jueves, 27 de agosto de 2015

Globalización y terrorismo

Es posible que tengan alguna relación entre sí, pero para eso es preciso haber definido ambas palabras que, desgraciadamente para quien quiera responder, son polisémicas. Y si no se explicita en qué sentido se están usando, carece de sentido hablar de la relación que pueda haber entre ellas. Y más cuando se usan de manera sospechosa.
Que la palabra terrorista tiene muchos sentidos ya lo expuse en 2006 y para ver que se usa según convenga, es suficiente ver qué sucede con actos violentos llevados a cabo en los Estados Unidos por alguien con apellido árabe (no hace falta que sea musulmán salafista o incluso que sea sencillamente musulmán) frente a actos semejantes llevados a cabo por un WASP (White, AngloSaxon, Protestant). El primero será, sin duda, un terrorista. El segundo, un loco, un desquiciado y hasta un fanático, pero no un terrorista. No hay que irse tan lejos. Los atacantes a Inma Sequí, jovencísima presidenta del partido Vox en la Cuenca española, golpeada y herida al grito de "fascista", nunca serán tildados de terroristas. Es "otra" violencia. Sin embargo, los que no han practicado directamente la violencia y se han dedicado a reclutar yihadistas para el Estado Islámico, son, por definición, terroristas, amén de fanáticos musulmanes, claro. Detenerlos se enmarca en la "lucha anti-terrorista". Los anteriores no están incluidos porque no son terroristas.
Algo parecido sucede con la palabra globalización como expuse en 2009. En el Financial Times se omenzaba un artículo diciendo:
World trade recorded its biggest contraction since the financial crisis in the first half of this year, according to figures that will fuel a debate over whether globalisation has peaked.
Globalización es comercio mundial que se supone es comercio libre. Y ya he comentado aquí hace un par de días hasta qué punto el comercio mundial es libre, al decir de Wallerstein y otros. Es un porcentaje relativamente pequeño sobre todo el comercio local y, excepto para las multinacionales que pueden hacer sus trucos de un país a otro en el que tienen filiales, la dosis de proteccionismo es elevada y parece que creciente (una razón adicional para suponer que la globalización, en el sentido ahora usado, se está contrayendo como dice el FT). 
En el artículo de 2009 que cito, había otras definiciones de globalización y alguna referencia a su uso sospechoso y ayer daba mi opinión sobre los campos en los que podría usarse esa palabrita que, a lo que veo, vuelve a estar de moda.
Total: ¿la globalización es causa del terrorismo -yihadista, por supuesto-? Primero, nunca hay una sola causa y, segundo, dígame primero en qué sentido quiere que planteemos la discusión.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Del dos al muchos

