miércoles, 22 de octubre de 2014

Bienestar comparando

Agradable tertulia de los martes. Clase media, con algunos de clase media alta, profesionales, empresarios, gente de la universidad. Nada sospechosos de izquierdistas, aunque una joven afirma que va a votar por el nuevo partido, Podemos. Justo a mi lado, un amigo que ha pasado los recientes cinco años en una ciudad del norte de Africa. Se le ha terminado el contrato, regresa a España y se asombra del tono con que se conversa: depresivo, indignado, pesimista. Se asombra porque no puede menos que comparar con lo que ha dejado recientemente. Aquí las cosas muestran niveles muy aceptable de bienestar comparados con los de allí. Incomprensible, dice, el malestar que encuentra en la mesa (insisto, una veintena de personas de escasas veleidades izquierdistas).
Puede explicarse. Se trata de comparar no los niveles de bienestar sino los cambios en dichos niveles. Lo he visto haciendo la misma comparativa con países que conozco algo menos mal.
Lo que hace que la gente sienta el bienestar (o la felicidad) es el resultado de comparar, pero no el nivel de su país con el nivel de otro sino las propias experiencias en el tiempo con independencia del lugar que ocupen en un supuesto "ranking" de bienestar o felicidad. Puede darse (se da) el caso de que mucha gente de un pais situado "abajo" se encuentra satisfecha con su nivel de bienestar (y se declare feliz) pero porque ha percibido una ligera (y percibile) mejora en dicho nivel que, por otro lado, no llega al del otro país, mejor situado en el "ranking", pero con niveles decrecientes para quien habla.
El malestar español no se produce porque sus niveles de seguridad social, sanidad, sistema educativo, pensiones sea bajo. Lo que sucede es que, gracias a las reformas/recortes/austericidio (hay que tachar lo que no proceda), perciben una tendencia claramente decreciente en dichos niveles. En cambio, desde otros lugares, sin sanidad pública prácticamente, con un sistema educativo deficiente y una seguridad social escasa, se preciben mejoras en tales niveles, con lo que la gente puede mostrar mayores cotas de satisfacción que los españolitos de la tertulia de ayer.
El ejemplo particularmente claro es el de los niveles de pobreza (y, sí, pobreza infantil) y de desigualdad en España y en el lugar del que se estaba repatriando mi amigo: En España son relativamente bajos pero crecientes mientras que en otros lugares son relativamente altos pero decrecientes. 
La gente no compara país con país. Eso se deja para los organismos internacionales. La gente compara el cómo está ahora con el cómo estaba antes. Si empeora se preocupa, sea cual sea ni nivel. Si, encima, hay corruptelas, robos, abusos, incompetencias e irresponsabilidades varias (como ha sido el caso de España estos recientes meses en particular), es compresible que de preocupados pasen a indignados. E, insisto, sin que eso les ponga en un extremo del tablero.

martes, 21 de octubre de 2014

Libre mercado manipulado

Texto para anglófonos, que entiendan de Bolsa y sus elementos esotéricos y que todavía crean que la Bolsa es de los pocos mercados realmente libres y que encajan mejor con los mercados tipo Adam Smith (infinitos ofertantes, infinitos demandantes, decidiendo libremente a partir de la información completa de que disponen). Y, encima, volatilidad, es decir, "a río revuelto, ganancia de pescadores".
Otra cosa es saber por qué y para qué se manipula un mercado. El caso más inmediato es el del petróleo y sus precios del Brent a la baja. Unos dicen que es Arabia Saudita "contra" los Estados Unidos y los que quieren "mandar" vendiendo caro. Otros dicen que es el "mercado" que responde así a la disminución de demanda a causa de la crisis. Otros dicen lo contrario, que es el "mercado" que responde así al exceso de oferta de los que quieren hacer caja. Lo que sí sé es que las versiones economicistas no me convencen por simplistas: hay geopolítica, no solo microeconomía.

