi queda mejor que Rodríguez Zapatero).



¿Son excepcionales los carismáticos o los antilíderes? En España, la norma es la del antilíder por más que los hinchas de un partido se dediquen a subrayar el desagrado que les produce el contrario sin darse cuenta de que el propio también lo produce en los contrarios. Pero no sé cómo está evolucionando esa categoría en el mundo. El porcentaje de aprobación que acabo de reproducir, no me sirve. 
Lo malo es que, desde mi punto de vista personal e intransferible, unos y otros no son buenos para la democracia, donde una autoridad legal-racional (aburrida incluso, burocrática, gestora de los impuestos que lo hace como un contable) es preferible a estos caudillos o a estos anti-caudillos. Porque el problema de los caudillos es que generan rechazo entre sus contrarios (la de cosas que he escuchado sobre Chávez en boca de los anti-chavistas o contra Uribe en boca de los anti-uribistas). Pero a nadie se le ocurriría decir que Rodríguez Zapatero o Rajoy soy un claro ejemplo de caudillismo. Ni siquiera Aznar y sus delirios de grandeza (vaya sarta de invitados "de calidad" que tuvo en la boda de su hija en El Escorial).
Puestos a preferir, prefiero esta actitud iconoclasta a la idólatra. Pero mucho más preferiría una actitud racional, que evaluara fríamente la relación entre medios (los políticos de ambos sexos) y los fines (las políticas, es decir, las decisiones). Pero eso no se da ni con los carismáticos ni con los desagradables, más dispuestos al fascismo, como se preocupa un ministro inglés estos días.

miércoles, 11 de febrero de 2009

No tienen ni idea

No deja de producir ternura la seriedad con la que los políticos defienden sus políticas contra la crisis mientras sus oponentes las desdeñan ya que pretenden tenerlas mejores. No me refiero sólo al caso español, dramatizado ayer en la maratoniana sesión parlamentaria en la que unos dijeron que sí y otros dijeron que no. Si la cosa estuviese tan clara, no habría la tremenda heterogeneidad de propuestas sin necesidad de salirse de la actual Unión Europea. Lo que unos consideran una solución, otros los consideran un problema y aquí hay razones para pensar que se trata de un análisis concreto de una situación concreta.
Cuando son partidos dentro de un único país, pongamos PSOE y PP en España o Republicanos y Demócratas en los Estados Unidos, las peleas por quién tiene la solución al problema pueden ser leídas como un truco politiquero e irresponsable más: espero que fracases y verás cómo te sustituyo. De hecho, Obama ya ha dicho que si esto no funciona, no habrá reelección. Que es lo que pienso de Zapatero. Y piensan los republicanos y el Partido Popular (de ahí que pelear por ser el líder sea ahora sugestivo para el individuo aunque pueda ser suicida para el partido). 
Pero cuando uno ve que la política de un país no coincide con el país de al lado, la razón puede ser otra: una, que la política del país A mejore, por ejemplo, su comercio con el país B, que no está nada interesado en aumentar las importaciones y sí la producción y las propias exportaciones. No creo que sea el caso. La otra razón es la de partida: que nadie sabe qué hacer realmente ante la que está cayendo. Las recetas que los sabios dan no coinciden entre sí y es imposible demostrar cuál de ellas es la más apta, vista su unidimensionalidad frente a un problema multidimensional. Desgraciadamente, la economía real no coincide con las simplificaciones de las ciencias económicas. 

