jueves, 14 de mayo de 2009

Rêverie

Es el nombre de una pieza de Debussy que escuché un montón de veces durante una corta estancia en Tarma, Perú. Es que no había muchos más discos (de vinilo, por supuesto, porque estoy hablando de finales de los 60).
Me he acordado al leer una referencia a una investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences. Utilizando resonancia magnética han podido constatar dos cosas que me parecen interesantes. Una, que el cerebro tiene mucha mayor actividad durante "sueños despiertos" que cuando el individuo se concentra en una tarea determinada. Si no entiendo mal, eso quiere decir que los aparatitos para que el cerebro no "envejezca" tal vez sirvan para algo, pero mucho más sirve el soñar despierto, la "rêverie" (Claro, tengo que recordar las cosas de Bachelard que yo leía entonces sobre las ensoñaciones del agua, del aire, de la tierra y que me aconsejaba mi inolvidable profe José Luis Rouillón, limeño hasta las cachas, pero que me hizo leer casi todo lo que he leído).
La otra cosa que me resulta interesante de esa investigación es que si se quiere resolver un problema o se quieren tener ideas nuevas sobre un asunto, el concentrarse en uno u otro será menos eficaz que dejar volar la imaginación sobre temas ajenos a lo que se está tratando. Kekulé reconoció en público que la solución a la estructura de la molécula de benceno la obtuvo en una ensoñación en la que vio una serpiente que se mordía la cola. Claro que hay que tener un problema, pero encerrarse en él tal vez no sea la mejor manera de resolverlo. Salir mentalmente, pasear mentalmente, "rêvasser", soñar despierto es una estrategia tan válida como la atención en clase. Cosa que recordaré cuando vea estudiantes que ponen cara de no estar atendiendo y estar en otra cosa. Igual es mejor para ellos.

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