viernes, 31 de octubre de 2014

Riesgos mundiales

Repito hoy mi pecado de ayer: me autocito. Se trata de un texto que publiqué en 2008 con los "Riesgos para el sistema mundial". La lista sigue vigente, pero añadiendo que, al no introducir la fecha en que tales riesgos se podrían convertir en realidad, pierde todo su valor predictivo. No vale decir "tal cosa se puede producir" si no se dice cuándo. En mi defensa diré que, además de las profecías que se autorrealizan, hay profecías que se hacen con el deseo implícito o explícito de colaborar en que no se realicen. De mi lista (y de las otras listas que reproduzco) hay riesgos que escapan totalmente de la capacidad de reacción de un ciudadano corriente y moliente. Paciencia. Pero otros sí que están en manos por lo menos de los que son elegidos por ese ciudadano mediante su voto. Y algo puede hacer también en su vida cotidiana, en su contexto inmediato, en su trabajo y en su posible proyección externa.
Sigue produciéndose "la pérdida gradual de influencia de Estados Unidos, al que ningún país puede reemplazar y al que pocos están dispuestos a ayudar a promover el orden". Ese y otros factores, llevan, aquí, a anunciar "La era del desorden", cuyo "resultado será, en comparación con el período posterior a la Guerra Fría, un mundo menos pacífico, menos próspero y menos capaz de resolver los desafíos que enfrente".

jueves, 30 de octubre de 2014

Malvados bancos

Lectura poco edificante sobre el comportamiento de diversos bancos, locales y extranjeros, actuando en los Estados Unidos. El reportaje aparece en el New York Times, no en Granma o Aporrea
Mi pregunta es cuál será el comportamiento de los bancos que actúan en países más "liberales", es decir, más permisivos. 
También es poco edificante que esos datos se sepan para los Estados Unidos y que, para, por ejemplo, España, solo se sepa de un quebranto general por malas prácticas (sin especificar, aunque solo referida a los bancos nacionalizados) y algunos latrocinios y fraudes menores (y muy publicitados) por parte de ejecutivos desaprensivos en el único provecho que entendían: el propio. Todo es comparar.

Causas de las guerras

La disminución de los recursos, el aumento de la pobreza, la violencia generalizada y un presidente incapaz de lograr un cambio
Se pueden añadir algunos detalles, por ejemplo, la corrupción, la imposición de determinadas políticas desde fuera del país o la fractura social o territorial, y el avispado lector ya habrá comprendido que se trata de su país, es decir, del país cuyo pasaporte lleva o país en el que reside. Podría ser España, aunque la violencia todavía no esté generalizada (más bien ha disminuido con la "crisis" y las políticas de reforma o austericidas -según se prefiera-), pero el resto, encaja bastante bien. O podría ser Venezuela, aunque la imposición desde fuera no vaya más allá que la del precio del petróleo. México, entonces. Ahí sí: hay más violencia que en España y sufre imposición de políticas que no es tan clara con Venezuela.
Sin embargo, la cita con la que comienzo este post es de un reportaje sobre Yemen que publica Newsweek esta semana. Lo que añado es de mi cosecha, pero se aplica, a lo que parece, también a dicho país. Y de la cita se pasa a anunciar la posibilidad de que el país se deslice hacia la guerra civil. No así los otros citados.
Aun así, la lista de factores no es la de factores a una guerra inminente. Hacen falta otros elementos (en el cuadro 1, mi lista de factores posibles). The Economist, hace años (también mi texto tiene los suyos) daba este gráfico tomado del Instituto de Heidelberg sobre Investigación de Conflictos Internacionales. Pero, me temo, sabemos de las causas cuando ya se ha producido el estallido. Obvio que predicar benévola e inocentemente sobre "cultura de paz", al estilo de la UNESCO de Mayor Zaragoza, no es suficiente, vistas las listas disponibles.

Lo que queda por dilucidar es hasta qué punto hay indicios de guerra en los tres países indicados. Yemen, parece que sí. Los otros dos, tienen cosas en común y cosas que los diferencian. Venezuela, tiene al "imperio". España, al secesionismo. Son precipitantes, no causas.

