viernes, 24 de octubre de 2014

Corrupción, corregida, si; ¿aumentada también?

Encuentro un artículo en Foreign Affairs que parte de la constatación del incremento del interés por el tema. Se publican más libros ahora que hace, dice, cuarenta años y el buscador de san Google da más entradas para "corruption" que para "terrorism". Es también voz común en muchos países, a veces con el añadido de que "esto, fuera de aquí, no pasa". Y pasar, pasa. Y mucho.
Es difícil saber si, efectivamente, los comportamientos corruptos han aumentado objetivamente a escala mundial. En muchos, cierto, ha aumentado el ruido que generan tales comportamientos. Pero que hagan ruido no significa que sea porque hay más. Puede ser que sea porque ahora se le da más cobertura, hay un acceso mayor a la información, internet se convierte en un aplificador y, en muchos países, la democracia ha permitido que ciertas cosas se sepan con claridad. Y si no ha sido democracia, como es el caso de la China, sí ha habido mayor posibilidad de conocer el asunto que cuando de lo que se trataba era del Libro Rojo o, en España, de la "unidad de destino en lo universal"  (mi padre, poco sospechoso de antifranquista, se asombraba, en los años 50 y 60 del nivel al que podía estar llegando la corrupción... cosa que, obviamente, los periódicos no reflejaban). De todas formas, y volviendo a la escala mundial, sí es posible que haya aumentado.
Terminé hace casi dos años un librito con tal título (Corrupción, corregida y aumentada, el índice, el prólogo de Alberto Acosta y mi nuevo prólogo -20 años después, ya que hacía ese tiempo que había publicado una primera versión, Corrupción tout court-, se encuentra aquí). Lo que, con la que está cayendo en las Españas (Cataluña incluida), también se podría pensar que, comparado con el griterío de los años 90, la corrupción había aumentado. Pero lo mismo piensan mis amigos con los que estoy en comunicación en varios países latinoamericanos. 
Lo que, de todas formas, es menos discutible es que se ha "corregido", aunque no en el sentido de que los poderes públicos han intentado corregirla, evitarla, prevenirla, castigarla. Estando, por definición, implicados en la transacción corrupta (que es cosa de dos, no solo empresarios sino también políticos), estos últimos no suelen pasar de la retórica en su "lucha contra la corrupción" y, a lo más que llegan, es a aumentar las penas sin aumentar las probabilidades de "pescar" a los corruptos. Inútil es aumentar las penas de los que piensen que soy tonto si no aumentan los medios para localizar a los que lo piensan y para castigarles consiguientemente.
Es "corregida" porque el capitalismo ha cambiado. Las posibilidades de fraude, lavado de capitales, tráfico de divisas, estafa, esquemas piramidales, robo sin más, coimas y corruptelas adquieren ahora una coloración particular por la irrupción de dos fenómenos a su ver relacionados entre sí: la financiarización de la economía (lejos queda el capitalismo industrial al que se refería don Carlos Marx) y las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. 
Cierto que muchos comportamientos corruptos a escala local no han cambiado notablemente con el tiempo: alguien paga para que el político tome la decisión que conviene a los intereses del pagador y eso tiene que ver con servicios públicos, urbanismo y, en general, con las competencias de los gobiernos locales. Lo mismo puede decirse sobre las decisiones de los gobiernos centrales sobre compra de armamentos, grandes equipamientos e infraestructuras importantes. Y, claro, algo habrá que decir sobre la corrupción de los organismos internacionales de los que poco se sabe pero que ya han producido algún que otro escándalo o sospecha de corrupción. Pero, como digo, se han introducido, a lo que parece, interesantes correcciones apareciendo nuevos campos como el monetario o bursátil. 
De todos modos, y siendo un terreno por definición tan poco transparente, siempre queda la sospecha de que lo que se está viendo sea la punta del iceberg y que, por encima (no por debajo) de lo que se ve, haya una corrupción sistémica de la que no es políticamente correcto hablar. Así que, de lo que no se puede hablar, mejor callarse.

jueves, 23 de octubre de 2014

Creatividad y "groupthink"

