viernes, 22 de mayo de 2015

Pues menos mal

Hablando entre altos funcionarios, lo esperable es que mientan pero dentro de un orden, sin exagerar. Ahora un alto funcionario estadounidense le dice a un alto funcionario ruso (aquí la referencia) que no hay peligro de que se usen armas nucleares en el conflicto entre ambos países (?) a propósito de Ucrania. Pues qué bien.

jueves, 21 de mayo de 2015

Más bancos denunciados y contenados

Estamos hablando de miles de millones y aquí vienen los detalles. Cierto que hay quien cree (lo escuché ayer en público) que eso de echarle la culpa de la "crisis" a los bancos es un argumento que ha envejecido. También ha envejecido, aunque no para todo el mundo, que el Sol sale por Oriente y se pone por Occidente, luego es él el que se mueve mientras que la Tierra está quieta. Pero el artículo que cito no se refiere a banquitos de nada sino a JPMorgan Chase, Barclays, UBS, RBS y Citigroup y, lo más sintomático, los tales bancos han estado de acuerdo en pagar tal suma con tal de no proseguir el juicio que, seguramente, les habría costado mucho más dinero... no a los directivos, supongo, sino a los accionistas. Cosas que pasan. Eso sí, too big to jail. Si los llevan al banquillo y los condenan (estos han negociado para que no les condenen y solo les multen), es que no son bancos-bancos sino banquillos.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Ilusionante

Encuentro la palabrita por lo menos en dos contextos. Por un lado, la usan los políticos que proclaman tener un proyecto “ilusionante” para la ayuntamiento o la Comunidad Autónoma que corresponda. No hace falta que ya lleven, ellos o su partido, unos buenos años al mando de la institución para la que ahora proponen “ilusión”. Por otro lado, están los escribidores que se asustan ante la deriva de algunos jóvenes que se orientan hacia opciones violentas (religiosas o seculares) o, sencillamente, hacia opciones anti-sistema o, incluso, que superan el reformismo. Para estos jóvenes que buscan dar sentido a sus acciones, algunos escribidores hablan de proponerles un proyecto de sociedad “ilusionante”. Van un poco más allá que los anteriores, pero la lógica parece ser la misma: hay algo que no acaba de ir bien y, frente a ello, hay que convocar a la ciudadanía (los votantes, los jóvenes o ambos) a ese proyecto “ilusionante” del que cada uno habla.
Lo de los políticos es comprensible. El voto racional es deseable en democracia. Es decir, se espera que el elector evalúe críticamente lo que se le ofrece y elija lo que más se acerca a sus preferencias o intereses. Cierto que es imposible que una oferta encaje exactamente con lo que el elector quiere, pero se trata de hacerlo lo mejor posible adecuando el medio (el voto) al fin (conseguir un gobierno que se adecue a lo que el elector quiere, desea o espera). Sin embargo, como ya comenté hace unas semanas, hay una parte muy importante del electorado que se rige por otros criterios que no son los de la racionalidad medios-fines, ni siquiera cuando los fines son valores que el elector defiende o comparte. Esa parte tan importante se mueve por sentimientos (identificación con un partido, simpatía hacia un líder, rechazo ante lo que significan, indignación, frustración, agresividad etc.). Y a esa parte que es la que puede decidir el resultado es a la que se dirige el proyecto “ilusionante”. La verdad es que los políticos están atrapados: si se dejan llevar por un purismo democrático y procuran promover la racionalidad electoral, seguro que pierden las elecciones, así que no les queda más remedio que recurrir a la “ilusión” si lo que quieren es ganar, que de eso se trata en los procesos electorales.
Lo de los escribidores, sobre todo en su variante regeneracionista, es, como digo, semejante, pero con notables diferencias. La constatación de la que parten es la de una juventud con serios problemas. Hay desempleo, falta de formación (consideran que el sistema educativo es cualquier cosa menos educativo), desorientación, lo que los sociólogos clásicos llamaron “anomia” (ausencia de normas compartidas -y lo de compartida es importante-), todo ello en una mezcla que lleva a que muchos jóvenes compartan frustración (que genera agresividad), falta de horizontes, ausencia de referentes y demás males que, dicen, les aquejan. La reacción en muchos de estos jóvenes (prosiguen los regeneracionistas) es comprensible: buscan darle sentido a su vida como pueden. Y ese “como pueden” va desde emigrar (no siempre de manera satisfactoria) a ser pábulo de doctrinas más o menos descabelladas, más o menos violentas, más o menos razonables, pero que cubren sus necesidades psicológicas de saberse aceptados y de tener un objetivo en la vida. Cuidado: no se trata únicamente del yihadismo. Y ahí entra el “ilusionante” como antídoto: presentarles un proyecto de sociedad que les proporcione la ilusión que la sociedad realmente existente no les proporciona.
Sin embargo hay un problema en ambos casos. El DRAE define “ilusión” de dos maneras. La segunda acepción en mi diccionario es “esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo”, de ahí que “ilusionar” sea “despertar esperanzas especialmente atractivas”. Si es eso lo que pretenden políticos y regeneracionistas, nada que añadir. Pero la primera acepción es otra. “Ilusión” es “concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos”. De ahí que “ilusionar” sea “hacer que uno se forje determinadas ilusiones”. Porque es en este último sentido (el primero en mi diccionario) en el que los proyectos “ilusionantes” pueden mejor clasificarse.
Un programa “ilusionante” puede quedar en agua de borrajas no solo si el que lo propone no gana las elecciones sino, sobre todo, si las gana y no lo cumple o porque mentía descaradamente o porque la realidad no permite esas “ilusiones” o porque la coalición lo ha aguado. Para los regeneracionistas, se aplica lo mismo menos lo de las coaliciones. A mí, que no me “ilusionen”.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicane-)