martes, 10 de febrero de 2009

Israel no es homogéneo

Ojeando (de ojo, no de hoja) el periódico Ha'aretz (La Tierra, edición en inglés) publicado en Jerusalén, me entero de algunas cosas interesantes:
Una, que existe un Fondo de Beneficencia (Welfare) para las Víctimas del Holocausto. No está muy bien llevado, a lo que parece, pero existe. Quiero decir que, según el reportaje, hay alguna protesta por el modo con que se distribuyen los fondos. Está aquí, pero no acaba de poderse abrir. El titular de este otro reportaje también es significativo y viene a decir que el Fondo dedica un montón de dinero en sí mismo, no en las víctimas. Típico. En todo caso, el Partido de las Víctimas (protestan por tener tantos miembros en la pobreza) va codo con codo con el Partido del Cannabis. Si es cierto lo de la pobreza, no deja de ser un sarcasmo que la legitimación última del Estado de Israel (el Holocausto, la shoah) se encuentre en malas condiciones ante el sistema público de bienestar. En todo caso, parece que tales víctimas existen. Maltratadas tal vez, pero existen.
Dos, un artículo del que sólo puedo ver el título, pero que me basta: Si se quiere la paz, judíos y palestinos tienen que pedirse disculpas mutuamente. Insisto en que el periódico es jerosolimitano. No es el Jerusalem Post, donde han trabajado algunos de los neocons de Bush, pero no es sospechoso de antisemitismo y menos si se ven los anuncios.
Tres, hay columnistas que, explicando el sistema electoral proporcional israelí, afirman que el objetivo de las elecciones no es expulsar a los palestinos que viven en Israel sino integrarlos. Porque hay ciudadanos israelíes que no son judíos sino que son palestinos (además de Franjas, Cisjordania y demás).
Cuatro, que es exactamente lo contrario de lo que pretenden algunos partidos laicos (laicistas los llamarían en España) que lo que quieren es un Israel para los israelitas.  Es el caso de Yisrael Beiteinu (Israel nuestra casa, el partido de Lieberman, con un nombre parecido al que también existe en Rusia -y no se olvide que estas elecciones las pueden decidir los electores rusos, judíos rusos, pero rusos). Insisto en que no es un partido fundamentalista o ultraortodoxo como también se les llama, sino todo lo contrario.
Cinco, en la atomización de partidos, hay de todo. Hay sionistas de izquierdas y de derechas y ultraortodoxos de derechas y es posible que los haya de izquierdas, aunque no los encuentro. Y, como he dicho, hay partidarios de la reconciliación con los palestinos y partidarios de echarlos al mar y recuperar el Eretz Israel desde el Eúfrates al Nilo. Laicos de derechas y laicos de izquierdas y racistas de derechas y de izquierdas.
Así que extraña que, siempre según el mismo periódico, la prensa árabe (que ya es una simplificación) afirme que tanto da quién gane, que todos son iguales. No sucede lo mismo con el Washington Post que añade un detalle interesante: hace tiempo que no muere ningún judío a manos palestinas y la situación económica no es tan mala como en otros países, sin embargo lo que domina es el miedo y la inseguridad, que son dos malos consejeros para tomar decisiones políticas.
Atacar a "los judíos" (o, si uno se encuentra menos ofuscado, a los "israelíes"), es problemático, porque estamos ante una entidad heterogénea étnicamente (sefardíes, azquenazis, negros), lingüísticamente (aunque en Israel hablen hebreo) y religiosamente. Como los musulmanes a los que me he referido en otras ocasiones. Y, ya que estamos, no vendrá mal recordar que tampoco "los palestinos" forman una entidad homogénea y sin contradicciones. Ni sin delito. Si ir más lejos, no hace tanto estaban disparándose unos a otros y el que este enfrentamiento fuese provocado o aprovechado por otros no lo hace desaparecer. Y Amnistía Internacional acusa a una parte de los palestinos de practicar la tortura. Atacar a los judíos y defender a los palestinos, sin matizaciones, es fruto de la pasión que proudcee una simple y limpia dicotomía... falsa. Si se ataca (o se defiende) a los judíos, hay que decir a cuáles de ellos. Lo mismo con los palestinos, y el kefiyeh no basta. Y es curioso que sea tan complicado defender lo obvio. Pero es obvio que nos gustan las generalizaciones. Que, por cierto, es otra generalización.