Que la situación económica exige nuevas ideas, me parece evidente. Las viejas no parece que estén sirviendo. Que el contexto no favorece la aparición de ese tipo de ideas, me parece todavía más evidente. Y por dos razones: el ambiente no favorece la creatividad y hay un exceso de "groupthink" es dicho ambiente. Me explico.
Sobre la creatividad. Algo más de cincuenta años después de su escritura, se acaba de publicar un texto de Isaac Asimov sobre cómo aparecen nuevas ideas. El lugar en que se publican ahora ya es sintomático. A partir de algunos ejemplos históricos, Asimov piensa que el "experto", el proyecto de investigación financiado, la extroversión, los grandes equipos, el formalismo académico son otros tantos obstáculos a la emergencia de la creatividad, de las nuevas ideas. 
Sobre el "groupthink". El introductor del término, Irving Janis, lo definía como "Un modo de pensamiento que las personas adoptan cuando están profundamente involucradas en un grupo cohesivo, cuando los esfuerzos de los miembros por unanimidad hacen caso omiso de su motivación para valorar realísticamente cursos de acción alternativos". El inglés hace referencia al "doublethink" orwelliano, de modo que la traducción de "pensamiento de grupo" pierde la relación con la "neolengua" de Mil novecientos ochenta y cuatro. Departamentos universitarios fuertemente jerarquizados y/o muy cohesionados no son tampoco un lugar apropiado para la aparición de nuevas ideas sino, más bien, para la práctica del "groupthink".
Los partidos políticos pueden mostrar lo peor de ambos casos: falta de creatividad y exceso de "groupthink" y mucho más los movimientos asamblearios en los que el "groupthink", a pesar de las apariencias hiper-democráticas, prima con más fuerza que en los partidos políticos. Además, tampoco es que estén por la labor de producir nuevas ideas: lo que les importa es el poder, ganado, mantenido, o conquistado.
El paso de un movimiento social a partido político es un caso interesante de reducción del "groupthink" y emergencia de "aparatos" de "expertos", formalistas y en grupos más grandes, en cuyos "comités centrales" suele mantenerse la tendencia al "groupthink". En 1981 José Elizalde publicó un artículo con los resultados de su observación participante en el paso del anarcosindicalismo español de la clandestinidad a la legalidad y el efecto que el aumento de sus miembros tuvo en sus planteamientos.
Poco puede esperarse de partidos y movimientos. Y, tal como van las cosas, del mundo académico. Pero siempre podrá aparecer un Darwin que renueve las ideas siempre y cuando no entre en partidos y movimientos ni, mucho menos, saque una plaza docente e investigadora en departamento universitario jerarquizado y cohesionado.