Decapitar

Las decapitaciones perpetradas por el Estado Islámico son vomitivas, incluyendo su puesta en escena.
Ahora se anuncian nuevas decapitaciones, pero esta vez las lleva a cabo un respetable estado democrático y petrolero (o solo petrolero), a saber, Arabia Saudita. Por supuesto, después del debido juicio en el que se han respetado todas las normas del derecho islámico (es su guía -está hasta en el Factbook de la CIA)
La pena de muerte (se aplique como se aplique) contra el muchacho condenado por la barbarie de Boston tiene siempre el mismo problema: ¿y si resulta que el condenado era inocente? Ha habido suficientes casos como planteárselo. Pero que, encima, se lleve a cabo mediante métodos tan bárbaros como inyecciones que no funcionan o choques eléctricos que hay que repetir porque causan dolor pero no acaban de matar, me parece un salvajismo. Tanto me da que sea DAESH, Arabia Saudita o los Estados Unidos de América. Porque ¿y si ha habido un error judicial? ¿Quién lo repara?
Creo que era Bernard Shaw el que decía que es mala cosa que los caníbales se coman a los misioneros, pero que es peor que los misioneros se coman a los caníbales. La frase no puede evitar el tufillo colonialista, pero plantea un problema real: si los que defienden el debido juicio y el imperio de la ley se arriesgan a matar (asesinar judicialmente) a un posible inocente, tal vez sea peor que la barbarie de decapitar a un cooperante o un periodista extranjero para "dar ejemplo".