Lo peor está por llegar

A los que lean inglés, aconsejo dar un vistazo a estos cinco artículos cortos en los que cinco analistas que sí vieron la que se nos venía encima, dicen ahora la que se nos va a venir. En particular, no vendrá mal darle un vistazo al breve texto de Nouriel Roubini. Está en Foreign Policy. 
Y ya que estamos de citas eruditas, tampoco vendrán mal estas dos referencias a dos clásicos recientes, Schumpeter y Polanyi (Karl) y sus previsiones de cómo iba a terminar este sistema y qué se podía hacer para mantenerlo. Se puede leer en el original francés de Les Echos o en la traducción que hacen en TruthOut.  No estoy muy seguro que este colectivo firmante (Favila) hagan la interpretación más acertada de lo que querían decir los dos clásicos, pero después de haberme equivocado atribuyendo a Chomsky lo que, según me dicen y no encuentro, es de Huntington, ya no me fío ni de mis lecturas.
De éstas que ahora cito, saco la conclusión de que el problema es del sistema, se defina como se defina. Y que ha ido chorreando (trikle down) del país hegemónico a los centrales y de éstos a los emergentes y de ahí a los semiperiféricos y está por alcanzar a los periféricos. Roubini cita explícitamente al Ecuador, que, según dice, acabaría por necesitar una fuerte inyección de capital si se quiere evitar que se venga abajo (meltdown). Añado que no es de descartar un nuevo reparto de puestos en el sistema mundial. Mi apuesta: España deja de ser país central y pasa a periférico al no poder afrontar su propia burbuja inmobiliaria (el que el problema sea sistémico no quiere decir que las condiciones locales no cuenten para nada), su apuesta irracional por el turismo de sol y playa (definitivamente en crisis) y su extracción de beneficios en particular de América Latina. La clase política española no parece que vaya a ayudar en nada a que el impacto de lo mundial agravado por lo local se reduzca. Más bien parece que lo van a incrementar. En paralelo, Obama dice que se trata de evitar la "catástrofe" aunque siempre se puede pensar que exagera para convencer a los republicanos renuentes e ideologizados. Slim, no.
No puedo negar una cierta satisfacción (malsana, sin duda) cuando encuentro a gente importante más pesimista que yo. No extrañe, pues, que tuviese particular afecto por Andre Gunder Frank. Si por fin me decido a escribir un próximo librito, se lo dedicaré a su memoria. Esa parte sí que la tengo ya escrita. No puedo olvidar la última cena que tuviemos en Barcelona: él, ya muy enfermo, se desvió de su viaje hacia Luxemburgo, a casa de uno de sus hijos, para que pudiéramos cenar juntos. Dado su estado que no permitía una cena en un restaurante, pedí prestado un comedor en la casa de amigas de entonces, compré lo que se me ocurrió en el supermercado y cenamos. Nos despedimos camino del coche que le devolvía a su escala. Para él, ya todo le resultaba agotador. Y lo peor llegó.