miércoles, 29 de octubre de 2014

"Desamigar" en Israel

El periódico israelí Ha'aretz informa de una investigación llevada a cabo en la Hebrew University sobre qué sucedió en Facebook a propósito de la Operación Margen Protector. El estudio se llevó a cabo una semana después de que "la guerra terminase" analizó 1.013 declaraciones de "desamistad" entre usuarios judío-israelíes de Facebook.
Dos observaciones previas: primera, que "desamigar" consiste en darle a la tecla mediante la cual se declara que alguien deja de ser "amigo" en Facebook. Segundo, que el periódico hace notar que no se trata de israelíes sin más sino de judíos israelíes (hay palestinos israelíes, como a veces se olvida).
Los investigadores no pretenden que su estudio sea representativo de la sociedad israelí por una razón adicional: los usuarios de facebook son más jóvenes que la media y tienden a ser menos religiosos que la media de su país.
Primero, la muestra: un 20 por ciento se declaraba de izquierdas, 20 de centro y 60 por ciento de derechas.
Segundo, un 20 por ciento de la muestra borró como "amigo" a alguien por las ideas expresadas sobre la Operación. Pero estos "desamigadores" lo eran, sobre todo, respecto a personas con las que tenian relación solo por internet y no conocían personalmente (este punto es importante para valorar qué es ese tipo de comunicación). Además, los situados en los extremos del espectro ideológico (fuese derecha o izquierda) tendían más a "desamigar" que los autoubicados en el "centro".
La relación a través de internet no es una relación personal. Lo que sí puede serlo es la escalada inamistosa entre el gobierno de Israel y el de los Estados Unidos.
Por su parte, el gobierno español viene diciendo (con escaso eco en la prensa española) que rechaza la política de nuevos asentamientos (ilegales como casi todos) en Jerusalén Este. La agencia palestina Ma'an no sé si se refiere a una nota anterior o a una de hoy, pero recurrir a la prensa española es casi inútil. Y no te digo a la que tiene accionariado judío.
Las tres "desamigaciones" (en el primer caso, solo la de algunos, tal vez de izquierdas) parecen tener un elemento en común: la pretensión de que "defender el Estado de Israel" significa expandirlo indefinidamente, cosa más importante que un supuesto "proceso de paz". No me extraña que también los palestinos que viven en el actual Estado de Israel estén preocupados por su futuro.
(Añadido el 30: Un detalle que me intriga. Este artículo publicado hoy en El País y que encuentro en la edición en papel que llega a la periferia de la periferia de Madrid es crítico con el modo con que el gobierno de Israel está acelerando los asentamientos en Palestina, dificultando la resolución del problema de Jerusalén y poniendo trabas de difícil superación para cualquier "proceso de paz". Sin embargo, en papel no aparece este otro artículo que, obviamente, sí que aparece en la edición digital. Titulares:

El intento de asesinato de un judío ultranacionalista eleva la tensión

La Policía israelí mata a un palestino sospechoso del ataque a tiros a un judío en Jerusalén

Este segundo mantiene el lenguaje "correcto": hay un "intento de asesinato" por parte palestina mientras que la "policía israelí mata a un palestino sospechoso de...". Pero, ¿no les cabía este artículo en la edición impresa?  Un intento de asesinato ¿eleva la tensión? La muerte (que no asesinato) de un palestino ¿no la eleva?. Me intriga, como digo).

