martes, 28 de abril de 2015

Katmandú como metáfora

El terremoto del Nepal puede servir como llamada de atención para los panglossianos que creen que "vivimos en el mejor de los mundos posibles".  Se está hablando de 4.000 muertos por ahora (podría haber 10.000, dicen) cuando hace 81 años se hablaba de 8.500. ¿Es eso mejorar? Para responder hay que añadir "en qué".
Pero, de momento, baste recordar que, en el Nepal, como en su día en Haití, el terremoto ha sido particularmente clasista: ha atacado sobre todo a los pobres y sus barriadas. Lo habitual en muchos de estos fenómenos naturales que afectan a los vulnerables del lugar en que se producen. Y los vulnerables no son los ricos que, encima, pueden mangonear las ayudas que vienen del extranjero, como sucedió en algún que otro país latinoamericano (y digo latinoamericano no porque solo se produzca allí: de allí tengo información directa, pero me llegan cosas parecidas de África. La  desigualdad tiene eso).
Y si no se trata de grupos sociales sino de países, un vistazo al Informe Mundial sobre la Felicidad 2015 puede dar alguna idea adicional. Así, a ojo de buen cubero y olvidando todas las dificultades metodológicas que tiene tal medida, este es el mapa de la felicidad en el mundo:

Dice el informe:
Comparando los escalafones del Reporte Mundial de Felicidad 2015 con los del Reporte Mundial de Felicidad 2013, hay una combinación de consistencia y cambio. Nueve de los 10 primeros países en 2015 estuvieron también entre los 10 primeros en 2013. Sin embargo, el escalafón ha cambiado, mostrando a Suiza en la cima, seguida de cerca por Islandia, Dinamarca y Noruega. Todos los cuatro países tienen puntuaciones promedio entre 7.5 y 7.6, y las diferencias entre ellos no son estadísticamente significativas. El resto de los 10 mejores son (en su orden) Canadá, Finlandia, Holanda, Suecia, Nueva Zelandia y Australia, todos con puntajes promedio superiores a 7.28.
Y añade:
 El análisis de los cambios en las evaluaciones de la vida entre 2005-2007 y 2012-2014 muestra grandes diferencias internacionales en la forma en la que la recesión mundial afectó la felicidad nacional. Los tres principales ganadores fueron Nicaragua, Zimbabwe y Ecuador, con aumentos que van desde 0,97 hasta 1,12. La mayor caída en las evaluaciones promedio de la vida media fueron en Grecia, que perdió casi 1,5 puntos, seguido por Egipto con -1.13 e Italia, con -0,76 puntos
Nepal ocupaba el puesto 121 entre los 158 cuantificados.
Otro dato que muestra que "el mundo va bien" es el aumento de la esperanza de vida:

Pero esta visión queda matizada por el mapa

La esperanza de vida en el Nepal era de 68 años.

lunes, 27 de abril de 2015

Criminalística avanzada

Confieso que me gustan las series en las que expertos criminalistas, expertos en la ciencia forense, son capaces de encontrar al asesino basados en pequeñas manchas, mínimos desconchados, gotas de sangre y hasta de un pelo hallado en la escena del crimen. Alguna vez he leído o visto por televisión algunas entrevistas a especialistas españoles en tales técnicas: "Nosotros podemos hacer lo mismo. Lo que es ficción es la rapidez con que se consiguen resultados". Sea. Pero vean esta imagen que proporciona Fusion.
Santae Tribble. (photo: Washington Post/Getty)
Se trata de un señor que fue condenado con relativa rapidez (40 minutos) por un jurado que comprendió que la prueba que presentaba el científico criminalista era concluyente: un pelo en la escena del crimen. Fue condenado a 20 años (estaríamos en 1978). La prueba del ADN era concluyente. Lástima que el pelo fuese de un perro. Como suena.
El caso ha levantado dudas sobre otras condenas producidas "antes del año 2000" que incluyen algunas penas de muerte, algunas de las cuales ya perpetradas. El artículo que cito está lleno de detalles escabrosos sobre esta fe en la ciencia criminalística que, por supuesto, ahora, ante tales errores, ha reducido su entusiasmo aunque sigue funcionando la ciencia para aportar pruebas sobre la autoría de delitos de todo tipo.
Es un caso más de entusiasmo quasi-religioso por lo que la ciencia puede producir. Que la ciencia puede aportar y aporta muchísimo a la vida y muerte de los ciudadanos, es evidente. Pero también son perceptibles estos casos de fe que consisten en ver solo lo positivo, obviar lo negativo y conseguir así una visión beatífica de una actividad humana que, como todas ellas, tiene luces y sombras.
Esto ya no es criminalística para encontrar al culpable (cómo se le encuentre es otra historia) sino ciencia para aplicar la pena. Escuché hace poco una entusiasta alabanza a los drones, eficaces, precisos, seguros y sin riesgo para el que los manipula. Al día siguiente venía la noticia de los "asesinatos extrajudiciales" perpetrados por uno de tales drones: buscando a un "malo" (al que no se había juzgado, pero sí condenado a muerte) habían muerto numerosas personas que pasaban por allí y nada tenían que ver con el asunto. Hoy encuentro que buscando a 41 "malos", se ha acabado matando a 1.147 ajenos a tal "maldad" (Véanse el gráfico y los datos aquí) Evidentemente, eso no es terrorismo: es un pequeño error de precisión o un "efecto colateral". Terrorismo es lo que hacen los "malos" y nosotros somos "buenos". Terrorismo solo es cuando las víctimas son "nuestras". Qué paciencia hay que tener. Que se lo digan a los condenados erróneamente.

