sábado, 9 de agosto de 2008

Egoteca literaria

He ornamentado el blog con citas en varios idiomas. Hace pocos días Pepín Vidal-Beneyto, uno de los más reputados –si no es el que más- sociólogo español fuera de España, afirmaba desenvolverse en cinco lenguas en contraste con la profunda ignorancia lingüística que aqueja a la clase política en general y a los ciudadanos españoles en particular que, en torno al 50 por ciento, sólo conocen una sola lengua.
Este caso de ignorancia sistemática contrasta con la posibilidad que tuve en Finlandia de hablar con el mecánico del taller al que llevé mi coche y entendernos... en inglés, lengua que he podido usar en casi todos los taxis que he tomado en los países nórdicos, pocos, para ser exactos, pero no por ello menos significativos. También contrasta con el trilingüismo de mis alumnos en la escuelita de Toracarí (Potosí, Bolivia), que no tenían problema en pasar del quechua al aymara y del aymara al castellano, que era la lengua que se usaba en clase. No sé si entre las cinco lenguas del recuento de Pepín estaba el valenciano (que ciertamente lo habla: siempre nos hemos comunicado en dicha lengua) y, en todo caso, mi caso no es su caso.
Precisamente por eso y para no ser clasificado en la orden de los pedantones que “miran, callan y piensan / que saben porque no beben / el vino de las tabernas”, es por lo que dedico esta egoteca a explicar las citas. No tiene por qué interesar a nadie, pero sí me interesa a mí.
Comencemos por el “la bocca sollevò dal fiero pasto” con que se inicia el blog. Es de la Divina Comedia. El episodio del conde Ugolino se sitúa en el infierno (bien empezamos) y se puede pensar que se trata del primer comecocos en la historia de la Humanidad, sólo que el comecocos es literal: un tipo le está comiendo el cerebro a otro y, cuando el Dante se acerca y le pregunta que por qué tal martirio, el comiente, levanta la boca de lo que estaba comiendo (“fiero pasto”) y le contesta. Lo que como en el blog son periódicos e informes y, al escribir, levanto la boca de tan “fiero pasto” y comento lo que se me ocurre. ¿Qué se me ocurre?
Bueno, ésa es la segunda cita. Se trata de la “Cigarra y la hormiga” que podría haber hecho de Samaniego, pero que he preferido hacer en francés porque así me lo recitaba mi padre que se desenvolvía bien, a lo que recuerdo, en italiano, francés y alemán aunque no en inglés porque mi padre era anti-imperialista y el imperio entonces era Inglaterra (perteneció a la facción más anarquista de la Falange Española hasta que, terminada la última guerra civil española, se dio de baja al no poder aceptar el nivel de corrupción que encontró en sus antiguos conmilitones que habían olvidado los viejos ideales nacionalizadores excepto para el INI, que era nacionalización de pérdidas). La cigarra tiene que ver con mi propio comportamiento. Si fuese una hormiguita ahorradora, no estaría perdiendo el tiempo cantando en el ciberespacio post tras post sino que estaría haciendo informes (de pago) para instituciones serias (es decir, que pagan). Con mi salario tengo suficiente y no necesito más, así que puedo permitirme el lujo de cantar como la cigarra todo el verano aunque siempre temiendo encontrarme sin un centavo cuando vengan los malos tiempos de la jubilación. Pero, para entonces, ya iré a pedir limosna a las hormigas que hayan ahorrado todo este tiempo y no lo hayan perdido cantando en el ciberespacio. Por otro lado, es un guiño para explicar que habiendo estado cantando en otro nido (Tercera Información), me encontré sin espacio y, cuando vino el invierno de no poder subir gráficos e imágenes, me tuve que ir a mi nido actual, por más que Google haya obtenido el Príncipe de Asturias, lo cual ya lo hace sospechoso de todo mal, como pasó con Al Gore.
El pasaje del conde Ugolino (canto XXXIII de Infierno) lo tuve en clase de literatura en mis tiempos peruanos bajo uno de los mejores profesores que he tenido en mi vida (José Luis Rouillón) y la frase se me quedó marcada. No se puede tomar la metáfora literalmente porque en mi caso no hay un obispo Ruggieri, enemigo al que esté condenado a roer el cerebro por toda la eternidad sin por ello saciar mi hambre. Ni hay enemigo, ni estoy condenado a escribir el blog que terminaré cuando quiera, aunque me quedará el hambre del grafómano. Lo de la cigarra (chicharra) también lo recuerdo, aunque de tiempo muy anterior al peruano.
El texto que sigue me llegó hace menos tiempo. Fue cuando compré las obras completas de Shakespeare (y las de Oscar Wilde, que ambas estaban de oferta) en una de las entonces frecuentes visitas a Sheffield, Inglaterra. El texto me impresionó por lo certero: la vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada. Más razón que un santo. La cita la volví a escuchar en una retrasmisión de un debate en el Congreso de los Diputados españoles. La hizo un político (al que, por cierto, no le tengo ninguna simpatía -beautifull people socialista-, hoy ya dedicado a otros menesteres, claro) y nadie de la oposición de entonces, a lo que se vio, se dio cuenta de que se trataba de una cita erudita. El “fiero pasto” (la comida bestial) que proporcionan los medios y que yo canto gratuitamente sin pensar en el futuro no son más que un cuento, contado por idiotas –al fin y al cabo, miembros de la especie humana, la única idiota que hay en el Planeta-, cuyo significado se nos escapa aunque algunos seguimos intentando encontrárselo sin caer en los atajos de las ideologías y las religiones, que también tienen sus ruidos y su furia, pero cuyo significado es, por lo menos, discutible.