lunes, 9 de febrero de 2009

Eluana: imágenes y palabras

Los últimos datos, en italiano, los veo en La Repubblica de hoy, con todo el va y viene de decretos por vía de urgencia, súbito interés por las condiciones de una clínica y movilizaciones populares en una dirección o en otra.
Me escribe uno de mis gurus (italiano) y me hace ver un elemento del asunto: no se han visto imágenes de Eluana tal y como se encuentra ahora. Lo que se ve es cómo era hace 17 años, joven y sonriente. Cuando el padre pide que Berlusconi y Napolitano vayan a ver lo que hay ahora en la clínica, sabe lo que se está diciendo. Pero esa imagen no se ve y la sensibilidad de la gente es hacia la defensa de la vida de esa jovencita encantadora que aparece en la foto. Si la viesen tal y como está ahora (chapeau al padre por no haber publicado fotos de lo que hay en la cama ahora), tal vez la sensibilidad primaria cambiaría.
Evidentemente hay un elemento de sensibilidad primaria, no sometida al dictamen de la razón. Pero es que ese dictamen está dificultado, adicionalmente, por el uso malévolo de las palabras. Como se sabe, los contrarios al aborto se autodenominan "pro-vida" y los favorables al mismo lo son a favor de "la interrupción del embarazo". Las palabras forman parte de la sensibilidad. Se habla de asesinato (el Vaticano el primero) o se habla de eutanasia o del derecho a una muerte digna o del derecho a que no se prolongue innecesariamente una vida vegetativa (tal vez ya ni siquiera humana).  Hay un "vacío legal" que Berlusconi está dispuesto a rellenar a toda prisa y hay una serie de consideraciones sobre las características de la clínica que hacen pensar en manipulación lingüística o simple fraude de ley. Y hay un sentido de la piedad hacia el sufrimiento innecesario de Eluana y de sus padres. Son formas de ver la misma cosa, aunque etiquetada de maneras diferentes y acompañadas o no por la imagen apropiada.
Berlusconi, como decía ayer, "da al vulgo lo que el vulgo pide" una vez que ha sido convenientemente sensibilizado. Más allá de las imágenes y el vocabulario, lo que está en juego tendría que ser objeto de un debate algo menos contaminado por la sensibilidad primaria. Al fin y al cabo, eso formó parte del proyecto de la Ilustración, hoy en decadencia, a saber, someter al dictamen de la razón lo que nos llega por los sentidos. Ahora, en plena era audiovisual, lo que cuenta es lo que se ve, sea o no sea cierto. Y cómo se etiquete.
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Añadido al final del día: Eluana ha muerto. Definitivamente, duerme un sueño tranquilo y verdadero. Quiero ver qué hacen ahora los que han querido pescar en este río revuelto.

domingo, 8 de febrero de 2009

Negacionismo

Comprendo, aunque rechazo, que sea delito negar el Holocausto incluso si lo que se hace sea simplemente descender a la cuantificación y rechazar los 6.000.000 de muertos judíos a manos de los nazis en los campos de concentración, casi todos fuera de Alemania, dicho sea de paso. Decir que fueron 4.237.532 también sería delito. Así son las leyes y así pueden aplicarse en algunos países como Alemania (en España  no acabo de saber cómo ha quedado la cosa legal al respecto, pero no hace ahora al caso). 
