miércoles, 23 de abril de 2014

Violencia multiétnica

En Sudán del Sur, el joven país africano, se están produciendo masacres que recuerdan las sucedidas en Ruanda hace 20 años. Viendo un par de reportajes (aquí y aquí) , estos son mis comentarios o, más bien, mis curiosidades.
1. La primera es obvia: a qué puede deberse la fascinación por la violencia que muestran los reportajes. Tal vez suponen que eso es lo que le interesa al lector, que, enternecido, constatará que él (o ella) vive en el mejor de los mundos posibles: todo es comparar. Y tal vez eso es lo que hace noticia, aunque no sea un "hombre muerde a perro", sino matanzas más o menos indiscriminadas.
2. La segunda me ha saltado de repente: el presidente del país pertenecía a un grupo étnico y el vicepresidente a otro. Pero se pelearon y ahí parece que se inicia la violencia más extrema. En otras palabras, hay grupos diferenciados por la cultura (sea lengua, religión, costumbres, medio de subsistencia mayoritario, rural-urbano, hasta "raza" si hace falta -es decir, características externas a las que la cultura atribuye un determinado sentido de pertenencia sin que dichas características sean tan determinantes con los que no las tienen pero sí son clasificados de tales-). Esos grupos generan lealtades y jerarquías (hay quien manda, de una forma u otra). Y cuando esas jerarquías se pelean, son capaces de mover al resto del grupo hacia el enfrentamiento. En otras palabras, que la "causa" de la violencia no es la diferencia étnica sino el conflicto político que usa de la diferencia para lograr mejores posiciones (de los líderes) en el conjunto. Sería, por tanto, un conflicto político y no un conflicto étnico (no confundir al causa con el instrumento).
3. "Cherchez le pétrole". Antes era "cherchez la femme". Ahora es, ante situaciones como las descritas en aquellos reportajes, "busquen el petróleo". Porque lo hay, porque es un bien demasiado estratégico como para olvidarlo, porque produce ricas plusvalías a quienes lo controlen (no a todo el grupo étnico, sino, sobre todo, a "los de arriba") y porque...4
4. Lo de Ruanda no podía entenderse sin recurrir a potencias exteriores que intervinieron de diversas formas (mirando a otro lado -que es una forma importante- o participando en azuzar e instigar a las partes a usar de la violencia). Me gustaría saber quiénes están participando desde fuera en esta, buscando beneficios futuros (¿petróleo? ¿geopolítica africana?).

Estados multiétnicos

También llamados "plurinacionales" y, en ambos casos, con problemas a la hora de definir que es etnia y qué es nación. Si lo que se toma como indicador es la lengua materna de sus habitantes, lo habitual en este mundo es encontrar Estados "multi-lingüísticos". Monolingües hay muy pocos. Tal vez Uruguay, Portugal, Dinamarca, Japón, Islandia. Y aun así, habrá ciudadanos uruguayos que reivindicarán su pertenencia étnica diferencia a la mayoritaria (con una referencia a Salsipuedes) y, en el Japón, los okinawenses podrán decir algo parecido, y no digamos loa burakumin. Portugal tiene inmigrantes, originarios en algunos casos de las antiguas colonias africanas y asiáticas. No se me ocurre cómo relativizar Dinamarca e Islandia, pero seguro que alguien sí sabe cómo hacerlo. Total, que, usando varios indicadores según convenga, los Estados uni-nacionales o uni-étnicos son una excepción muy rara.
Pienso en Ucrania y la tendencia a achacar una de las causas de los enfrentamientos a la diversidad lingüístico-étnica. También se podía haber hecho en Sri Lamka (tamiles y cingaleses). Sin embargo, no creo que la diversidad sea la causa sino el modo con que se utiliza, la composición social de cada grupo, la existencia de movimientos que utilicen la bandera de la diferencia para conseguir otros objetivos, en definitiva la utilización del sentimiento de identidad para alcanzar otros fines que no son precisamente los de salvaguardar la identidad. 
Los estados pluralistas no son la excepción sino la regla. Que en unos la cosa se lleve con tranquilidad (Suiza) o con violencia (en su día Sri Lanka) no puede atribuirse, como digo, al carácter multiétnico del Estado. Prácticamente todos lo son y no en todos hay desigualdad, conflicto o violencia. Se puede reprimir, distraer, sublimar, negociar, trascender, reducir, hasta minimizar la cuestión. O se puede maltratar. O se puede manipular desde fuera o desde dentro. Pero es un medio. No un fin.

martes, 22 de abril de 2014

Entrevista con Enric Duran

Está aquí, llevada a cabo por skype desde un lugar indeterminado. A disfrutar, el vídeo final, en catalán con subtítulos en inglés.

