martes, 6 de diciembre de 2016

Contra extremistas/terroristas

No es lo mismo. Extremista se refiere a los fines, terrorista a los medios. Pero así titulan hoy, respectivamente, The Guardian y Le Monde la noticia del acuerdo de Facebook, Twitter, Microsoft y Google para luchar contra los "malos". Cómo se vayan a definir es otra cuestión y cómo lo vayan a poner en práctica, vistos sus antecedentes, otra todavía más complicada. 
¿Es extremista Trump? ¿Terrorista Putin? Habrá que verlo. Las fronteras entre buenos y malos no son tan claras como se pretende y permiten todo tipo de intervenciones. 
Sé que no soy terrorista (creo), pero no estoy tan seguro de que, puestos a fastidiarme, alguien no me tache de extremista... precisamente por colgar este post en el que, en el fondo, se entiende esa amenaza de esos grandes monopolios como algo con tintes que pueden ser extremistas y, según cómo se definan, terroristas. Por ejemplo, será extremista todo el que ponga en cuestión el poder de esas empresas y será terrorista la empresa que amenace con cortarle la conexión a quien diga tal cosa extremista. Pero el que manda, manda.
Para colmo
"Sadly, we live in a post-truth world dominated by fake news in which people increasingly seek information that confirms their ideological beliefs, rather than information that's factually accurate from reliable sources."
Y no veo por qué esas empresas no van a hacer lo mismo que tanta gente: buscar la información que confirme sus creencias ideológicas por encima de buscar la información sobre fuentes confiables a partir de definiciones hechas públicas.

Ataques terroristas

Se ha dado publicidad (la merece) al informe de Europol sobre las nuevas formas posibles de terrorismo en Europa. Pero algo más se debería haber dicho sobre quiénes son los causantes de tales atentados. Los datos de otro informe de Europol (EUROPEAN UNION TERRORISM SITUATION AND TREND REPORT (TE-SAT) 2016) son claros: según sus datos, los terroristas yihadistas fueron responsables de 17 de los 211 ataques terroristas en la UE. Según el FBI, aunque con un rango temporal menor, los yihadistas solo han supuesto el 5 por ciento de tales ataques en los Estados Unidos, un porcentaje todavía menor que el europeo.
Que la tendencia se puede revertir e incrementarse los atentados, cierto. Que la infiltración policial puede dar sus frutos, también. Que los nuevos métodos de ataque terroristas pueden pillar desprevenidas una vez más a las autoridades competentes, lo mismo. Pero el pasado está claro y las exageraciones sobre el mismo, normalmente interesadas, también. Interesadas, en boca de los políticos, porque el miedo genera sumisión.

lunes, 5 de diciembre de 2016

El juego de las definiciones

Del discurso de Raúl Castro en el entierro de su hermano, me han resultado interesantes las siguientes palabras:
O sea, repito que (Fidel) demostró que sí se pudo, sí se puede y se podrá superar cualquier obstáculo, amenaza o turbulencia en nuestro firme empeño de construir el socialismo en Cuba, o lo que es lo mismo, ¡Garantizar la independencia y la soberanía de la patria!
He tenido que acordarme de un viejo texto de Andre Gunder Frank en el que planteaba la componente nacionalista que tenían algunos gobiernos comunistas-socialistas de su tiempo hasta el punto que dicha componente acababa ocupándolo todo y eso que, para él, eran términos antitéticos. Si hay que tomar la frase de Castro en su literalidad, construir el socialismo es construir el nacionalismo.
Y me han dado que pensar las palabras del lehendakari nacionalista vasco (nada socialista aunque en coalición con ellos en su gobierno local), Íñigo Urkullu: 
“En un mundo globalizado, la independencia es prácticamente imposible”
(El titular omite el "prácticamente": sospechoso). Pero sí son posibles el autogobierno, con derecho a decidir (es decir, derecho a la autodeterminación), que son cosas perceptibles, y el reconocimiento de Euskadi como nación, que es, de nuevo, cuestión de nombres (hay una docena de definiciones contradictorias de nación).
No son los únicos casos de abuso del lenguaje en estos días.