domingo, 26 de abril de 2015

Banksters

Los jueces dirán lo que corresponda y los políticos echarán fuera todos los balones que puedan. Lo de los jueces, visto que ha habido más de uno juzgado y condenado por prevaricador, hay que tomarlo con cautela. Lo de los políticos, con ginebra para que el gin-tonic sea más digestivo. Pero el caso es que abundan los casos de altos ejecutivos de bancos (o ex-Cajas de Ahorro) que han depredado las instituciones que gobernaban como si fuera un cortijo del que podía hacer lo que les viniese en gana. En beneficio propio, por supuesto. Ilegal o inmoral, no lo sé, sobre todo después de la sutil distinción llevada a cabo por un diputado español que supongo ha olvidado las buenas enseñanzas que recibió mientras fue miembro del Opus Dei, católico a macha-martillo. La pregunta es cuántos de estos banksters van a ir la cárcel si lo que han cometido es una ilegalidad y no únicamente una inmoralidad. La respuesta es: ninguno. Tendrán alguna que otra multa, pero no sabrán qué es eso de vivir entre rejas. No tendría que hacer falta, pero no me estoy refiriendo a las Españas, donde todo el mundo sabe que no hay banksters, sino a los Estados Unidos donde dicen que sí los hay y que se irán a casa después de la multa y sin pisar la cárcel. Para algo son gente importante. La cárcel es para los mindundis.

sábado, 25 de abril de 2015

Negociación o enfrentamiento

Vicenç Fisas ha publicado el Anuario de Procesos de Paz 2015 que se puede leer aquí. Copio y pego los dos primeros párrafos del resumen (antes hay una excelente explicación de términos y teoría y después están los análisis de casos):
De los 112 conflictos analizados de los últimos 30 años, un 39,3 % terminaron mediante un acuerdo de paz. Los que no han sido resueltos y permanecen vigentes representan el 47,3 % del total y lo más significativo es que solo el 9,8 % de estos conflictos han terminado mediante la victoria militar de una de las partes; en otras palabras, la gran mayoría de los conflictos únicamente se resuelven por medio de negociaciones, no por medio de la victoria militar, y abriendo algún tipo de proceso que lleve a la firma de un acuerdo final. Este hecho no disminuye la preocupación por el elevado número de conflictos todavía no resueltos.
En cuanto a los conflictos finalizados en los últimos treinta años (59), 44 lo han hecho mediante un acuerdo de paz (74,6 %), 4 sin acuerdo de paz formal (6,8 %) y 11 con victoria militar (18,6 %), lo que reafirma la vía de la negociación como medio de resolución de los conflictos.
Es un buen argumento sobre la importancia de la negociación como forma de resolver esos conflictos, muy por encima de la respuesta militar si lo que realmente se quiere es resolverlos. Si lo que se quiere es gastar armas para dar dinero a la industria aramentística y justificar el complejo militar-industrial, es otra cosa. Pero la paz pasa, mayoritariamente, por la negociación según estos datos... contra el sentido común (poco común a lo que parece).
Una metáfora para entenderlo. En una discusión académica o tertuliana sobre un tema (el que sea) hay quien practica el "sostenella i no enmendalla", es decir, el enfoque propio de los gladiadores: yo tengo razón y pelearé hasta la muerte por defenderla. Normalmente, el resultado es que cada una de las partes se mantiene en sus trece y se ha perdido el tiempo discutiendo. Enfrentamiento militar sin resolver el conflicto. Comprensible, eso sí, si alguien ha pagado a alguno de los contendientes para que defienda ese punto por encima de cualquier razonamiento (cosa frecuente en los talk-show o tertulias mediáticas)
Pero también es posible el intentar ver lo que de razón o verdad hay en la posición del contrario (eso es negociación al fin y al cabo). Hay quien ve esa actitud como síntoma de debilidad. Tal vez. Suele ser la mía y se basa en el convencimiento de que la Verdad no es monopolio de nadie (tampoco mío, por supuesto) y que el trabajo intelectual consiste en ir quitando los velos que la recubren (esa es la etimología de "alezeia", verdad en griego: quitar velos) sabiendo que nunca llegaremos al fondo. Con los conflictos puede pasar algo parecido. Por una vez, estoy de acuerdo con los que hablan de "paz imperfecta" no como piedra filosofal que lo resuelve todo sino como reconocimiento de lo provisional que son todos nuestros estados.