miércoles, 22 de octubre de 2014

"Podemos" especular

Voy a especular sobre el asunto. Es una forma de intentar aclararme las ideas al respecto. De entrada, olvidaré las encuestas que solo les daban un escaño en las europeas y, coherentemente, olvidaré las que les dan el tercer puesto, incluso el segundo, en las preferencias de los españoles, siempre, claro está, detrás del Partido Popular. Y, llegado el momento, no compararé los incomparables votos en las europeas con los de las locales y no solo porque son dos lógicas muy diferentes sino, sobre todo, porque Podemos no puede/quiere presentar candidatos diferenciados en todas las localidades mientras que las europeas fueron de circunscripción única.
Mi especulación es sobre el futuro y es obvio que se abren dos escenarios extremos: Podemos se deshincha o Podemos sigue adelante.
El primer escenario lo he visto, a su vez, en dos versiones: la de los que piensan que se deshincha ya y la de los que creen que se deshinchará después de las locales una vez toquen poder. El argumento de estos últimos es claro: una cosa es predicar y otra dar trigo. En efecto, una cosa es hacer promesas sobre las que no se tiene ninguna posibilidad de influir y otra distinta sería decidir si se iban a aprobar unos presupuestos, un plan general o una ordenanza de basuras o votar en un parlamento autonómico. Ahí te quiero ver, dicen estos, como ha sucedido con otros "alternativos" enfrentados a decisiones concretas en contextos concretos.
La hipótesis de que se puedan deshinchar antes de dichas elecciones, me parece algo descabellada. Evoca una forma de pensar que oculta deseos inconfesables propios de los que no les daban ni un escaño en las elecciones pasadas. De todas formas, esta posición tiene su base en las divisiones internas entre “jerárquicos” y “asamblearios” (las etiquetas son mías).  El segundo escenario es algo más complicado. Suponiendo que no se deshinche ahora ni después de las elecciones locales, ¿qué puede especularse sobre lo que puede suceder después, ante las elecciones generales? Se me ocurren, también aquí, dos opciones: que tengan una victoria como para formar gobierno o que se queden como un partido marginal. Claro, formar gobierno tendría que ser con una mayoría suficiente para ello, cosa que, a estas alturas, no parece probable, o en alianza con alguno de los partidos "casteros", lo cual no dejaría de ser una curiosa ironía, más propia de los partidos "casta" que de quienes se han opuesto verbalmente a la misma.
Obvio que no hay por qué descartar una mayoría suficiente como para gobernar solos. A pesar de las alegrías de la "recuperación", sigue habiendo motivos más que probables como para saber que ni el austericidio/reforma local, ni el estancamiento europeo, ni las dificultades estadounidenses, ni la inestabilidad guerrera, financiera y petrolera mundial pueden hacer disminuir el número de indignados ante tanta corruptela y manipulación, indignados que gustosos darán su voto a quien se enfrenta a los que se presentan (exageradamente) como únicos causantes de esta debacle: el bipartidismo. Será (o sería) interesante ver cómo pondrían en práctica lo que fue su programa para las europeas si es que lo trasladasen a las generales. No sería el primer caso en que, de nuevo, una cosa es predicar en campaña electoral (cuando todo vale) y otra dar trigo (cuando lo que hay son habas contadas y una soberanía todavía más reducida gracias a Maastricht).
Pero como el triunfo no lo da la imposible constatación de sus prácticas (a no ser que su paso por ayuntamientos y autonomías sea un desastre, cosa difícil de imaginar en estos politólogos), sino su programa (antecedentes: los 800.000 puestos de trabajo del PSOE  y las -incumplidas- promesas del PP que le dieron la mayoría absoluta), ese triunfo no es descartable y, mucho menos, si, como sucedió con esas dos victorias, fuese acompañado por la descomposición, ahora, de los dos partidos que han estado pudiendo formar gobierno.
Queda la posibilidad de un interregno de partido minoritario, al estilo UPyD, de cuya inercia hacia la victoria final no dudo, pero que creo que yo ya no vería (demografía manda).
Que han generado nuevas identificaciones (las hay de Podemos como las hay del Barça) y que su voto, en muchos casos, es efecto de un cálculo racional, es algo fuera de toda especulación. Lo que queda por ver es qué da de sí y hasta cuándo y dónde. La respuesta queda en manos de sus militantes y sus votantes. No en manos de las encuestas y opinadores varios, favorables o contrarios.