A modo de metáfora

Comparto casa en un pueblecito de unos 500 habitantes en una Comunidad Autónoma lejana. No hay peluquería ni kiosco de prensa. Es decir, es un lugar ideal. Pero tampoco hay Bancos, lo cual hizo en su día que abriésemos todos, y yo el primero, una cuenta en un pueblo cercano para poder domiciliar allí los gastos comunes. Ya se sabe: agua, luz, contribución. Ningún problema. Ingresaba cada cual su parte, y tutti contenti.
Mas hete aquí que uno de nosotros recibe una carta conminatoria desde la central del banco (catalán, por cierto) para que, en aplicación de la Ley 10/2010 de Prevención de Blanqueo de Capitales y de la Financiación del Terrorismo (recuerde que estamos en 2014), nos personemos sin demora a proporcionar “copia actualizada de la documentación de identidad”. Caso de no hacerlo, no se podría ni hacer ingresos ni reintegros en efectivo aunque, eso sí, los recibos domiciliados se atenderían “hasta agotar el saldo disponible en la fecha del bloqueo”.
¿Dónde estaba el problema? Pues en que la copia de, precisamente, mi dni que obraba en poder de la entidad mostraba que ya había caducado. Todo sea por la honradez bancaria, me dirigí a la oficina del tal banco más cercana a mi casa habitual (a muchos kilómetros de aquella en la que estaba la cuenta), presenté mi documento, lo escanearon y enviaron a la oficina donde está la cuenta en cuestión. Eso sí, me hicieron firmar un papel en el que me comprometía a no “efectuar movimientos de fondos con jurisdicciones de riesgo como paraísos fiscales” (que bien sé lo que son, visto dónde “residen” algunos de nuestros egregios próceres) y a no “efectuar otras operativas relevantes” (que eso sí que no sé lo que son).
Bastaba ver qué saldos y qué movimientos tenía nuestra cuenta como para saber que no pensábamos efectuar ningún movimiento hacia paraísos fiscales. Eso se lo dejamos a los que sí tienen dinero. Y ahí viene lo de la metáfora.
En primer lugar, se podría pensar que se trata de un caso de “dura lex, sed lex”, latinajo que se puede traducir de dos maneras. La primera es que la ley puede ser dura, pero hay que cumplirla. Si en esta ciclópea y bienintencionada lucha contra el blanqueo de capitales y el terrorismo (qué dos patas para un banco) hay una ley ad hoc, pues no hay más que acatarla y cumplirla, sea quien sea y en la Comunidad que sea. La segunda es que la dichosa ley es dura como todas las leyes convenientemente promulgadas y esta lo es. Así que, a hacer cola, entregar el dni y firmar el compromiso a no realizar otras operaciones relevantes: es dura porque incluye cosas que el pobre súbdito desconoce y que pueden volverse inesperadamente con dureza contra él.
Pero, en segundo lugar, este asuntillo personal e intrascendente es metáfora de lo que está sucediendo a nuestro alrededor: es a los mindundis como yo a los que se les aplica la ley... por otro lado plagada de dificultades. Primero, porque no me parece que el poner al día mi dni impida que tenga la tentación de blanquear capitales (que no tengo) o financiar al terrorismo (que detesto). Y, segundo, porque el firmar el curioso documento de marras no significa que vaya a cumplir lo que allí digo. Los que tienen capitales “blanqueables” y, además, desean hacerlo, no me parece que dejen de practicar tan patriótica tarea solo porque han firmado un papelito diciendo que van a ser buenos y van a evitar tarjetas opacas.
Me intriga, de todas formas, ese desfase de cuatro años entre la promulgación de la ley y su “obligado” cumplimiento con gentecilla como yo y mis compañeros de cuenta corriente. No creo que en ese tiempo haya caducado mi dni (me toca renovarlo en 2019, como diría mi madre “si Déu ens dona vida i salut”), así que no me parece el mejor argumento. No tienen, por otro lado, ningún motivo para “castigarme” por algún artículo escrito que no les haya gustado. Eso sería muy pretencioso por mi parte. Así que solo me queda suponer que el problema lo tienen ellos, que les ha entrado la histeria colectiva en sus grupos directivos ante “la que está cayendo” y que no solo afecta a clientes. Pero no hay tal: ya vienen aplicando (es un decir) la susodicha ley casi desde su promulgación, así que me quedo sin saber de qué va este asunto. Y eso es lo peor de esta metáfora.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

martes, 28 de octubre de 2014

Disparidad de géneros

El Foro Económico Mundial ha publicado un estudio sobre la disparidad de género a escala mundial (con algunos países sin datos, todo hay que decirlo).
El mapa completo está aquí y solo consigo copiar una parte, pero suficiente como para ver las diferencias entre países (faltan, en mi copia, evidentemente, el Asia más oriental).

En el estudio se pueden ver los criterios que se usan para producir este índice. No todos son evidentes. Pero es lo que hay.


lunes, 27 de octubre de 2014

Historias sobre deflación

Uno de los grandes problemas que afronta la economía mundial es la economía de la eurozona en general y su riesgo de deflación en particular. The Economist lo explica de modo que hasta yo puedo entenderlo. Este artículo en el Washington Post se queda en ver qué factores llevan a la deflación en la zona euro. En ambos casos, perspectivas poco halagüeñas para los que van uncidos a tal carro y alardean, como el gobierno español, de su buen funcionamiento económico. 
Comprensible esto último. Sea o no sea verdad (y hay motivos para pensar que no es verdad), el país está en campaña electoral para las municipales y el partido en el gobierno necesita ardientemente un tema para hacer olvidar el goteo interminable de escándalos (reales o ficticios, tanto da) con que va perdiendo votos que, a lo que parece, van a la abstención. Para las siguientes elecciones generales, si no se ha producido la recuperación de la que alardean (hasta decir que es más importante que los escándalos -y, si fuera cierta, tal vez fuera tan importante por lo menos-), sus perspectivas electorales se convierten en problemáticas. Por supuesto, estarían lejos de la mayoría absoluta actual y hay motivos para pensar que ni siquiera mayoría simple: habría más "simples" acompañandoles, a saber, los socialistas y Podemos. Un Parlamento muy inestable, que es lo menos deseable en las condiciones europeas a las que hacen referencia los dos artículos que cito al principio. ¿Podría alguno de ellos hacer coalición con alguno de los dos restantes? No lo veo.
Lo que me gustaría saber es hasta qué punto la posición alemana -personalizada en Merkel, pero es obvio que no es de ella solamente- es efecto de un caso más de "groupthink". Sostenella y no enmendalla, contra viento y marea. Tal vez. Pero los efectos son constatables. Las decisiones, sean equivocadas o no, tienen consecuencias reales.