domingo, 27 de mayo de 2012

En todas partes cuecen habas

Estaba a punto de subir un post sobre la noche de Shavuot, la noche en la que, en Israel, se celebra la entrega de la Ley al pueblo judío por parte de Dios a través de su intermediario Moisés, subrayando el hecho que cuenta Ha'aretz de que en algunos restaurantes se haya preparado ensalada de quinua, cereal andino que me encanta, cuando he encontrado, en dicho diario, esta magnífica pieza sobre "la que está cayendo". Compara, en primer lugar, la crisis del 29 y sus actores con la crisis actual y aporta algunas observaciones sobre las reacciones contemporáneas. Tres me han llamado poderosamente la atención.
La primera, que en todas partes (es decir, en países centrales, es decir, los Estados Unidos y Europa), los fondos públicos se han lanzado a rescatar bancos en riesgo. Como en las Españas con Bankia sobre todo.
La segunda, que en todas partes (ídem) la tendencia es a echarle la culpa al respectivo Banco Central y que eso suena más a chivo expiatorio (excelente imagen viniendo de un periódico israelí) que a análisis concreto de situaciones concretas. En las Españas, puede decirse algo parecido sobre MAFO al frente del Banco de España, aunque, ya se sabe, cada situación es única.
Y la tercera es que reducir el problema a una cuestión financiera (préstamos, deuda, liquidez, creación de dinero -QE- etcétera) es condenarse a no solucionarlo: un problema mal planteado es muy difícil de resolver. El problema tiene raíces que no son financieras sino que tienen que ver con la educación, la mano de obra, la cultura empresarial y un montón de factores que van más allá de las competencias de los Bancos Centrales.
Mi conclusión: si el artículo podría re-escribirse poniendo como único actor a un país determinado (los Estados Unidos, España y demás países en vías de subdesarrollo), quiere decir que el problema no es "nacional" sino sistémico. Alguno de mis profesores decía aquello de que "si es común, es que es social". Ahora, para "la que está cayendo" se podría decir que "si es común, es que es sistémicos", es decir, tiene que ver con el sistema mundial y, por tanto, difícilmente va a tener solución local un problema que es mundial. Pero como el nacionalismo es la única ideología mundial... pues cada gobierno buscará "su" solución después de haberlo planteado mal. Se hunden.

Y, mientras, los países que fueron sus colonias en las distintas olas de colonialismo (ocupando territorios, ocupando mercados, ocupando militarmente) se divierten viendo cómo los náufragos, a diferencia de los de la Medusa, se pelean por ver quién es capaz de subirse a la balsa que se hunde, con lo que la posibilidad de salvarse (que solo podría ser viable si se pusiesen de acuerdo) se reduce brutalmente precisamente por esa pelea entre los náufragos. Quién te ha visto y quién te ve, y sombra de lo que eras.