Bienestar comparando

Agradable tertulia de los martes. Clase media, con algunos de clase media alta, profesionales, empresarios, gente de la universidad. Nada sospechosos de izquierdistas, aunque una joven afirma que va a votar por el nuevo partido, Podemos. Justo a mi lado, un amigo que ha pasado los recientes cinco años en una ciudad del norte de Africa. Se le ha terminado el contrato, regresa a España y se asombra del tono con que se conversa: depresivo, indignado, pesimista. Se asombra porque no puede menos que comparar con lo que ha dejado recientemente. Aquí las cosas muestran niveles muy aceptables de bienestar comparados con los de allí. Incomprensible, dice, el malestar que encuentra en la mesa (insisto, una veintena de personas de escasas veleidades izquierdistas).
Puede explicarse. Se trata de comparar no los niveles de bienestar sino los cambios en dichos niveles. Lo he constatado haciendo la misma comparativa con países que conozco algo menos mal.
Lo que hace que la gente sienta el bienestar (o la felicidad) es el resultado de comparar, pero no el nivel de su país con el nivel de otro sino las propias experiencias en el tiempo con independencia del lugar que ocupen en un supuesto "ranking" de bienestar o felicidad. Puede darse (se da) el caso de que mucha gente de un pais situado "abajo" se encuentra satisfecha con su nivel de bienestar (y se declare feliz) pero porque ha percibido una ligera (y percibile) mejora en dicho nivel que, por otro lado, no llega al del otro país, mejor situado en el "ranking", pero con niveles decrecientes para quien habla.
El malestar español no se produce porque sus niveles de seguridad social, sanidad, sistema educativo, pensiones sea bajo. Lo que sucede es que, gracias a las reformas/recortes/austericidio (hay que tachar lo que no proceda), perciben una tendencia claramente decreciente en dichos niveles. En cambio, desde otros lugares, sin sanidad pública prácticamente, con un sistema educativo deficiente y una seguridad social escasa, se perciben mejoras en tales niveles, con lo que la gente puede mostrar mayores cotas de satisfacción que los españolitos de la tertulia de ayer.
El ejemplo particularmente claro es el de los niveles de pobreza (y, sí, pobreza infantil) y de desigualdad en España y en el lugar del que se estaba repatriando mi amigo: En España son relativamente bajos pero crecientes mientras que en otros lugares son relativamente altos pero decrecientes. En mi caso, pienso en Bolivia y el Ecuador.
La gente no compara país con país. Eso se deja para los organismos internacionales. La gente compara el cómo está ahora con el cómo estaba antes. Si empeora se preocupa, sea cual sea su nivel. Si, encima, hay corruptelas, robos, abusos, incompetencias e irresponsabilidades varias (como ha sido el caso de España estos recientes meses en particular), es compresible que de preocupados pasen a indignados. E, insisto, sin que eso les ponga en un extremo del tablero.

martes, 21 de octubre de 2014

Libre mercado manipulado

Texto para anglófonos, que entiendan de Bolsa y sus elementos esotéricos y que todavía crean que la Bolsa es de los pocos mercados realmente libres y que encajan mejor con los mercados tipo Adam Smith (infinitos ofertantes, infinitos demandantes, decidiendo libremente a partir de la información completa de que disponen). Y, encima, volatilidad, es decir, "a río revuelto, ganancia de pescadores".
Otra cosa es saber por qué y para qué se manipula un mercado. El caso más inmediato es el del petróleo y sus precios del Brent a la baja. Unos dicen que es Arabia Saudita "contra" los Estados Unidos, su "fracking" y los que quieren "mandar" vendiendo caro. Otros dicen que es el "mercado" que responde así a la disminución de demanda a causa de la crisis. Otros dicen lo contrario, que es el "mercado" que responde así al exceso de oferta de los que quieren hacer caja. Lo que sí sé es que las versiones economicistas no me convencen por simplistas: hay geopolítica, no solo microeconomía.