Supongamos un pueblo cuyas casas se distribuyen regularmente a lo largo de una línea recta. No tienen bares y dos avispados emprendedores deciden instalar sendos bares cada uno por su cuenta. ¿Dónde? Después de muchos titubeos encuentran que el mejor sitio es el centro. No habiendo coches, los usuarios del bar irán al que tengan más cerca y si uno se pusiese en un extremo del pueblo y el otro en el centro, este último tendría más clientes si solo tenemos en cuenta el esfuerzo de caminar a uno o a otro. Rápidamente, el otro emprendedor se daría cuenta y movería el suyo hasta estar muy cerca del otro de modo que uno recogería a los clientes de un lado del pueblo y el otro a los del otro lado. El bipartidismo habría nacido y más si precisamente en el centro del pueblo se agrupaban más habitantes, cosa que sucedía en muchos otros pueblos incluso muy alejados de su entorno y costumbres.
La cosa funcionó relativamente bien, con sus más y sus menos (guerras de precios, promociones de dos por uno, "happy hour", espectáculo musical y cosas parecidas), pero sin alterar la estabilidad del sistema de los dos bares. Cierto que en uno de los extremos había una tabernilla que servía alcoholes más fuertes para gustos muy particulares, pero su existencia no afectaba a la alternancia de los beneficios de los dos grandes: un año la cuenta de resultados de uno era mejor que la del otro y al año siguiente las cosas podían cambiar, siempre sin grandes diferencias entre uno y otro.
Pero, de repente, el pueblo sufrió una fiebre del oro. Había, sí, oro en los alrededores que atrajo un aluvión de nuevos habitantes que arrambló con la placidez de un pueblo distribuido según una línea recta de derecha a izquierda. Las calles se hicieron al estilo de las callejas de muchas ciudades españolas, sobre todo si han tenido un pasado árabe estable (la mayoría, dicho sea de paso). Los de los bares y el de la tabernilla empezaron a no tener claro si tenían que seguir donde estaban o tenían que buscar otro sitio para atraer a más clientes y engordar su cuenta de resultados. Para colmo, la fiebre del oro se interrumpió de golpe (los yacimientos se agotan tarde o temprano) y dejó a muchos de los nuevos habitantes (y a bastante de los antiguos) con deudas y sin lugar a donde ir.
Las desgracias nunca vienen solas: llegó un predicador que convenció a muchos antiguos clientes de las bondades de ser abstemio y, en lugar de ir a bares y tabernas, ir a locales en los que se servían zumos y combinados sin alcohol.
Evidentemente, el cálculo racional de los tiempos de los dos bares que les llevaba a situarse en el centro ya no servía. Ahora había más criterios para montarlo: si los posibles clientes tenían con qué pagar, si veían a los viejos bares como parte del problema causado por el fin de la fiebre del oro, si la frustración que les producía dicho final la orientaban, como agresividad, en una dirección u otra, si los viejos bares (y la tabernilla) habían generado una fuerte fidelidad de marca y así sucesivamente.
Si yo entiendo bien, los dos bares del principio de esta historia no tenían la culpa de lo que había sucedido después. Sencillamente, se habían adaptado a aquellas sencillas circunstancias, tenían todavía una clientela fija, pero no sabían adaptarse a los nuevos tiempos en los que incluso llegaron a aparecer bares ambulantes (como ese masterchef que va de pueblo en pueblo, pero sin salir del pueblo).A pesar de todo, se siguió pensando en los viejos términos. Es lo que los viejos sociólogos llamaban "cultural lag": el hecho de que las circunstancias cambian mucho más rápido de lo que cambia la percepción que tenemos de las mismas.
Y, por supuesto, me estoy refiriendo, de modo muy estilizado, a mi pueblo donde se encuentran bares a diez pasos uno de otro o cuatro peluquerías en las cuatro esquinas de una intersección, que tal vez sean casos para los emprendedores, pero que no indican un exceso de racionalidad económica. El hecho es que igual que se crean, se cierran, aunque los clásicos siguen existiendo gracias a su clientela más o menos fija. Pero fija. Muy mal tienen que hacerlo para perderla, pero algo sí que pierden. Los nuevos, que todavía no han generado fidelidad de marca, lo tienen algo más complicado. Nadie es perfecto.

Globalización, pero menos

Terminaba ayer mi autoimpuesta tarea diaria de subir un post indicando la posibilidad de un cambio drástico en el funcionamiento de la Unión Europea, visto, sobre todo, el auge que las clases dirigentes están encontrando en el tema (porque tema es) del nacionalismo, un excelente instrumento para reducir las pretensiones de supuestas globalizaciones.
Sin embargo la globalización sí que existe, pero, en mi opinión, solo en dos campos. O tres, si se prefiere.
Al primero he hecho varias referencias aquí: la energía en general y el petróleo y gas en particular está globalizada. No conoce fronteras. Cierto que está la OPEP pero, primero, no todos los productores de petróleo están en ella y, segundo, los intentos de utilizarla para defender intereses nacionales no acaban de funcionar. 
El segundo es el mundo financiero, de nuevo visible estos días con el funcionamiento de las Bolsas en cualquier parte del mundo respondiendo a lo que está sucediendo en la China. Es un único mercado y el capital no conoce fronteras y no solo en el terreno bursátil. Las burbujas inmobiliarias, por ejemplo, se suceden de país a país y es un terreno en el que el capital global logra beneficios aunque sea a costa de dejar detrás miseria y desahucios.
El tercero es todavía más evidente: el medioambiente. Chernobil no fue un hecho local como tampoco lo ha sido Fukushima. El exceso de emisiones de carbono se podrán producir aquí o allá, pero sus efectos son planetarios. Solo hay un medioambiente: Gaia, la Tierra.
Aun así, y confesando haber utilizado en exceso esa palabrita, "globalización" sigue siendo un término engañoso si no se añade a cuál de ellas se está uno refiriendo. Porque, en otros terrenos, no hay tal "globalización". No hay una cultura mundial como no hay una lengua mundial (y eso que el inglés ha logrado lo que no consiguió el francés o, antes, el castellano, a saber, ser lingua franca por lo menos para algunas élites). No hay una política mundial (y menos en las tres globalizaciones a las que acabo de hacer referencia, la energética, la finaciera y la mediambiental). Y no hay una  potencia mundial aunque los Estados Unidos tengan bases y soldados en todo el Planeta y sus drones lleguen a donde no llegan sus soldados. Pero sigue habiendo alternativas, marginales, opuestos, terroristas, otros fanáticos. No tendría que hacer falta decirlo: ninguna religión está globalizada ya que hay suficientes religiones en el mundo como para que ninguna tenga un papel tan predominante como para llamarse, en verdad, "católica", "kath'olon", "de acuerdo con el todo", "universal", es decir, globalizada. Lo intentan, sí, como los Estados Unidos (o antes Inglaterra y antes los Austria)  lo intentan o intentaron. 
Pero es que, incluso en el caso de que fuese cierto, no hay nada eterno: ni la energía, ni las finanzas globales ni el cambio climático. Panta rei y por eso evito terminar con un punto final