Masivo no es mayoritario

El desencanto de los que se manifestaron en la plaza Tahrir tiene elementos en común con el que se produjo en las Españas entre los que se manifestaron contra la guerra de Irak y, por tanto, contra el PP. Ambos han visto que aunque las manifestaciones fuesen masivas, a la hora de traducirlas en votos en las urnas, los que no se manifestaron fueron más numerosos. En el caso egipcio, dando como opción a un sucesor de Mubarak (el mismo Mubarak contra el que se levantaron en aquella "primavera") o a un islamista, bien es cierto que "moderado" (¿hay católicos moderados?), pero, en todo caso, ajeno al espíritu laico que animó a los revolucionarios de Tahrir y otras ciudades. Que esa es otra: no fue en todo Egipto ni, en el caso de El Cairo, no fue todo El Cairo. Lo mismo con los manifestantes españoles: ganó el PP en las inmediatas elecciones y sin márgenes.
El elemento "masivo" es, por tanto, engañoso. Primero, porque al obtener mayor cobertura en los medios de comunicación (¡hay foto! ¡hay foto! y, por tanto, hay noticia visible... y superficial) da la impresión de que es "la" realidad: si no está en los medios es que no existe y, a la inversa, si está en los medios es que existe. Y ambas proposiciones son falsas: hay cosas -muy importantes y llenas de consecuencias- que no están en los medios y sí que existen y cosas que están en los medios (incluso con foto!!!!!, como algunas que se vieron en la preparación de la primera Guerra del Golfo -y en la segunda-) y son totalmente falsas.
Para el caso egipcio, las encuestas de Gallup eran claras:
Las protestas eran mala cosa a lo largo de 2011. 
La otra razón para confundir masivo con mayoritario es más de tipo psicológico y tiene que ver con la pérdida de realidad que trae consigo el sumergirse en un grupo de iguales o, por lo menos, de semejantes: se confunde "mi" mundo con "el" mundo. De hecho, uno de los objetivos de las manifestaciones y los mítines no es el de convencer al que no va, sino el de "confirmar en la fe" al que asiste a los mismos, que se ve reforzado en sus creencias.
Algo parecido sucedía con Occupy Wall Street (y estoy convencido que sucede con los "indignados" españoles, israelíes o quebequenses). Que, creyéndose representantes del 99 por ciento frente al 1 por ciento, obtengan otro tipo de apoyo, también documentado por Gallup.
Tienen a favor a una cuarta parte de la población, en contra a un 15 por ciento, pero son ignorados por un 60 por ciento.
Es fácil explicar estos desfases entre autopercepción y realidad. Por eso no es tan raro encontrar que cuando se trata de votar no sucede lo mismo que cuando se trata de salir a la calle o a las plazas. Todo ello con el agravante de que algunos de los que se echan a la calle no votan o por edad (raro) o por ideología (menos raro) o por costumbre (no infrecuente). Así que, en los Estados Unidos, sigo pensando, aunque con menos claridad que hace un año, que perderá Obama. Lo cual quiere decir que ganará Romney, es decir, el representante del 1 %.

Cuestión de escalas

Gallup viene haciendo una encuesta en muchos países sobre su nivel de bienestar subjetivo: si el entrevistado se encuentra bien (thirving) o se encuentra mal (suffering). En su última entrega se ve que la "crisis" no parece que haya afectado a su muestra mundial excepto en esa reducción de 2009:

Thriving, Struggling, and net wellbeing worldwide

Sin embargo, sigue habiendo diferencias entre los encuestados:

iacqw9pm1ewogg6x1q-bfw.gif

A medida que aumentan los ingresos del hogar, aumentan los que se encuentran bien (el dinero no hace la felicidad, pero ayuda). Lo contrario sucede con los que se encuentran mal. Y conviene recordar que la llamada "crisis" está polarizando las sociedades a las que afecta: ricos más ricos y pobres más pobres.
Es curioso también lo que sucede por regiones (aunque no se note el impacto de la "crisis" -que no es mundial, sino regional, aunque esté afectando de momento a los países centrales-). En este caso, el gráfico da el porcentaje de los que están bien menos el porcentaje de los que están mal, que es lo que Gallup llama "bienestar neto" nada menos:

oltfwuboqe6kudulzjijsg.gif

La tendencia es a la baja y las distancias llegan a ser fuertes. Y lo mismo aquí, aunque la muestra del África subsahariana debe de tener sus agujeros:

mgigjtcjae-ccospxxhssw.gif

El pequeño bache de 2009 ha desaparecido en general y la tendencia de Europa y América del Norte es sugestiva.

sábado, 26 de mayo de 2012

Suicidios militares

El hecho de que hayan muerto más ex-soldados estadounidenses por suicidio que en el campo de batalla de Irak y Afganistán merece un intento de explicación. Aquí hay un variado de ellas.
La más brutal es la que sencillamente dice que si te han enseñado a matar, no hay tanta diferencia entre homicidio y suicidio. Me parece excesiva, pero hay un elemento que une estos dos comportamientos en muchas ocasiones: drogas ilegales y legales (alcohol, en concreto). Como se sabe por otros tipos de violencias, las drogas desinhiben, liberan de tabús y reglas.
Otras son más sutiles y tienen que ver con la pérdida de apoyo de los compañeros. Mientras están desplegados, la camaradería es fundamental para superar la repugnancia instintiva a matar, los remordimientos que pueden surgir por haberlo hecho y para ocultar el miedo a ser víctima. La "decompresión" al dejar el uniforme y encontrarse solo y aislado tiene que ser tremenda y hasta yo estaría dispuesto a reconocer que algo de base tenía el viejo Durkheim y su suicidio anómico, por falta de grupo.  Pero, como digo, el recurso a las drogas ha de ser tenido en cuenta.
Hay razones ambientales: el desempleo, el abandono por parte del gobierno y, sobre todo, el abandono por parte de una sociedad que no quiere saber nada de "aquello que pasa allí". Desesperación por la situación que se sufre y desesperación por la falta de futuro. Como la de algunos empresarios italianos o jubilados griegos.
No me extraña que, alternativamente, algunos veteranos de guerra se hayan unido a los "indignados" de allí (Occupy...) y hayan arrojado sus medallas en la reunión de la OTAN. Es una reacción más suave que el suicidio, obviamente. Pero está en la misma línea.