Calumnia que algo queda

Supongamos que usted es de los que cree lo que encuentra en internet como antes, en las Españas franquistas, se creía lo que decía la radio o la televisión ("Menos viajar y más leer la prensa" se bromeaba atribuyendo a Franco esa respuesta a quien le decía que había viajado y no había encontrado las inauguraciones de las que se vanagloriaba el Caudillo). Y, crédulo que es, se horroriza ante un tuit que se ha hecho viral en el que se informa de una banda de explotadores sexuales de niños que tiene su centro de operaciones en un determinado restaurante y que está dirigido por gente de la política. Horrorizado como está, se percata de que en dicho restaurante no hay el más mínimo movimiento de la policía y que, siendo como es verdad lo de la banda, esos seres despreciables siguen por sus anchas. Buen ciudadano como es usted, defensor de las buenas costumbres en general y de los niños en particular, decide actuar por su cuenta y, convenientemente pertrechado, irrumpe en el restaurante para poner fin a tamaño desatino. Hay muertos, porque usted va, más o menos legalmente, armado. Y resulta que ni hay tal cartel ni, obviamente, está dirigido por gente de la política. Fin de la historia que, insisto, comienza con la credulidad ante lo que uno encuentra en las redes y termina en tragedia.
Sin embargo es real, excepto en lo de las muertes. Se trata de una pizzería en los Estados Unidos que había estado en las redes como sospechosa de tales delitos y que habían producido en un crédulo de tales despropósitos el deseo de "auto-investigar" convenientemente armado. La cosa venía de la reciente campaña electora y fue una de tantas mentiras que circularon entonces: en el delito se incluía a Hillary Clinton y a alguno de sus más directos colaboradores.
Lo curioso es que se sabe quién inició la noticia falsa: el hijo del que va a ser asesor de seguridad nacional en el gobierno Trump. ¿Será verdad?
Estoy convencido de que, sin llegar a tales extremos, las campañas austriaca e italiana que finalizaron ayer, también han estado plagadas de mentiras, como lo estuvieron las del Brexit y las del referéndum colombiano. Si, además de mentiras, son calumnias contra personas concretas, mejor que mejor: son más eficaces.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Fútbol mundial tramposo

Lo de los partidos de tenis amañados para obtener beneficios a partir de las apuestas es una minucia. Lo de la evasión fiscal de las grandes estrellas del fútbol español, es decir, mundial, es otra cosa. Ya había habido casos ante los juzgados (Messi, Neymar), pero ahora, a partir de lo expuesto por Der Spiegel y otros y que cuenta Le Mondese sabe de lo que estas estrellas dignas de admiración y casi adoración ("maricón, pero soy muy rico, cabrón", que diría uno de ellos al ser tildado de lo primero y que ya había explicado por qué le envidiaba tanta gente: "joven, guapo y muy rico"), se sabe de lo que estos ídolos, digo, han defraudado a la Hacienda española, justo cuando se van a incrementar los impuestos sobre las bebidas alcohólicas fuertes (no el vino y la cerveza, gracias), las azucaradas y el tabaco. El incremento es de céntimos y, aun así, nuestros amados líderes prevén un ingreso millonario que permita aminorar el peso del déficit público previsto.
Y estos futbolistas, veremos. Lo sagrado es sagrado. Aunque hayan sido abusados sexualmente en su momento. Pero eran ingleses. (¿Y eso es un argumento? Lo que faltaba)
¿Excepciones?