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También podría haber puesto lo que antecede en Macbeth y que es:
Life's but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage
And then is heard no more
Noticias que no son más que sombras ambulantes que un actor miserable intenta declamar ante los medios y que, pasado el tiempo, nadie recuerda. Y los que intentamos entender el mundo, unos "quiero-y-no-puedo". En honor a la Tesis 11 añadiré que los que pretenden cambiarlo, otros que tal. Cambios ha habido, obvio. Pero es muy raro que se hayan producido en el sentido de los que lo pretendían. Y los que intentaban entenderlo, siempre a la zaga y siempre perdidos.
El dibujo de Lewis Carroll en Alicia a través del espejo es también una toma de posición: siendo nominalista, creo que las palabras son convenciones. Ya lo he contado aquí a propósito de "globalización" donde, además, cito el texto al que hace referencia el dibujo: Humpty Dumpty explicando lo que las palabras pueden significar.
El blog termina con un latinajo, lengua que estudié de jovencito pero que ya no controlo. Está en los relojes de sol (y podría estar en cualquier otro) y, puestos a ser pedante, tiene resonancias de Pérez Galdós: todas las horas hieren y la última es la que te mata: habrá una sucesión de posts hasta el último que, en fin, ya se sabe lo que es la vida.
Hoy comienzo mis vacaciones, pero seguiré cantando aunque no tenga sentido y la comida... bueno, la comida intelectual ("il fiero pasto") seguirán siendo los periódicos, pero la otra será de la que incrementa el colesterol y el ácido úrico, es decir, irracional pero estupenda.

5 comentarios:

  1. Veo, profesor, que estás decorando tu habitación. Supongo que para quedarte un buen rato y para que tus invitados se encuentren cada vez mejor.

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  2. Eso espero: que los invitados se encuentren a gusto. Y, sí, parece que me quedo un rato si la calor no me aplatana totalmente.

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  3. Me alegra mucho haberle encontrado por estos lares. Estoy leyendo sus reflexiones y medio sonriendo. Es buena señal, gracias.

    Una ex alumna

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  4. Acabo de descubrirle ¿cómo agradecerle lo que "publica"? Leyendo y difundiendo tal vez.
    Pienso en el latinajo de las horas y me da angustia, hay que darse prisa.

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  5. No, amigo mío. No hay que angustiarse ni por esa versión ni por la otra (omnes vulnerant, ultima latet). Lo que sea sonará. Mientras, hacer lo que uno cree que debe hacer, siendo fiel a uno mismo. Y cuando llegue la barca que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo como los hijos de la mar.

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