martes, 25 de agosto de 2015

Qué será de Europa

La Eurozona no cubre todo el territorio de la Unión Europea (por ejemplo, Inglaterra no está incluida en la tal zona). El grupo Schengen tampoco (por ejemplo, Inglaterra no está incluida en ese espacio de libre circulación). Y ambos están en discusión.
Lo sucedido en el tren francés hace que se alcen voces contra la facilidad que da Schengen para que se muevan los "terroristas".  Cada país tendría que controlar sus fronteras incluso para viajeros del país vecino y miembro de la Uníón.
Y el asunto de la "austeridad" y, en concreto, lo de Grecia, hace que se sigan produciendo tomas de posición contra el euro y a favor de monedas propias para cada país.
Falta por ver qué está sucediendo con el proteccionismo entre países incluso vecinos por ejemplo en el campo de la agricultura y es previsible que, en la medida en que sucesos climáticos extremos sigan produciéndose, también aumenten las presiones proteccionistas en dicho terreno, aunque los países exportadores de productos manufacturados harán todo lo posible para que sus productos se muevan libremente, pero no los de los productos de países competitivos dentro de la Unión.
¿Qué va a quedar de aquellos bellos ideales de los Padres Fundadores?. Si, durante un tiempo, la dinámica de la Unión era "extensión (nuevos miembros) - profundización (más relaciones y  más concretas) - nueva extensión - nueva profundización etc.", con la llegada de la moda neoliberal casi parece que se está tomando el camino inverso: expulsión (o marginación) - superficialización  y veremos si hay más expulsiones-marginaciones. Si es así, es obvio que los días de la Unión están contados y que se podrá emitir un comunicado que los españoles de una cierta edad recuerdan:.  
"Cautivos y desarmados los ejércitos europeístas, las tropas nacionalistas han alcanzado sus últimos objetivos económicos y políticos. La Unión ha terminado."
No hace falta decir que lo de las "tropas nacionalistas" se refiere a la "clase de tropa", no a los mariscales que, desde arriba, gestionan la muerte de los demás. Muerte por la patria ("que morir por la patria no es morir: es vivir", como dice el himno nacional colombiano que cantan los "morituri te salutant" pero no los que les envían a la muerte). Muerte por desempleo, precariedad, indefensión, vulnerabilidad, pobreza, desabastecimiento, salarios de miseria y demás regalos de los mariscales.
Sin exagerar: los que hicieron la Unión podrían estar interesados en deshacerla. Quién tenga que pagar los platos rotos no les interesa saberlo. Ya saben que no son ellos.