viernes, 24 de abril de 2015

New Deal en la Eurozona

Varoufakis escribe aquí un artículo que valdría la pena que lo leyesen los que entienden de economía (y los que no) de fuera de Grecia, aunque él se refiere a Grecia. 
Se puede comparar el diagnóstico que el autor hace al principio sobre Grecia con los diagnósticos que podrían hacerse del resto de los GIPSI (y, si me apuran, de Francia también). Claro que no coinciden en todo, pero las coincidencias son dignas de ser tenidas en cuenta antes de echar las campanas al vuelo por las miserables tasas de crecimiento del PIB que hacen algunos gobernantes ("El problema no es ver la luz al final del túnel, sino la gran cantidad de gente que se va a quedar dentro", dice aquí el secretario general de Cáritas española).
Se puede ver lo absurda que ha sido la política impuesta por la "troika" y que Varoufakis describe no sin cierta ironía: una fecha en el futuro y una tasa para entonces; pasos a dar cada año para acercarse a tal fin -evidentemente arbitrario- basándose en muy problemáticas asunciones sobre magnitudes económicas muy dispares.
Y se puede ver si la terapia propuesta por el gobierno griego (un New Deal para Grecia) tiene más o menos sentido y, sobre todo, si tiene sentido como si Grecia no formase parte de la Unión Europea, cosa harto frecuente: los males vienen de la UE, las respuestas tienen que venir del país asolado, no de la UE, que bastante tiene con seguir produciendo normativas absurdas sobre los frascos de aceite o la digitalización de documentos de identidad como medio (oh, naravilla) de evitar el blanqueo de dinero, deporte local donde los haya.

La vista no engaña

Si el 25 por ciento de los españoles encuestados creen que el Sol da vueltas sobre la Tierra (en contra de lo que, "erróneamente" creía Galileo que, encima, afirmaba que era la Tierra la que se movía), es de suponer que se creerán todo lo que ven por televisión. 
La Ilustración habría fracasado. Los muy ingenuos pretendían que sometiésemos a revisión racional lo que nos entraba por los sentidos y que, por tanto, no nos dejásemos llevar por el, para ellos "engañoso", "está pasando, lo estás viendo" como anunciaba una cadena de televisión su visión de la "realidad". 
Anoche, la cadena gubernamental anunció a bombo y platillo que "vamos en la dirección correcta" en la lucha por el crecimiento y el empleo a partir de algunas cifras que aparecieron en pantalla y fueron seguidas por una toma del presidente del gobierno que, sentado en su despacho, había sido grabado anunciando que el Sol da vueltas sobre la Tierra o algo parecido. Yo me lo creí, como me creo todo lo que sale en televisión. 
Lo de ayer con el presidente hacía borrosa la frontera entre noticia y anuncio publicitario. Pues habrá que creerse también los anuncios de colonias, adelgazantes, dinero rápido y detergentes.
Aquí y en todas partes, la vista no engaña. Ni a los que tienen "cornea guttata"
Idiotas del mundo, unámonos.