Es como comprender, aunque también la rechace, la Ley de Partidos en España. El que manda hace leyes y si cuelan porque tiene mayoría en el legislativo, leyes son si, finalmente, el Tribunal Constitucional afirma que no son contrarias a la Constitución y un tribunal de derechos humanos dictamina que no son contrarias a los susodichos. Absurda lex, sed lex. Si il Cavaliere saca adelante su decreto exprés para que se vuelva a alimentar a la pobre muchacha en coma irreversible desde hace 17 años, ley será. La comprenderé ("dar al vulgo lo que el vulgo pide", y en el vulgo incluyo al Vaticano), pero la rechazaré igualmente.
En el caso del Holocausto, comprendo que ponerlo en duda reduce la legitimación final del Estado de Israel y, entre la culpabilidad alemana por lo sucedido y la capacidad de presión estadounidense, las leyes pueden ir en el sentido comprensible aunque, insisto (no pertenezco al positivismo jurídico), rechazo por ilegítimas. Aferantur codices, tráiganse los documentos y discutámoslos. Eso sería todo. Pero no: es delito discutir los documentos, caso insólito que no sé cómo llevan los historiadores de profesión. Comprensible, pero rechazable. Como si fuese delito discutir el genocidio anglosajón contra los indios estadounidenses o el número exacto de muertos que produjo el intercambio de microbios que fue la Conquista de América con la explotación española que lo acompañó  o las matanzas perpetradas por los ingleses en la India o los desmanes franceses en la Argelia pre-independiente. Son cosas, algunas de las cuales se han ido negando a lo largo de los tiempos, pero que han acabado formando parte del reconocimiento de la barbarie de los civilizadores. No tendría sentido negarlas ni, mucho menos, convertir en delito su negación (o su afirmación, que tanto da). Son cosas que han sido y que son objeto de indagación empírica al margen de los implícitos ideológicos que conllevan. Lo del Holocausto es diferente, porque está el Estado de Israel por medio, así que lo comprendo.
Lo que, en cambio, no comprendo, es que la excomunión de un obispo lefevriano dependa de si hay negacionismo o no por parte del tal Williamson. No sé si se podría revisar su excomunión o su revocación de la excomunión si negase la existencia del Imperio Romano o negase las teorías de Darwin, ambas a dos pertenecientes al ámbito de la ciencia, no de la creencia. Como, repito hasta la saciedad, la existencia y cuantificación del Holocausto, que no está en el ámbito de la fe, se mire como se mire. Pongamos que llega un obispo de estos críticos y niega el heliocentrismo, el hecho evidente de que el Sol se mueve y es la Tierra la que está quieta. ¿Repetiríamos el caso Galileo? Por mí, fuera de esos lances, el obispo puede negar lo que mejor le venga en gana y, si lo hace en países en los que es delito negarlo, pues que caiga sobre él el peso de una ley que creo ilegítima. Pero no entiendo por qué una negación como esa tiene efectos en su posible excomunión o des-excomunión (que no recuerdo cómo se llama técnicamente). Que el Papa sea alemán y que la Sra. Merkel le riña, no tendría que entrar en el caso. Pero por lo visto entra, y más teniendo en cuenta que Ratzinger tuvo la juventud que tuvo (conozco a un colega alemán en las mismas circunstancias, que yo desconocía hasta que vi cómo reaccionaba en una cena a cuatro al introducir el tema del autor de "El tambor de hojalata", así que comprendo a Ratzinger). Pero eso no tendría que afectar a la excomunión, que más se refiere a cuestiones de dogma, moral y rituales y al rechazo de lo dicho por concilios de obispos. Negar un hecho histórico o sus detalles no veo que sea excomunicable como piden los obispos alemanes y recuerda una agencia judía de noticias. Pero parece que de esas irracionalidades (las de uno y otros) vamos a ver muchas más.