viernes, 25 de mayo de 2012

Nacionalismo excluyente

En la asignatura "Educación para la ciudadanía", asunto chusco y cansino desde sus inicios, el nuevo gobierno español ha quitado el tema "nacionalismos excluyentes". No sé yo si los gobiernos son los más apropiados para dictar los temarios de las asignaturas y menos si son tan liberales como dicen ser. Tampoco me impresiona que esta bajada sea fruto de las necesidades de voto del partido gobernante en Madrid y de las pretensiones del partido gobernante en Barcelona. Lo que me maravilla es que no se haya visto tal tema como un pleonasmo más: albarda sobre albarda. Todo nacionalismo es excluyente por definición.
Ante todo, porque el nacionalismo es aquella ideología que divide el mundo en un "nosotros" (buenos, por definición) y un "los otros" (potencialmente amenazadores, pero en su mayoría indiferentes para el "nosotros"). En otras palabras, la ideología nacionalista (la única dominante a escala mundial como no me canso de repetir) excluye siempre a "los otros" que, como digo, pueden dividirse entre los que tanto da que existan y los que nos amenazan y nos hacen víctimas de sus turbios manejos. Un buen nacionalismo es victimista: necesita enemigos. Y si no los encuentra, los inventa, fuera o, también, dentro, los quintacolumnistas, los que practican el autoodio y todos esos trucos. Y frente a esos enemigos exteriores, uno debe lealtad absoluta a su propia nación frente a esos "otros", lealtad que puede llevar al martirio, a la autoinmolación que "en sus aras de nuevo juremos morir antes que esclavos vivir" (himno boliviano: cantado por indígenas es un sarcasmo porque se trata de liberarse "de los de fuera", no "de los de dentro" como ha querido el indigenismo). Al fin y al cabo, "morir por la patria no es morir: es vivir" (estrofa poco cantada del himno colombiano: la mejor definición de martirio cristiano ya que mueres y vas al cielo derecho derecho). El himno ecuatoriano tiene referencias a un admirado holocausto (sic) de los héroes que vio atónito el mundo. Así que, "mexicanos, al grito de guerra" etc. con el añadido machista de que "el amor de los hijos y esposa / saben siempre al guerrero premiar".
Claro que siempre hay clases. La primera subdivisión es la de nacionalismos estatales (estados a la búsqueda de su nación) y los subestatales (naciones a la búsqueda de su estado, como el referéndum en Escocia para 2014). Históricamente, es la diferencia entre el nacionalismo de la Grand Révolution, la francesa de 1789, y el nacionalismo alemán (o italiano) del siglo XIX. Cambia el enemigo. En el primer caso (aux armes citoyens) es contra los malos que "vienent jusque dans nos bras égorger nos fils et nos compagnes". Vienen de fuera. En el segundo caso, el enemigo es el que no nos deja independizarnos y con el que formamos una entidad que no reconocemos: un Estado en el que estamos ambos. 
Son dos formas de ser excluyente, pero son excluyentes: los primeros, como bien se vio con el terrorismo lingüítico del Abbé Gregoire, excluyen a esos inferiores que quieren separarse. Por no tener, no tienen lengua propia sino un "patois", un "dialecto" primitivo, no como nosotros, que tenemos la "lengua de la civilización", en francés en el caso que estoy siguiendo. Los segundos, se excluyen, en versión de los anteriores, de la "sagrada unidad de la Patria", y no aceptan a esos maketos o charnegos que vienen a poner en peligro nuestra identidad cultural (véase la Lega Nord, en lo que ellos ven como Padania y los unionistas italianos ven como Italia del Norte).
Estas dos formas vienen, a su vez, en dos versiones: la cívica y la cultural. El nacionalismo cívico es el que hace la nación fruto de un "plebiscito cotidiano": uno pertenece a la nación que quiere. Bueno, a la que le dejan, pero eso estos nacionalistas no lo consideran y, si no, que se lo digan a los inmigrantes que buscan "nacionalidad" o a los palestinos que quieren ser "israelíes". La exclusión, en cambio, es mayor en la otra versión, la cultural y, mucho más, en su versión extrema, la racista: mi nación es mi lengua, mi cultura y, en el extremo, mi raza. Minzoku que dirán los japoneses (nacionalistas por supuesto, conocedores de la "japonesidad", nihon jinron). En este caso sí que "o estás dentro o estás fuera". Y me reservo la capacidad de decir quién está dónde y, por tanto, de decidir quién no está con nosotros (los palestinos que tienen "ciudadanía", pero no "nacionalidad" en un Estado Judío y que pueden ser expulsados, es decir excluidos, de la tierra en que nacieron).
Conclusión: fue una tontería poner ese pleonasmo en el temario y es tonto el argumento para quitarlo. Yo lo dejaría, pero quitando el adjetivo. Pero mi voto no cuenta y menos bajo el "rodillo" parlamentario del actual partido gobernante español, españolista por definición. Todo ello evitando lo mejor posible los eufemismos a que nos tienen acostumbrados los políticos del mundo.