martes, 19 de mayo de 2015

Localismo proletario

Hubo un tiempo en el que se hablaba del internacionalismo proletario: los obreros (con cuyo salario reproducían la fuerza de trabajo y la reproducción de las relaciones de trabajo) se organizaban en Internacionales desde las que luchar contra el capital (internacional casi por definición). Los obreros podían plantearse la revolución ya que "solo tenían que perder sus cadenas", es decir, el salario inferior a la plusvalía que aportaba su trabajo a la materia prima para convertirla en producto manufacturado. Eran otros tiempos.
Ahora hay una cosa que llaman "crisis" y el crecimiento esperable es bajo, amén de que la estructura productiva ha cambiado, la manufactura sigue siendo importante, pero mucho más lo es el sector servicios en general y el de la información y la comunicación en particular. Hasta para la corrupción hay un espacio para estos nuevos factores.
Y ahí entra el demoledor informe de la Organización Internacional del Trabajo, recién publicado: El empleo en plena mutación - Perspectivas sociales y del empleo en 2015. Para hacerse una idea:
1. Los asalariados suponen la mitad de los trabajadores del mundo.
2. De estos, menos del 40 por ciento lo son con un contrato permanente a tiempo completo
3. Es decir, que no llegan al 20 por ciento mundial
4.El caso particular del empleo doméstico habla de 52 millones de personas casi sin protección social o incluso sin ella
5. Para todos los puntos anteriores, el nivel de protección no solo es bajo sino que está disminuyendo.
Añado por mi cuenta: en las Españas, lo duro está todavía por venir cuando ya ni la neoliberal Unión Europea se comporte como freno para las ansias explotadoras de esta península (Cataluña incluida). Menos, todavía, si los sucesivos "exit" dejan a la Unión como una pieza de museo.
Compañeros: La lucha de clases ha terminado: ¡hemos perdido!

lunes, 18 de mayo de 2015

La economía como ciencia

Me resulta simpático este texto, escrito por un economista que se pregunta qué puede hacer la economía para recuperar su estatus. Nuevos datos, perspectiva histórica, viejos modelos y otras soluciones más a la crisis que atraviesa la disciplina.
No me parece que la crisis sea tan grave. Se trata de abandonar la torre de marfil, lejana y despectiva, en la que se encontraba antes de la "crisis". Y el problema, creo, no es que no supieran anticiparse a ella (algunos sí que lo hicieron, luego no es esa la cuestión), sino el comportamiento autista en que cayeron algunos de sus altivos, engreídos y presuntuosos practicantes.
Quisieron ser como la física para una realidad tan particular como la social, pensando que la realidad se adaptaría a sus limpios modelos. Y solo era una ciencia (o mejor, una disciplina) entre las sociales, las que tratan de asuntos en los que lo que uno dice sobre ellos tiene que ver sobre el comportamiento de los mismos. Reflexividad la llamaba Soros. Puestos a hacer de físicos, más les habría venido bien recordar la "interpretación de Copenhague" y, ya puestos, la necesidad, que algunos economistas practicaban, pero no de la corriente principal, es decir, con poder para definir quién lo hace bien y quién lo hace mal, la necesidad, digo, de recomponer lo que el siglo XIX descompuso: historia, psicología, ciencia política, sociología y, claro, economía. Abrir las ciencias sociales es lo que hubiera hecho falta, pero fue imposible y es difícil ahora cuando cada "ciencia" controla territorios, puestos docentes, subvenciones a la investigación y demás criterios extra-científicos que hacen que una disciplina se convierta en "ciencia".
La diferencia con otras disciplinas (también autodenominadas "ciencias") es que, en el caso de la economía, sí ha tenido efectos en el comportamiento de los políticos. Y así nos ha ido cuando un ciego conduce a otro ciego. La diferencia está en que el político sí sabía a quién estaba sirviendo. Algunos economistas (Inside Job) también. Los otros, lo más que han podido hacer ha sido "periodismo de segundo nivel" (como el que yo pretendo ahora) y, a lo más, pretender tener la bola de cristal para asuntos impredecibles.

domingo, 17 de mayo de 2015

Anti-nakba

El pasado día 15 me perdí una comida con un grupillo de viejos amigos y fue por motivos ajenos a mi voluntad, ya que me apetecía mucho estar con ellos y más con los temas que podían salir en la tertulia post-prandium, pero lo que no pue' ser, no pue' ser y, además, es imposible. Menos mal que ellos no se reunían para hablar de la nakba, el aniversario de la catástrofe que se produjo para los palestinos cuando llegaron más y más judíos diciendo que aquella tierra era de ellos y no de sus habitantes palestinos. Y menos mal que la comida era en la Playa de San Juan, Alicante, y no en los territorios más o menos ocupados por los israelíes. Si así hubiese sido, habrían tenido problemas con la policía del Estado de Israel. Por lo visto, conmemorar que a uno le han quitado (y le siguen quitando) su tierra, es delito.