sábado, 7 de febrero de 2009

Inquietudes

Al diablo se le ocurriría (y muchos académicos son diabólicos) pensar que las cosas que suceden en este mundo se deben solamente a factores que tienen que ver con una sola de las disciplinas más o menos académicas. Pongamos la omnipresente crisis. Me inquieta que se vea como sólo económica o sólo política o social o moral o cultural o sólo lo que sea.
Por empezar por lo obvio, me parece obvio que hemos llegado a donde estamos por un exceso de avaricia y un defecto de normas, no sólo las "regulaciones", sino, sobre todo, un defecto de correcciones al "todo vale" que domina en el sistema desde que apareció fuese en Europa o en Asia (que hasta eso discuten y discutían  algunos académicos, como si sirviese para algo). Un problema moral, por tanto, que haría saltar de su tumba a Adam Smith y su idea de que los "sentimientos morales" debían corregir el exceso competitivo selvático del mercado realmente existente. 
Sigamos por algo algo menos obvio: las mentalidades, la cultura, los símbolos. No es raro escuchar una culpabilización a los medios por su machacona insistencia en la crisis, insistencia que reafirma y acrecienta la crisis. Cuando páginas y páginas de los periódicos y minutos y minutos de radios y televisiones se dedican a comentar brillantemente lo mal que estamos, se genera un estado de opinión pesimista que retrae las innovaciones, dificulta que aparezcan emprenderores con nuevas propuestas y, por reducir, incluso reduce el consumo de personas que tienen los ingresos muy asegurados y que, por tanto, no tendrían otro motivo para reducirlo que el miedo a que la cosa siga como está.
Claro que hay un componente económico. Los doctores que tiene la iglesia al respecto se encargan de hacerlo poco comprensible al común de los mortales, a veces como forma de mantener su poder, prestigio y privilegio (las tres P). Pero los economistas que puedo comprender porque escriben para que les entendamos (tipo Krugman o Stiglitz, nobeles de economía, aunque eso no signifique mucho, como tampoco significan mucho por necesidad otros premios concedidos por motivos no siempre claros), subrayan los elementos que ha habido de burbuja inmobiliaria (en los Estados Unidos, empeorada localmente en España), burbuja financiera (que lo reconozca George Soros es bastante significativo) y hasta de burbuja alimentaria y energética. El estudio de las burbujas es ya viejo, pero no parece que haya tenido muchos efectos en las políticas, tal vez por el carácter unidimensional que han tenido las burbujas anteriores (sólo inmobiliarias o sólo financieras). 
La componente política tampoco es negable. George W. Bush reconoció que sabía de lo que se venía porque se lo anticiparon sus asesores económicos, pero no actuó. Por lo que fuese. Probablemente porque venía la campaña electoral y sólo al final tuvo que reconocerlo porque ya hubiese sido un escándalo negar lo evidente. No sé si el gobierno español lo sabía. En cualquier hipótesis, mal. Si no lo sabía, porque indica incompetencia. Y si lo sabía, porque indica politiquería anteponiendo los intereses electorales al afrontamiento de los problemas. Las recientes peleas entre republicanos y demócratas en el Congreso y el Senado estadounidenses (algo parecidas a las que aquí se sufren ente PP y PSOE) son también un excelente ejemplo de politiquerismo cuando, a decir de observadores menos partidistas, todos se están quedando cortos. También en los Estados Unidos. Y por política.
Y, no por arrimar el ascua a mi sardina, hay un componente social: "los de arriba" sintieron la "hybris", la arrogancia y la osadía, y creyeron que estaban "más allá del bien y del mal" y obraron en consecuencia adjudicándose, en un bello ejercicio del "reparto del león", las mejores tajadas cuando no las únicas, y trabajando sistemáticamente, con la ayuda de los gobiernos, para des-sindicalizar a "los de abajo", para lo cual los sindicatos realmente existentes fueron una gran ayuda. Si "los de abajo" no tienen forma de defenderse y se les trasmite el fatalismo de que ése es su sino, la distancia entre "los de arriba" y "los de abajo" crece desmesuradamente y, como sucede con un resorte cuyos extremos se separan incesantemente, pone en peligro su existencia misma.
Mientras cada especialista super-especializado proponga las recetas que se derivan de su propia miopía, poco se podrá hacer. No tengo respuestas, pero sé que las que oigo y veo no acaban de afrontar el problema en sus muchos matices. Y, de nuevo, lo leo en gente de mucha más solvencia que la mía. Y eso me inquieta.
Las reacciones sociales son comprensibles, aunque yo no sea capaz de determinar en qué porcentaje se van a producir. Por un lado, los que están en medio, van a ver cómo aumentan sus temores de caer abajo y van a ver crecer sus temores ante los de abajo que pueden pasar a la delincuencia. Así que las ofertas políticas de "ley y orden" van a tener su público. Los que han sido lanzados a la ausencia de ingresos (esos 900.000 que dicen que hay en España), al margen de los que se busquen la vida como puedan, no creo que planteen alternativas políticas de cambio de sistema: bastante tienen con sobrevivir, aunque sí es posible que la frustración que les genera su estado precario les lleva a la agresividad y esta agresividad se concentre en los "extranjeros", los "inmigrantes" o las "razas inferiores". Nada nuevo en este campo: ya pasó en Europa hace 80 años. Los políticos intentarán pescar en este río revuelto haciendo ver lo despreciables que son sus contrarios y presentándose como los auténticos representantes de los que tienen problemas y votan (los que tengan problemas y no voten, no existirán a no ser que los de en medio se muestren inquietos por la reducción de seguridad). Y "los de arriba" seguirán básicamente arriba, inasequibles al desaliento. 
¿De dónde pueden venir las mayores demandas de cambio del sistema? Probablemente de sectores con suficiente seguridad como para pensar en los demás y hablar en su nombre. Claro que, también aquí, habrá diferencias entre los que son capaces de proponer metas alcanzables por medios asequibles y los que seguirán creyendo que hay que ser realistas y pedir lo imposible sin saber cómo conseguirlo o lo utilizan para su pripia escalada social. La declaración de la Asamblea de Movimientos Sociales en el Foro de Belém de Pará es un buen ejemplo de ese "realismo". 
La inquietud, pues, es básicamente de clase media, la mía al fin y al cabo. "Los de abajo" no están inquietos: están mal. Y "los de arriba" van a dejar de tener mil millones y sólo tendrán 700. Pobres.