Lenguaje político

El vocabulario y la sintaxis de los políticos estadounidenses tanto en su Congreso como en su Senado ha bajado de nivel. Un estudio del que toma los datos Los Angeles Times lo muestra. Los novatos hablan peor que los veteranos. Como el asunto puede extenderse como epidemia, vale la pena detenerse para preguntarse por sus posibles causas, siempre recordando que algunos presidentes (de Bush II al mexicano Fox) han sido conocidos mundialmente por su bajo nivel lingüístico. Hay algún caso español espectacular.
Una primera causa de ese deterioro podría ser el paralelo deterioro de los sistemas educativos que ya se han rendido ante el "lenguaje de sms": xq tq. No es, pues, un fenómeno estadounidense.
Una segunda posible causa es el deterioro de la misma clase política, actividad que atrae a gente no necesariamente avezada en el uso de la lengua como los abogados. En el caso estadounidense, experta, sí, pero en el uso del dinero. Romney podría ser un ejemplo.
La tercera razón posible sería el auge del populismo a escala mundial. En el contexto estadounidense, se trataría del peso que el Tea Party tiene en su política. Para éstos, es parte de su mensaje el desprecio hacia los "intelectuales" (asimilados a "progres") y, por tanto, el uso consciente y voluntario (y simbólico y comunicativo) de un lenguaje menos elaborado para hacerse ver "cercanos al pueblo". No es todavía un fenómeno europeo (los dos anteriores sí lo son, en general, aunque con las excepciones de rigor), pero podría serlo si esta crisis produce los mismos efectos políticos que produjo el crash de 29, cosa que no es de descartar si se piensa que el crash de ahora se afirmó que "esta vez, no". Y lo hubo. De momento, hay indicios sugestivos.

jueves, 24 de mayo de 2012

Armas, si; medicinas, no

The Defense Ministry has not announced what it will sell at an upcoming property auction, but previous sales have featured helicopters and armored vehicles. Above, a military helicopter at the MAKS air show last year.

No es lo que yo preferiría. Pero se trata de Rusia, donde el gobierno está haciendo publicidad del material militar que va a subastar este año (no se sabe todavía qué, pero la vez anterior incluían helicópteros como el de la foto que aparece en The Moscow Times) y, al mismo tiempo, está haciendo planes para prohibir la publicidad de medicinas. Supongo que lo primero, para disfrute y juego de los hiper-millonarios que ha producido el sistema post-comunista y, lo segundo, porque hay límites a las manipulaciones de las empresas farmacéuticas. Igual es que no hay un número suficiente de empresas rusas y estos extranjeros todavía no conocen los secretos de la pipriska, un viejo sistema corrupto en los viejos tiempos soviéticos.