Hambre

Dos gráficos sugestivos sobre el hambre, etiquetado como "incapacidad de conseguir alimento", en algunos países y que he encontrado aquí, que cita a Bloomberg y la OCDE. El de la izquierda es el de aumento o disminución (en puntos percentuales) y el de la derecha es el de la incidencia de tal problema:
WorldHunger
Algunas observaciones sobre este problemático indicador:
1. no todo va mal en el Reino Unido. Porcentajes relativamente bajos y reducción de la "subnutrición" en los años de la "crisis".
2. no puede decirse lo mismo de los Estados Unidos: porcentaje alto e incremento del problema.
3. los grupos menos afectados son los "sospechosos habituales": los centroeuropeos y, sobre todo, los nórdicos (Finlandia es un poco especial: porcentaje bajo pero incremento relativamente alto).

lunes, 21 de abril de 2014

Hacerse rico

Una lista, con abundantes enlaces informativos, de las formas de hacerse rico que poco tienen que ver con lo que el articulista llama "mito de la meritocracia". Solo una salvedad: el paso del capitalismo industrial al capitalismo financiero explica el por qué de algunos elementos de la lista que, probablemente, no fueron aplicables en la etapa anterior.

Dejar de leer

Lector empedernido, suelo tener tres razones, por lo menos, para dejar de leer un artículo, aunque los motivos, como se verá, son muy variados
1. Ya me referido al tema en otras ocasiones, aunque no siempre lo aplico a rajatabla (ejemplo: lo que publiqué aquí sobre 'argumentar insultando", para lo cual tuve que olvidarme de esta primera razón). Me refiero a que, por lo general, dejo de leer el artículo en cuestión al primer insulto que encuentro. Me da la talla del mismo y creo que no vale la pena seguir con él. Hice lo contrario en aquel artículo, pero es que quería dar ejemplos extremos de tales prácticas que sé que a otros gustan, y buscan a radiopredicadores que practiquen el insulto como norma. Pero a mí no me van: en la radio, al primer insulto cambio de emisora. Entiendo a los que echan mano del insulto, pero  no es forma de informar, sino de descargar la agresividad. Los psicólogos lo saben: la frustración genera agresividad y la agresividad busca objetos en los que descargarse, aunque sea verbalmente.
2. Una segunda razón para dejar de leer un artículo es el uso indefinido del impersonal 'se' y del 'ellos' todavía más indefinido. Se trata de frases como  'lo que se nos quiere inculcar', 'se nos dice' y similares que vienen bien para las teorías de la conspiración, pero que no añaden conocimiento aunque el lector crea lo contrario.  'Ellos' se refiere a un enemigo difuso y escondido que trama en la sombra y que, evidentemente, el autor desconoce aunque se los imagine. Frase encontrada hace poco y que hizo que me dejara de interesar el texto: "Se teme que Venezuela sea referente de un modelo distinto". El autor intentaba convencer al lector de que lo que estaba sucediendo en dicho país era efecto de una conjura, complot o conspiración cuyo motivo era el señalado en la frase que cito: "se teme etc.". Quién sea ese "se" que tanto teme, es algo que se deja para el ya convencido. Puedo sospechar de quién sospecha ese autor: del "imperio", que tampoco es que añada mucha información sabiendo las diferencias internas del "imperio" (que supongo se refiere a los Estados Unidos). Prefiero, claro está, análisis sobre los conflictos internos entre actores políticos varios (incluyendo a miembros del gobierno Obama enfrentados entre sí en lo ideológico) y su relación con los medios y la opinión pública del país a estos genéricos "se", "ellos" y, sí, el "imperio".

3. Dejo de leer un artículo al segundo 'deber ser'  con frases como 'lo que se debe hacer'' sin decir cómo y por quién, 'lo que debemos hacer' sin decir quiénes somos esos 'nosotros'. La gratificación que producen estas frases puede ser de autocomplacencia ya que, identificados con su autor o autora, sentimos que la Razón está con nosotros: la Verdad, el Bien y la Belleza están de nuestro lado.
¿Que por qué actúo de esa forma? Pues porque mis frustraciones políticas, sociales y económicas, mi desorientación en un mundo complicado y en cambio acelerado y mi necesidad de orientación en el mapamundi no las soluciono de esa forma que poco tiene que ver con mi pasión por la lectura de periódicos a la busca de contrastar información y de entretenerme mientras tomo el café matutino o el almuerzo a media mañana. Sencillamente, los insultos, los indefinidos y las exhortaciones a ser buenos no me sirven. Si a usted sí, eso que se ha ganado.