viernes, 6 de febrero de 2009

Intervencionismo en cifras

Del CIA FactBook 2009, con datos de 2008, saco estas dos cifras:
Producto Mundial Bruto, 70.650.000.000.000 de dólares, es decir, 70,6 billones.
Población estimada (para 2008), 6.706.993.152, es decir, casi 7.000 millones (7 millardos si se prefiere). 
Por lo menos tienen la gentileza de dar la cifra económica redondeando los ceros finales y es algo chusco encontrar esa falsa exactitud respecto a la población (no hace falta saber mucho para saber que los censos de población, en algunos países como la China, son literalmente falsos ya que la gente en el campo oculta el número real de hijos; en otros, son, por lo menos, dudosos ya que los agentes censales difícilmente llegan a rincones de una población muy dispersa e inaccesible). Pero, bueno, aceptemos lo de los 7 millardos.
Haciendo una sencilla división, encontramos que la "renta per cápita" mundial está en los 10.500 dólares.
Ahora vayamos al Christian Science Monitor de ayer donde nos enteramos de que ya son 34 países (sobre casi 180, no se olvide) los que tienen gobiernos que están poniendo en práctica estímulos de diversa índole (obras públicas, incentivos fiscales y cosas por el estilo). La suma de todos esos estímulos es de:
2.250.000.000.000 dólares, es decir, 2,25 billones de dólares.
Y ahora las sencillas divisiones en las que espero no haberme equivocado:
Si la renta per cápita era de 10.500 dólares, el estímulo per cápita es de 335 dólares.
El estímulo de estos 34 supone el 3 por ciento del Producto Mundial Bruto. 
Es mucho si se mide en billones, no es tanto si se mide en porcentajes sobre el PIB mundial. Tampoco es tanto si se mide en proporción a la población mundial. Pero es un intervencionismo real, bien ajeno a la lógica del mercado sin restricciones.
Y no es nada si se compara con lo que dice el CIA FactBook sobre el total de monedas y depósitos en divisas del mundo (M1, para los técnicos, no para mí). Se trata de la bonita suma de 12.350.000.000.000.000 dólares, es decir, 12.350 billones de dólares. Me excuso de hacer las divisiones y espero pacientemente para ver cómo se ha deshinchado esta burbuja monetaria a finales de 2009. Porque es de suponer que una parte importante de esta burbuja se desvanecerá. Pero ésa es otra historia.

Otra pirámide, ésta japonesa

Esta vez se trata de una estafa de 2.500 millones de dólares y siguiendo el esquema piramidal tipo Ponzi o Madoff. Se ha dado en el Japón. Un respetable ejecutivo de más de 70 años y una veintena de acólitos habrían "chupado" a los incautos que podían creerse que iban a recibir unos intereses del 36 por ciento y, además, doblar su capital inicial en tres años. Avaricia de todos e ingenuidad de algunos. Por un lado el "todos queremos más" y, por otro, la inmensa capacidad del ser humano para ser cegado por su ambición y convertirse en pasto de aprovechados de tal falta de sentido común. Si es lo que dicen, hasta yo habría visto que era imposible: no se pueden vender billetes de 100 euros a 50 euros. Añado que, estando en el grupo apropiado y sufriendo la euforia colectiva apropiada, igual también habría caído. Hagan lo que hagan algunos individuos concretos (seguro que hubo quien se dio cuenta y no cayó en la trampa), el caso es que el sistema funciona así, guste o no guste. Y esas son las reglas del juego con independencia del régimen político o de la cultura dominante en el país. Como hay corrupción en el MAS en Bolivia (el caso con YPFB) y con el chavismo y hasta en Cuba (que lo dijo Fidel y lo repitió Raúl). Es el mismo barco, con distintos camarotes.

jueves, 5 de febrero de 2009

Inesperado Madoff

Para los que se creyeron que la que está cayendo era algo inesperado, no vendrá mal escuchar (o leer el reportaje) a quien llevaba diez años (sic) avisando de que algo olía a podrido en dinamarca, es decir, que lo de Madoff no era trigo limpio. Se le hicieron oídos sordos. Hay que preguntarse por qué si, además, el tipo dice que llegó a temer por su seguridad. 