lunes, 24 de agosto de 2015

Depredador humano

Creo que fue en un libro de sinergética (del que no entendí casi nada) en el que encontré una sugestiva disquisición sobre la relación entre depredadores y presas. El libro lo complicaba para expertos, pero, para un lego como yo, lo que venía a decir que que si hay demasiados depredadores y el número de presas no aumenta, los que tienen problema, a la larga, son los depredadores, que se van a quedar sin presas. Por el contrario, si las presas aumentan desproporcionadamente, harán que el número de depredadores aumente igualmente, con lo que lo que parecía un éxito puede convertirse en fracaso.
Lo he recordado al ver este artículo en Science analizando el comportamiento depredador de la especie humana comparada con otras especias depredadoras tanto de peces como de animales terrestres (El ABC, cada día más "progre" entre la prensa española, se hacía eco el sábado). Resulta que el ser humano es el mayor de los depredadores conocido, con evidentes problemas futuros respecto al número de presas disponibles. No solo ha aumentado su población, sino que su tasa de depredación supera a la de todos los demás depredadores. La sostenibilidad de las presas disponibles está en riesgo. Hasta cuándo, no lo sé. Sí sé que se pueden hacer cosas: el artículo las enumera. Pido disculpas por mi derrotismo (que reduce el ímpetu hacia la aplicación de tales propuestas), pero me temo que no se van a poner en práctica. Somos así de irracionales y me remito a lo que conté de ayer.

domingo, 23 de agosto de 2015

La otra negación del cambio climático

Una interesante entrevista con el psicólogo noruego Stoknes sobre las reacciones ante el cambio climático que se produciría si la temperatura media del Planeta aumentase 2 grados centígrados. Es  a propósito de su último libro en el que analiza dichas reacciones o, para ser exactos, las no-reacciones.
La primera razón por la que no reaccionamos es porque lo vemos como un problema lejano. Los gráficos y tablas, por ejemplo, del PICC, se refieren al 2100 con el consiguiente "largo me lo fiáis". Demasiado lejano como para preocuparse con todo lo que uno tiene que preocuparse por lo inmediato.
Otra razón es el modo con que se presenta el problema: tan tremendo, tan terrorífico que produce un miedo que impide reaccionar: paraliza. Este ejemplo se acerca a lo dicho, aunque no llega.
La disonancia se refiere al sentimiento de hipocresía que acompaña a los preocupados con el problema cuando lo comparan con lo que están (estamos) haciendo para afrontarlo. Seguimos consumiendo, quemando, deforestando, conduciendo, viajando...
El negacionismo no es solo el de los negacionistas sino, en la práctica, también el de los que aceptan lo que están diciendo numerosos científicos, pero prefieren mirar hacia otro lado.
Y la identidad es lo que afecta a los que no aceptan lo que entra en contradicción con los valores propios, la propia nación y demás objetos de identificación.
Propone cambiar la "narrativa" (él no usa ese vocabulario), el modo de presentar el problema. Pero parte de una constatación: en los países periféricos hay más actitudes positivas una vez reconocido el problema que en los países centrales, donde aumentan los afectados por estos factores psicológicos que hacen que, al final, los mayores contaminadores sean los menos preocupados por sus efectos.

sábado, 22 de agosto de 2015

Sospechosos empleos

Imagine que se encuentra con estos dos hechos independientes entre sí. Por un lado, un gobernante que decide domiciliar importantes transacciones y fondos bajo su responsabilidad en un determinado banco. Hablo de muchos millones. Por otro lado, un gobernante que, al dejar de serlo, es contratado como consultor por un banco a, digamos, 1,3 millones al año.
No se lo creerá, pero se trata de la misma persona, el banco es Lehman Brothers y el gobernante lo era del Estado de Florida y ahora es pre-candidato a la presidencia de los Estados Unidos, a saber, Jeb Bush. Sí, sí, aquel que fue a España a convencer al entonces presidente José María Aznar de los "incalculables beneficios" que se derivarían para el país si intervenía en la invasión de Irak. Su hermano, el de Jeb, entonces presidente, se reuniría con él y con Blair y Barroso en las Azores para visualizar el futuro voto de España y su participación en el entuerto. Aquel que, enteradillo, habló de Aznar como "presidente de la República".
Sería lícito, pero no debe hacerse sin pruebas, hacer depender un hecho de otro. Quiero decir, la domiciliación y el empleo. Pero demasiados casos hay en las Españas, Alemania o Francia en los que los ex-gobernantes han encontrado acomodo como consultores de empresas importantes como para no sospechar que también en estos casos algo debieron haber hecho para merecer tales empleos y sus jugosos salarios. 
De nuevo, expreso mi profunda admiración por el sistema estadounidense: ahí los dos hechos se conocen y se publican. En los que acabo de insinuar, solo sabemos que fueron gobernantes y que tienen ingresos "interesantes" por parte de determinadas empresas de las que son consultores. Lo que no sabemos es qué hicieron, cuando gobernantes, a favor de tales empresas. De estas sabemos que son agradecidas. Lo que no sabemos es de qué.