sábado, 3 de diciembre de 2016

Historia mundial reciente

La plantea Tom Engelhardt en uno de sus Tomgram. Su punto de partida creo que es este:
Led by a man who knows remarkably little, other than how to manipulate the media (on which he’s a natural-born genius) and, at least in part, by the frustrated generals from America’s war on terror, the United States is likely to be more extreme, belligerent, irrational, filled with manias, and heavily armed, its military funded to even greater levels no other country could come close to, and with staggering powers to intervene, interfere, and repress.
El triunfo de Trump y de sus multimillonarios "populistas" unidos a militares frustrados por la frustrante "guerra contra el terrorismo", todo ello bajo un personaje que sabe poco excepto manipular a los medios (cosa que hace como un genio). Sin entrar a los efectos de tal tsunami político en lo interior, Engelhardt se preocupa por los efectos para la violencia a escala mundial. Y para eso recuerda.
Recuerda lo que han sido las intervenciones de la CIA para "cambiar regímenes", cosa que ha hecho directamente o con apoyos significativos (todo ello documentado). Su lista comienza en 1953 (con Irán, Persia) y (no) termina el 11-S, pero el de 1973 (con el Chile de Allende). La tentación de añadir el papel jugado, no por la CIA sino por el FBI, en las pasadas elecciones presidenciales es grande, pero Engelhardt solo lo deja caer sin entrar a saco como han hecho otros.
Algunos de estos "cambios de régimen" o incluso "intervencionismo humanitario" han producido contragolpes ("blowback") como ha sido el de las invasiones, ataques y apoyos significativos en Oriente Medio que han producido contraataques, voladuras, secuestros, explosiones por parte de los que se pretendía cambiar o, más bien, por parte de los que perdían con el cambio y la intervención "humanitaria". Engelhardt se refiere a alguno de esos sucesos, a la contrarreacción estadounidense y a la escalada subsiguiente. Y llegamos a Al Qaeda, Boko Haram, Al Qaeda en el Magreb (antes FIS, creo) y, por supuesto, el DAESH -nombre problemático-.
Su final es ominoso:
Autocracies come and go. Autocrats rise and die. Rebellions break out and fail. Democracies work and then don’t. Life goes on. Climate change is, however, none of that. It may be part of planetary history, but not of human history. It is instead history’s potential deal-breaker.
Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar: pasan las autocracias y sus autócratas y las rebeliones que suscitan, triunfen o fracasan o triunfen al principio y fracasen el final -¿Cuba?-. Al final, las obras quedan las gentes se van, otros que vienen las continuarán, la vida sigue igual. ¿Igual? Engelhard añade algo importante: cambio climático, diferente a todas esas cosas y que podría formar parte de la historia del planeta, pero, de momento, no forma parte de la historia mundial reciente. Y, sin embargo, podría ser lo que rompiera la historia. De la especie, claro. El Planeta, encantado de desembarazarse de este cáncer autodenominado especia humana. Diabólica Autocomplaciente Especie Superior Humana, DAESH según sus siglas.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Lo mal que anda el mundo

No hace falta ser un reconocido "politólogo" ni recurrir a abstrusas consideraciones sacadas de no menos abstrusos libros. Stephen Hawking lo hace aquí con claridad y sencillez.
Parte de una constatación que nunca viene mal: él pertenece a una élite de la élite que tal vez haya estado al margen de lo que realmente estaba sucediendo en el mundo. Feo vicio que aqueja, en su conjunto, a la élite mundial y local: viven en su mundo, no en el mundo. Y confunden su mundo con el mundo.
Cuando intenta salir de esa burbuja (sic) se encuentra un mundo en el que la distancia entre élite y pueblo se ha, si no agrandado, por lo menos manifestado en particular gracias a las nuevas tecnologías. Hawking reconoce el papel positivo que tienen (sus motivos personales son evidentes), pero también su lado negativo, incrementando aquella distancia o, para ser precisos, la conciencia de tal distancia, cosa que determinados políticos aprovechan con propuestas de lo que llaman "populismo". Casos del Brexit y de Trump que él cita.
Antes una cita citable por mi cuenta: "El único antídoto para las décadas de ruinoso gobierno en manos de una pequeña élite es una audaz infusión de voluntad popular. En cualquier tema que afecta a este país, el pueblo tiene razón y la élite gobernante está equivocada". Que añade:"No me interesa defender un sistema que, durante décadas, ha servido a los intereses de los partidos políticos a expensas de la gente. Miembros de ese club (consultores, encuestadores, políticos, tertulianos y lobbies) se han hecho ricos mientras la gente `[...] se empobrecía y quedaba aislada". No se trata de Pablo Iglesias en las Españas, sino de Donald Trump en el Wall Street Journal, en abril de este año.
Volvamos a Hawking. El hecho es que la desigualdad ha aumentado en el mundo. No tanto por lo que pueda medir el coeficiente Gini obtenido por encuestas sobre presupuestos familiares (renta y riqueza como variantes) sino por la constatación de las penosas condiciones en las que viven millones de personas, algunas de las cuales expulsadas del mercado de trabajo por esas nuevas tecnologías. 
Mediambiente, claro. No es algo independiente de la desigualdad sino algo conectado. Uno afecta al otro y viceversa.
El resultado es un panorama sombrío ante el que Hawking intenta ser optimista. Hace falta enfrentarse al desempleo, las migraciones, la pobreza (y, yo añadiría, ante otro de sus correlatos, las violencias). Eso es tarea de las élites, de esas élites que viven en su burbuja. El artículo, que vale la pena leer, termina así:
We can do this, I am an enormous optimist for my species; but it will require the elites, from London to Harvard, from Cambridge to Hollywood, to learn the lessons of the past year. To learn above all a measure of humility.
Aprender la lección y tener algo de humildad (e implicar a élites no-anglosajonas, supongo). No pide nada. La desconfianza en las instituciones está alimentada por sus representantes.