La culpa, los Bancos

Para los que se asombran de lo que dicen algunos ministros en España a propósito de los Bancos (y cómo se les contradice desde su mismo partido), ahí van un par de opiniones en los Estados Unidos (que se añaden a las decisiones ya conocidas de Obama de recortar salarios de los altos ejecutivos y a las propuestas de nuevas nacionalizaciones).
La más extrema (voy a los Estados Unidos), es la de Nassim Taleb, un autor que sí veía venir la que vino y que escribió "El cisne negro: El impacto de lo altamente improbable". Dice que para salvar al capitalismo no queda más remedio que nacionalizar la Banca y que los causantes de tanto mal paguen por sus culpas cayendo en la pobreza después de haberla creado. Ahí es na'.
Sin los tonos bíblicos del anterior, el economista Dean Baker propone "racionalizar" los Bancos, es decir... nacionalizarlos. Ayudarles, como propone Obama, con más inyecciones de líquido no va a servir de nada. Bueno, esta idea se publica en Inglaterra, pero seguimos en el mundo anglosajón, la dupla anglosajona que la llama Alfredo Jalife-Rahme.
Ralph Nader, que fue candidato a la presidencia varias veces, es más modesto: más impuestos para los especuladores (que haberlos, háylos y los ha habido).
En situaciones tan complicadas como las actuales, echarle todas las culpas a los Bancos parece una exageración propia del simplismo. Pero negar dicho papel en la crisis también son ganas de meter la cabeza en la tierra. Y si hay que actuar  sobre  las causas...

Añadido 7.02.09: Joseph Stiglitz también piensa que no hay otra que nacionalizar los bancos. Y tampoco es un rojo.

Armas nucleares

Parece que Obama va a intentar reducir la absurda pila de armas nucleares de las dos grandes de la irracionalidad atómica: los Estados Unidos y Rusia. Lo de absurdo no sólo es porque, con aquellas cantidades, se podía destruir el Planeta numerosas veces (y ya me dirán para qué sirve poder destruir el Planeta ni siquiera una segunda vez, no digo una tercera o una cuarta). Como se sabe ahora por buenos análisis del Bulletin of the Atomic Scientists aquella acumulación incesante de armas de destrucción masiva se basaba en premisas totalmente falsas. 
El artículo es particularmente crítico con el armamentismo soviético. Lo que no dice es que uno de los factores que intervino en la caída de la URSS fue precisamente el armamentismo de planificación central. Por lo menos, el de los Estados Unidos permitía una inyección keynesiana -invertida y pervertida, pero keynesiana- de dinero público en el sistema industrial que, además de corrupto -difícil saber si tanto o más que el soviético-, utilizaba la investigación militar para aumentar beneficios con nuevos productos. La planificación central, en cambio (insisto, además de su propia corrupción, pipriska), se agotaba en sí misma ya que lo que los gerentes quería era cumplir con el Plan y punto.
No es mala cosa que reduzcan el arsenal. Pero supongo que seguirán siendo capaces de destruir la Tierra por lo menos un par de veces. Y si ellos no son capaces, entre la India y Pakistán pueden tener suficiente "entretenimiento" nuclear como para producir ellos solos el "invierno nuclear" no precisamente propicio para la especie humana. Lo que quiero ver es qué hace el gobierno de Obama con el apoyo de su predecesor a la escalada nuclear de dichos países que es donde, a decir de los que entienden del asunto, está el mayor riesgo de enfrentamiento nuclear contemporáneo. Lo de Corea del Norte es peccata minuta. Y lo de Irán es mirando al futuro, y por eso el propósito de que no se nucleariza como han intentado los sucesivos gobiernos estadounidenses desde tiempos del Sha. En la actualidad, ningún peligro. Pero lo de India-Pakistán es peligroso. Y ahora.