lunes, 20 de octubre de 2014

Entusiasmo en política

Dedicado a J.A.M.C., alias McFly
Siempre que me he entusiasmado en política ha sido porque me estaban engañando los que dejaban el entusiasmo para los mindundis y se reservaban el conocimiento de los detalles menos entusiasmantes. Tal vez por eso, reconozco que el gato escaldado del agua fría huye y, por ello, dejo los entusiasmos para otra ocasión, que espero que no se produzca, ya que sería tener certeza de que me volvían a engañar. Este rechazo del entusiasmo no significa que crea que ya no me van a engañar en política. Solo quiere decir que voy a evitar esta puerta (la del entusiasmo) por la que entra el engaño, aunque sé que hay muchas otras puertas.
El entusiasmo viene de dos fuentes. Una, interna y, la otra, externa. La demanda de entusiasmo es frecuente en momentos de frustración, descontento, indignación, repugnancia, hastío, desagrado frente a lo que el individuo observa. El entusiasmo proporciona un antídoto para dichos males. El tardofranquismo y sus manifas, la transición (y el desencanto que se vino abajo en el 23-F y subsiguientes "defensas de la democracia"), las sucesivas crisis hasta llegar a la actual son buenos caldos de cultivo para que aparezca dicha demanda. Y ahí entra la otra fuente: la de los que son capaces de concentrar en sí mismos las ansias por ver una luz al final del tunel o, mejor, un futuro esplendoroso del que nadie habla pero todos imaginan. "Habla, pueblo, habla", "el cambio", "la libertad está en tu mano", los "800.000 puestos de trabajo", el último programa electoral del PP y ahora Podemos. Si se habla es de los motivos para estar indignado, desencantado, asqueado. De lo que venga detrás...lo menos posible y, si se habla, mintiendo. O, como Felipe o Iglesias, amenazando con irse si las cosas no salen como ellos, democráticamente, prefieren.
El periodista Jordi Évola unía anteayer (no lo encuentro en la edición digital de El País, donde lo leí) Podemos y el independentismo catalán en un punto: ninguno de los dos habla del día siguiente. Les basta con el entusiasmo del primer paso ("ahora sí se puede" -no se sabe qué- e "independència" -sin decir para hacer qué-). Son dos buenos casos de entusiasmo "gestionado". No niego que, de ser catalán, podría votar "independencia" (ahora sin acento grave) ni que, llegadas las elecciones generales, pueda votar por Podemos (aunque lo dudo, pero no me niego). A lo que me niego es a entusiasmarme como forma de curar mi desasosiego con la incompetencia con el évola, la desvergonzonería con las tarjetas opacas de Bankia o las mentiras sobre la "recuperación", la "transparencia" y la "lucha contra la corrupción" que predican los que, por ahora, gobiernan y, por ahora, encuestas en mano, podrían gobernar. El recurso a los "movimientos sociales" (a "la calle") es igualmente sospechoso: recuerda, el que ahora hace Podemos, al que hizo el PSOE del movimiento vecinal mientras les fue útil. Los "movimientos", al sumergir al individuo de forma que se sienta sumergido en la muchedumbre, es una excelente instrumento para entusiasmar... hasta que ya no haga falta. Et in Arcadia ego.
Tal vez sea la vejez, pero sí tengo claro que voy a procurar no entusiasmarme otra vez. Lo cual, como digo, no significa que no me vuelvan a engañar. Pero intentaré evitarlo. Los analgésicos del tipo "entusiasmo" no curan la enfermedad: la ocultan.

domingo, 19 de octubre de 2014

Revisionismo

Hubo un tiempo, y no tan lejano (es decir, en mi último "último libro"), en el que las ideologías se podían clasificar según este gráfico que yo he tomado en varias ocasiones de Galtung. Las ideologías, como se ve, se clasificaban según el peso que atribuyesen al Estado o al Mercado. Rojo, azul y verde se entienden muy bien. Rosa es el intento socialdemócrata de equilibrar ambos polos. Dorado, el modelo japonés, creo que se perdió.

Hace como 25 años me preocupé aquí de las posibles crisis de cada uno de ellos. Lo que no me podía imaginar es que lo que iba a cambiar de modo más profundo fuese, preicsamente, el sistema de clasificación.
Estado y Mercado se presentaban como instrumentos para lograr, respectivamente, mayor igualdad y mayor crecimiento y las "economías mixtas" (de componente socialdemócrata) eran un intento de conseguir lo mejor de ambos en una especie de juego de suma cero ("menos Estado, más Mercado" fue el eslogan neoliberal... hasta esta última crisis en la que se pidió desesperadamente "más Estado" pero dejando el Mercado intacto y sin llegar a la suma positiva del modelo japonés, ya desaparecido). De hecho, el modelo neoliberal fue de "más Estado" pero para conseguir más crecimiento (o menos decrecimiento, si se quiere). El problema, entonces, fue la desigualdad rampante tanto causa de la crisis como, para lo que aquí me ocupa, efecto de la misma. Mi esquema, en aquellos años, era el que ahora reproduzco:



Las condiciones socio-económicas han cambiado de tal forma que ya no resulta extraño que la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, haga una encendida defensa de la lucha contra la desigualdad (educación, reforma laboral diferente de la desigualitaria que se aplica en la Eurozona) como medio de salir del estancamiento. Eso sí: lucha contra la desigualdad en la que tendrían que estar implicados el Estado y sus politicas sociales, pero también el "Mercado", es decir, y por egoísmo ilustrado, los empresarios. Si va a ser posible es otra cuestión. Lo que sí sé es que el gráfico ya no sirve y no soy de los que, ante los hechos que no encajan con mis versiones previas, proclamo un hegueliano "peor para la realidad".