miércoles, 16 de abril de 2014

Argumentar insultando

El secreto está en los adjetivos, aunque muchas veces también los sustantivos trasmiten argumentos. Lo primero que encuentro es esta cita: “El recurso al insulto contra quien discrepa es la mejor prueba del irracionalismo” (Antonio Elorza, sobre Cataluña). Eso también. Pero antes había leído: “La prostitución de las palabras, como señaló Orwell, es la primera proeza de todo Gobierno de vocación totalitaria” (Mario Vargas Llosa, sobre Venezuela). Tal vez sea así, pero, me parece,  no solo puede ser propio de “todo Gobierno”. También puede ser “proeza” del pensamiento “de vocación totalitaria”, venga de donde venga, y no solo de los objetos del discurso, sea el que sea, Cataluña o Venezuela.
El caso de Venezuela me preocupa personalmente. Tengo amigos allá y en todo el espectro ideológico, lo cual hace todavía más complicado aclararme con lo que está sucediendo realmente ya que cada cual procederá a arrimar convenientemente el ascua del dato a su sardina ideológica. Eso lo doy por descontado, así que procuro separar las voces de los ecos intentando, inútilmente, entender la situación. En cambio, lo que me resulta particularmente inútil para mi objetivo de comprensión son las salidas de tono en forma de insultos. Las comprendo, claro. Es una forma como cualquier otra de descargar adrenalina, pero, a lo que sé, acaban dando gato por liebre.
Obsérvense los adjetivos usados en la siguiente lista que reproduzco por orden de aparición: “Asfixia sistemática de la libertad de impresión”; “empresarios adictos”; “catastrófica situación económica del país”; “descarnada y trágica situación”; “intervencionismo sistemático”; “burocratización cancerosa”; “pavorosa situación”; “medidas populistas”; “infeliz pueblo venezolano”. Nada se prueba, pero sí se cualifica y se evalúa.
No sé si se trata, como diría otro autor en la misma dirección que Vargas Llosa, de “arteras soflamas”, “sandeces intencionadas”, “estupidez infinita”, “mostrenca y pedestre”  o “estulto silencio”. Parece que no. Pero la ayuda para aclararse en el galimatías de la información en torno al asunto no es mucha. Como tampoco el “izquierdistas/ecologistas infantiles” que utiliza el presidente Correa para zanjar autorizadamente sus diferencias con quienes parecen estar teniendo motivos.
Hay muertos y heridos en Venezuela que cada una de las varias (no solo dos) posibilidades de enfocar el tema verá de forma diferente si se trata de nuestros muertos o sus muertos. Pase. Pero calificarlos de una forma u otra no sirve de mucho.
Vayamos, entonces, a un artículo publicado el mismo día que el de Elorza. En él se arremete contra Hans Dieterich, un intelectual que ha estado muy presente en los asuntos de la zona, uno de los más activos en la elaboración de lo que se llamó, en su momento (ahora un tanto de capa caída como retórica), “socialismo del siglo XXI” con Chávez a la cabeza. Pero resulta que Dieterich, después de haber apoyado al chavismo de Chávez, ahora, con Maduro, expone sus distancias e intenta enumerar los fallos del sistema y de sus prácticas. Este nuevo artículo arremete contra tales distancias y enumeraciones críticas e intenta desmontarlas, terminando su artículo con un “Dieterich  puede tener alguna relevancia para algunos, pero no para los revolucionarios que conocen sus sórdidas intenciones como intrigante, manipulador, especulador ideológico e instrumento de divisiones. De sus ideas sobre el Socialismo del Siglo XXI solo le queda una triste fachada de guarimbero trasnochado”. Creo que puede ser un ejemplo de argumento mediante insultos. ¿Ayuda a posicionarse? No creo: convence a los convencidos. ¿Aporta información clarificadora? Tal vez en el resto del artículo, sí aunque discutible, pero no en esta traca final. Pero así es la lucha “revolucionaria” como también es así la lucha reaccionaria. Obviar en la “lucha”  que “la verdad os hará libres” es pasar de una opresión a otra. Otros (los nazis) dijeron que lo que hacía libres era el trabajo (en los campos de concentración).
Hay un elemento que explica esta forma de argumentar: la psicología del ex y frente al ex. En muchos grupos humanos se rechaza con más virulencia lo que pueda decir un ex-miembro que lo que digan los extremos contrarios. Igualmente, los ex-miembros tienden, como norma general con honrosas excepciones, a expresar actitudes negativas hacia el grupo al que pertenecieron. Creo que ahí reside una de las posibles explicaciones del insulto contra el antiguo miembro del propio grupo y la agresividad del que ha sido miembro de un grupo hacia este otro grupo. Podrán descargar adrenalina, pero no aportan información (ni entretienen) y, en cualquier caso, no constituyen un paso importante hacia la libertad. Importante, importante, tampoco los que lo evitan cuidadosamente.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante- como continuación de lo publicado aquí anteayer)