lunes, 20 de octubre de 2014

Entusiasmo en política

Dedicado a J.A.M.C., alias McFly
Siempre que me he entusiasmado en política ha sido porque me estaban engañando los que dejaban el entusiasmo para los mindundis y se reservaban el conocimiento de los detalles menos entusiasmantes. Tal vez por eso, reconozco que el gato escaldado del agua fría huye y, por ello, dejo los entusiasmos para otra ocasión, que espero que no se produzca, ya que sería tener certeza de que me volvían a engañar. Este rechazo del entusiasmo no significa que crea que ya no me van a engañar en política. Solo quiere decir que voy a evitar esta puerta (la del entusiasmo) por la que entra el engaño, aunque sé que hay muchas otras puertas.
El entusiasmo viene de dos fuentes. Una, interna y, la otra, externa. La demanda de entusiasmo es frecuente en momentos de frustración, descontento, indignación, repugnancia, hastío, desagrado frente a lo que el individuo observa. El entusiasmo proporciona un antídoto para dichos males. El tardofranquismo y sus manifas, la transición (y el desencanto que se vino abajo en el 23-F y subsiguientes "defensas de la democracia"), las sucesivas crisis hasta llegar a la actual son buenos caldos de cultivo para que aparezca dicha demanda. Y ahí entra la otra fuente: la de los que son capaces de concentrar en sí mismos las ansias por ver una luz al final del tunel o, mejor, un futuro esplendoroso del que nadie habla pero todos imaginan. "Habla, pueblo, habla", "el cambio", "la libertad está en tu mano", los "800.000 puestos de trabajo", el último programa electoral del PP y ahora Podemos. Si se habla es de los motivos para estar indignado, desencantado, asqueado. De lo que venga detrás...lo menos posible y, si se habla, mintiendo. O, como Felipe o Iglesias, amenazando con irse si las cosas no salen como ellos, democráticamente, prefieren.
El periodista Jordi Évola unía anteayer (no lo encuentro en la edición digital de El País, donde lo leí) Podemos y el independentismo catalán en un punto: ninguno de los dos habla del día siguiente. Les basta con el entusiasmo del primer paso ("ahora sí se puede" -no se sabe qué- e "independència" -sin decir para hacer qué-). Son dos buenos casos de entusiasmo "gestionado". No niego que, de ser catalán, podría votar "independencia" (ahora sin acento grave) ni que, llegadas las elecciones generales, pueda votar por Podemos (aunque lo dudo, pero no me niego). A lo que me niego es a entusiasmarme como forma de curar mi desasosiego con la incompetencia con el évola, la desvergonzonería con las tarjetas opacas de Bankia o las mentiras sobre la "recuperación", la "transparencia" y la "lucha contra la corrupción" que predican los que, por ahora, gobiernan y, por ahora, encuestas en mano, podrían gobernar. El recurso a los "movimientos sociales" (a "la calle") es igualmente sospechoso: recuerda, el que ahora hace Podemos, al que hizo el PSOE del movimiento vecinal mientras les fue útil. Los "movimientos", al sumergir al individuo de forma que se sienta sumergido en la muchedumbre, es una excelente instrumento para entusiasmar... hasta que ya no haga falta. Et in Arcadia ego.
Tal vez sea la vejez, pero sí tengo claro que voy a procurar no entusiasmarme otra vez. Lo cual, como digo, no significa que no me vuelvan a engañar. Pero intentaré evitarlo. Los analgésicos del tipo "entusiasmo" no curan la enfermedad: la ocultan.

domingo, 19 de octubre de 2014

Revisionismo

Hubo un tiempo, y no tan lejano (es decir, en mi último "último libro"), en el que las ideologías se podían clasificar según este gráfico que yo he tomado en varias ocasiones de Galtung. Las ideologías, como se ve, se clasificaban según el peso que atribuyesen al Estado o al Mercado. Rojo, azul y verde se entienden muy bien. Rosa es el intento socialdemócrata de equilibrar ambos polos. Dorado, el modelo japonés, creo que se perdió.

Hace como 25 años me preocupé aquí de las posibles crisis de cada uno de ellos. Lo que no me podía imaginar es que lo que iba a cambiar de modo más profundo fuese, preicsamente, el sistema de clasificación.
Estado y Mercado se presentaban como instrumentos para lograr, respectivamente, mayor igualdad y mayor crecimiento y las "economías mixtas" (de componente socialdemócrata) eran un intento de conseguir lo mejor de ambos en una especie de juego de suma cero ("menos Estado, más Mercado" fue el eslogan neoliberal... hasta esta última crisis en la que se pidió desesperadamente "más Estado" pero dejando el Mercado intacto y sin llegar a la suma positiva del modelo japonés, ya desaparecido). De hecho, el modelo neoliberal fue de "más Estado" pero para conseguir más crecimiento (o menos decrecimiento, si se quiere). El problema, entonces, fue la desigualdad rampante tanto causa de la crisis como, para lo que aquí me ocupa, efecto de la misma. Mi esquema, en aquellos años, era el que ahora reproduzco:



Las condiciones socio-económicas han cambiado de tal forma que ya no resulta extraño que la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, haga una encendida defensa de la lucha contra la desigualdad (educación, reforma laboral diferente de la desigualitaria que se aplica en la Eurozona) como medio de salir del estancamiento. Eso sí: lucha contra la desigualdad en la que tendrían que estar implicados el Estado y sus politicas sociales, pero también el "Mercado", es decir, y por egoísmo ilustrado, los empresarios. Si va a ser posible es otra cuestión. Lo que sí sé es que el gráfico ya no sirve y no soy de los que, ante los hechos que no encajan con mis versiones previas, proclamo un hegueliano "peor para la realidad".