sábado, 18 de octubre de 2014

Nuevos miembros al Consejo de Seguridad

Se trata de un caso más de "arrimar el ascua a la propia sardina". Va para examen comparar estos dos casos:
1. El ministro de Asuntos Exteriores español, una vez producida la votación que daba un puesto no permanente a su gobierno en el Consejo de Seguridad de la ONU  destacó, según cuenta Abc, que la candidatura ha sido «un ejercicio de patriotismo», con un trabajo «espléndido» en el que han participado «el Rey, el presidente del Gobierno, las fuerzas de la oposición y funcionarios de todos los ministerios». Sea. El presidente del Gobierno fue más allá, según RTVE."Es una noticia excelente que revela el nivel de confianza de la comunidad internacional en nuestro país" (subrayado mío; el de antes era de la fuente)
2. Este es más sencillo. Se trata de la versión que se da en el mexicano La Jornada el resultado de la votación que daba un puesto no permanente al gobierno venezolano en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Patriotismo, confianza, pero, ay, rechazo por parte de los Estados Unidos. Solo para los que quieran nota, podrán leer lo que, según El Universal, ha dicho Capriles al respecto. Lo que no vale la pena leer es lo que dice el español El País sobre el mismo tema y "ONUvictoriadelapatria", aunque sí hace bien recordando que no es la primera vez que Venezuela ocupa tal puesto... como sucedió con España bajo el gobierno de Aznar, lo cual llevó a que se adulara al ego del susodicho presidente para que apoyase, después de la foto de las Azores, la chapucería con Irak que todavía dura.
Los suspendidos irán al examen del 1º de enero, cuando tomen posesión, ya que, para entonces, ya espero poder ver las cosas claras.
La pregunta será la misma: ¿Cómo puede ser que con tan poca ascua aparezcan tanto las sardinas? Y una pista: ¿no será que los nacionalismos hacen ver ascuas conde solo hay oropel?

viernes, 17 de octubre de 2014

Peligros para el mundo

Este mapa lo publica el Pew Research Center con los países en los que los diferentes peligros son vistos de manera significativamente superior al resto (si no se ve bien, se puede ir al original):
Subrayo algunos particulares: el peligro del odio religioso o étnico en países de mayoría musulmana (sobre todo los Territorios Palestinos), pero también el Reino Unido; el de la desigualdad en Europa (no porque sea alta sino porque está aumentando) y el SIDA y otras enfermedades en África. Hay algo que se me escapa en los otros dos peligros, aunque entiendo la preocupación con la contaminación en la China. ¿Búsqueda trabajosa de lo obvio? Yo no diría tanto.

jueves, 16 de octubre de 2014

Kobane y Turquía

Dos artículos complementarios sobre la situación de Kobane, que vendría a ser la capital del Kurdistán, caso de existir. Uno, para francófonos, y el otro, para anglófonos (Comentario del 15 de octubre). 
El primero es una buena descripción de la ambivalencia del gobierno turco ante los avances del Estado Islámico en Kobane, las presiones estadounidenses para que participe en su enfrentamiento y sus propios problemas con los kurdos.
El segundo, de Wallerstein, utiliza un argumento que recuerda el Mil novecientos ochenta y cuatro de Orwell, a saber, la situación tan inestable que se produce cuando son tres los enfrentados. Inestable porque (como en el mundo orwelliano) son frecuentes los intentos de trasformarlo en un enfrentamiento entre dos mediante la alianza de dos de los elementos contra el tercero, pero en la que los dos aliados temen que en cualquier momento su respectivo compañero de coalición haga lo mismo con el tercero en discordia, se alíe con él y vaya contra el actual socio (Hay un viejo libro, traducido al castellano en 1974, de Th. Caplow, Dos contra uno: teoría de las coaliciones en las tríadas, que plantea el asunto en términos generales).
No es la única tríada en la zona, comenta Wallerstein: gobierno de Siria, EI y oposición moderada a Bashar al-Assad también opuestos al EI. De ahí los problemas del gobierno de Obama, opuesto a al-Assad y al EI, para lo cual ha tenido que apoyar a la oposición como, en su momento, apoyó al EI (Al Qaeda) como forma de ir contra el gobierno sirio. Pero el problema de Turquía es parecido: opuesto al gobierno sirio, contrario al EI y contrario a los kurdos (sobre todo a los kurdos turcos, pero, por extensión, a los kurdos sirios, opuestos al gobierno de Siria). A diferencia del gobierno de Obama, el de Erdogan piensa que ir contra el EI es dar fuerza a los kurdos y al gobierno de Assad. 
No lo tienen fácil.