jueves, 23 de abril de 2015

Familia vs mercado

Una revista que siempre he considerado librecambista, The Economist, y a la que estoy suscrito, dedicaba su portada del ejemplar 18-24 de abril a uno de los fenómenos menos librecambistas en nuestras sociedades pre- y post-capitalistas: la familia.
Las fantasías que estudié de joven sobre el desarrollo distinguían entre el "achievement" y la "affiliation" como dos criterios extremos cuyo predominio diferenciaban a las sociedades "desarrolladas" de las "subdesarrolladas" (ese era el vocabulario de hace cincuenta años). El espíritu de logro era para las primeras y la adscripción por pertenencia a las segundas. Las primeras, claro, eran librecambistas, lo que contaba era el esfuerzo y el valor personal, mientras que las segundas eran estancadas por el peso de familia, grupos primarios y, en general, tradiciones más o menos identitarias. Confieso que, básicamente, aceptaba tales historias incluso en mi tesis doctoral y, más en concreto, en el acto de defensa: ante un tribunal bien poco laico y secular me atreví a decir que si querían que una sociedad se "desarrollase", había que procurar que superase el peso de la tradición en general y de la religiosa (católica) en particular. Eran otros tiempos.
El "leader" de The Economist plantea una doble constatación. Por un lado, en política abundan las "familias", es decir, los grupos humanos basados en la consanguinidad. El caso fascinante podría ser la contienda electoral del año próximo en los Estados Unidos entre Bush III y Clinton II. Pero hay muchos más casos desde el Perú (el intento de la hija de Fujimori) a los abundantes en Pakistán, India o Kenia. Lo de Corea del Norte es caso aparte. La revista enumera más casos (cito de memoria) y, sin ir tan lejos, podría añadir por mi cuenta casos de mi pueblo (el actual alcalde y su hijo) o de la capital de esta provincia (hay que repasar los apellidos para encontrar muchas coincidencias) o del Parlamento de Madrid (caso más visible, la parlamentaria, hija -"que se jodan"- de un político ya condenado). La primera reacción es suponer que a la política no van los más preparados sino los que tienen apoyos dentro del partido al que se pretende optar para lograr un cargo. Pero es más complicado que eso.
La revista añade casos mucho más sugestivos: los dueños o accionistas mayoritarios de grandes empresas (por ejemplo, añado, de bancos como el Santander o de empresas como El Corte Inglés) presentan porcentajes significativos de hijos o consanguíneos de la generación anterior. Ahí la cosa se pone algo más marinera, porque se supone que el "mercado" premia a los buenos y castiga a los malos y los buenos tienen esos pingües salarios porque saben hacer las cosas mejor que los demás, una vez superado un arduo y trabajoso proceso de selección competitiva entre pares. Sucede, sucede. Pero lo que la revista plantea es que hay casos en que no sucede, no hay "achievement" sino "affiliation" pura y dura. Y si no son hijos son yernos o nueras.
No exageremos. Claro que hay, en ambos campos, una cuestión que tiene que ver con el poder: el que manda, manda, y puede decidir quién va a ser su sucesor (incluso "a título de Rey", como sucedió en España con Franco y el rey Juan Carlos), valga o no valga para el puesto. Pero también hay una cuestión que tiene que ver con la formación: "el heredero" (o "heredera") puede haber obtenido una formación extraordinaria a la que no tiene acceso el común de los mortales, de modo que estará en condiciones muy favorables para "vencer" en la competición para el puesto. Y, finalmente, hay una cuestión de "cultura" (normas, valores, actitudes) que se recibe en la familia. En el ejemplar del 4-10 de abril, la revista recogía una serie de investigaciones que mostraban que la desigualdad ya comenzaba en el vientre materno. Y, por supuesto, continúa mediante las leyes de la herencia (no tanto las de Mendel, que también) sino la de bienes y posesiones.
No parece que haya alternativa más allá de intentar moderar, en aras del sacrosanto "mercado" estas disfunciones creadas por la biología y la sociedad. Pero sí es bueno tenerlas en cuenta cuando se hacen proclamas interesadas a favor de la "igualdad de oportunidades". Es una igualdad, en el mejor de los casos, relativa. Y, si no, que se lo digan a los catedráticos hijos de catedrático. Algún caso conozco y he sufrido.